dimanche 5 octobre 2008

del blog Razón Atea

Por qué no soy agnóstico
© Victor J. Stenger
Traducción de Fernando G. Toledo

Muchos no creyentes dicen ser agnósticos antes que ateos. No creen que Dios exista, pero no están seguros y entonces son renuentes a llamarse ateos. Una actitud común es decir: «Tal vez hay algo allí afuera. A fin de cuentas, no lo conocemos todo».
¿Cuán seguros de la inexistencia de Dios debemos estar los que nos autodenominamos ateos? Obviamente, no podemos estar 100% seguros de nada. Pero podemos estar 99,99999% seguros de un montón de cosas, y eso es normalmente suficiente para tomar las decisiones diarias de nuestra vida. No podemos estar seguros de que no caeremos y nos romperemos el cuello al bajar de la cama en la mañana, pero no nos quedamos en la cama por eso. Viajamos en autos y en aviones, donde las probabilidades de sobrevivir no son del 100%, pero sí bastante cerca como para hacerlo. En esos casos, hacemos un análisis de riesgo-beneficio y decidimos que el beneficio justifica el riesgo.
Algunas cosas son, para todo propósito práctico, seguras. Si saltamos desde una ventana del décimo piso, podemos estar bastante seguros de que nos daremos un feo golpazo, no por la caída, como se dice, sino por la llegada. Ahora bien, un avión con un colchón atado a su ala podría pasar justo como para salvarnos. De nuevo, como se dice, «todo es posible». Pero este es un ejemplo del tipo de cosas posibles con las que hemos aprendido a no contar.
Así que, ¿cuál es el límite entre el agnóstico y el ateo? Si dibujamos la línea en el 100% de certeza, entonces no quedaría ningún lugar para los ateos. En ese caso, no habría ateos ni en una trinchera. Sin embargo, algunas personas se autodenominan ateos, incluyendo muchos que han pasado tiempo en trincheras. La palabra debe de significar algo para ellos. Sugiero que los ateos son personas que han evaluado las posibilidades, hecho el análisis riesgo-beneficio, y encontrado que la existencia de Dios es tan improbable que prefieren vivir sus vidas sin todo el lastre que toda creencia te fuerza a cargar.
El lastre de la creencia es pesado. No sólo se espera que dones tiempo y dinero a tu iglesia, sino, lo más importante, se espera que cambies tu cabeza. Y, como ha dicho Dan Quayle, «perder la cabeza es algo terrible».
Cuando eres un miembro fiel de alguna religión, no eres libre de usar tu propio juicio en lo que sea mejor para ti, para tu familia y la sociedad. Más bien, se espera que aplaces el juicio por el de otros que aseguran tener la autoridad sobrenatural. Y desde el momento en que ellos no ofrecen evidencia para avalar lo que dicen excepto su propia palabra, se te pide que evites usar tu propio intelecto en el proceso.
A lo largo de los siglos, muchos intentos han querido probar el basamento racional de la creencia sobrenatural. Todos han fallado. Los predicadores pueden todavía atraer clientes hacia sus argumentos simplones con aire de lógicos, del estilo: «¿como podría esto –el universo, la vida, la conciencia– haber surgido desde la nada?». Ellos les aseguran a sus oyentes que Dios lo hizo todo. Pero consideren lo absurdo del argumento: algo no puede surgir de la nada, y entonces debe provenir de Dios… que surge de la nada.
Últimamente, la creencia en una realidad indetectable y trascendente ha acabado en la fe antes que en la razón. Las iglesias han convencido a la mayor parte de la raza humana de creer en lo increíble, darle crédito a lo inverosímil, racionalizar lo irracional. Un ateo es alguien que no puede creer en algo que no tiene base racional, que es nada más que una fantasía y una delusión arrastrada desde la infancia ignorante y supersticiosa de la raza humana.

Artículo original en Mukto-mona.
Ver también: Agnósticos y ateos, por Gonzalo Puente Ojea, Propuesta y La palabra Dios.
En la imagen, Thomas Huxley, quien acuñó el término agnosticismo.

1 commentaire:

Alberto Brehme P. a dit…

Felicitaciones por su blog. Aclara y permite dialogar sobre ideas interesantes. En un contexto de ley natural perfecta, ¿jamás podremos medir qué afirmaciones sobre la ley natural son verdaderas, o falsas? ¿Seguro que ninguna ley natural permite eso? Y sin medir, ¿cómo podríamos dejar de apostar a dogmas, y llegar a algún acuerdo que armonice opuestos?

Teístas desean que su dogma: “Dios existe”, sea verdadero. Ateos desean que su dogma: “Dios no existe”, sea verdadero. Pero, aun cuando fulano sea el campeón del mundo para pensar lo que se le antoje, la verdad no es deseo ni apuesta. La ley natural es como es, sin importar nuestras divagaciones.

En la “ciencia ficción experimental” SFO, se propone un método radiestésico para medir qué es verdadero o falso en afirmaciones sobre la ley natural.

Radiestesistas expertos usan instrumentos de radiestesia para indagar sobre objetos que están más allá de la percepción ordinaria de los cinco sentidos. Colocando en Google: “Video radiestesia buscar agua”, se apreciará que las varillas buscadoras se mueven “solas”. Tal como la aguja de la brújula es movida por una energía invisible, una fuerza radiestésica mueve instrumentos radiestésicos. Poco explorado para el potencial que tiene.

Radiestesistas expertos detectan verdades-naturales-particulares-desconocidas, ubican agua, minerales, petróleo y otros, nunca descubiertos antes, enterrados donde nadie sabía que estaban. Cavan y encuentran, con 80% de precisión, cuando midieron expertos.

Este autor apostó a medir en tablas de porcentaje, verdades naturales generales sobre la ley que gobierna al cosmos, y sobre los seres que lo pueblan. Esperando que el péndulo oscile indicando algún ángulo-porcentaje de verdadero o falso.

Muchos mueven péndulos, desde niños de 7 adelante. Bajar gratis, de www.internetcosmico.com, el resumen R2 “Mini Curso de Radiestesia Estilo Sathya SFO”, y el R4, “Tablas Radiestésicas”, imprimibles, en pdf, de la pestaña “Click bajar resúmenes Rx”. Tomos, en Tx. Gratis.

Si tanto radiestesista ha conseguido “bajar información del Internet Cósmico”, por llamar de algún modo al campo de información natural del cual han obtenido informaciones, y si después han excavado y en el 80% promedio de los casos las mediciones eran ciertas, a quienes tengan intuición investigadora, ¿no les interesará medir, a por verdades o falsedades, a ver a qué obtienen? No es difícil de aprender, y es gratis.

Imaginando, si este método de medir fuera parte de la ley natural, podría significar un portal insospechado de información. Este autor lleva muchos años desarrollando libros SFO, y propone una visión del mundo basada en lo que mide como “naturalmente verdadero”. Tal como en un átomo, digamos, fierro, hay un núcleo, y órbitas con distintos niveles de energía y frecuencia, es medible por ICR, o Internet Cósmico Radiestésico, que hay cinco órbitas-dimensiones de existencia, a distintos niveles de energía y frecuencia, órbitas de “giros” alrededor de un sol, de una dimensión eterna, real, verdadera, existente, de dónde provienen las verdades esenciales, y también las dimensiones sub-reales, sujetas a prende-apaga existencial, como la nuestra. Ejemplo: El juego entre vigilia y olvido de nuestra conciencia. Tales verdades esenciales no son de esta dimensión de materia densa, y no pueden ser captadas por la psiquis terrícola conectada a los cinco sentidos, de modo que no tenemos otra opción que medirlas usando un método transdimensional. Nacer y morir son cambios de órbita.

El método requiere medir con la mente en blanco, sin desear: Que Dios no exista, es deseo de ateos; que Dios exista, es deseado por teístas. Que nada sea verdadero, es deseo nihilista. Por favor, ser ecuánime y realizar la hazaña de no “medir” los deseos personales. Según radiestesistas expertos, más del 90% de las personas pueden medir usando péndulos, y no lo saben.

Que les vaya bien. Atte.: Alberto Brehme P. www.internetcosmico.com