jeudi 14 août 2008

Dios, el incompetente.

Mis inconsistencias bíblicas favorittas 1



¿Y Jesús para qué sirve? Inconsistencia bíblica favorita 2


Religión: Argumentos incoherentes

jeudi 17 juillet 2008

Australia: La visita del Papa estimula a la industria del sexo
Pope mobile: Benedict arrived in Australia
Papa móvil: La llegada de Benedicto a Australia
Mientras el Papa aterrizaba en Darwin, la industria del sexo de Sydney se preparaba para un gran aumento en sus ventas. Los burdeles anunciaron sus "paquetes de visita papal" a los 125,000 visitantes extranjeros que vinieron a Sydney para las celebraciones del Día Mundial de la Juventud (World Youth Day - WYD) en esta semana. Los burdeles y sex-shop de toda la ciudad esperan grandes ganancias. Muchos establecimientos han contratado personal adicional para satisfacer el esperado aumento a la demanda de favores sexuales durante el evento. Algunos se enorgullecen de estar en posibilidades de dar la bienvenida a su piadosa clientela internacional, con una amplia cantidad de idiomas al tener trabajadoras sexuales que hablan francés, español, italiano, griego, árabe, taitiano, coreano, nepalí y mandarín. El "Xclusive Gentelmen's Club" ofrece 10 porciento de descuento a aquéllos que presenten su acreditación oficial como visitanted de la WYD. Al ser uno de los establecimientos más grandes cerca de la Randwick Racecourse, el club espera beneficios gracias a la proximidad con el auditorio en donde el Papa realizará su última misa al aire libre, en donde se esperan a medio millón de peregrinos. Las grandes expectativas de la "industria del fruto prohibido" están basadas en la experiencia. Cuando el Concilio Mundial de Iglesias hizo su congreso en Canberra durante los 90's, disfrutamos de nuestro mejor periodo de ganancias, dijo un vocero de la industria australiana para adultos del grupo Eros Association.

Cuando las misas religiosas están en su apogeo, pareciera que el sexo impregna el aire. Después que de la WYD 2000 en Roma terminó su semana de celebraciones con una misa al aire libre con el Papa Juan Pablo II, los colectores de basura descubrieron al día siguiente miles de condones usados entre los escombros del área del festival. Los reporteros mostraron las imágenes del hallazgo, pero el Vaticano furiosamente desechó esas pruebas diciendo que eran "fabricadas". Los críticos de la postura doctrinal del Vaticano en contra del control natal, el sexo extra-marital y el "grave pecado" de la contracepción, como sea nunca dejaron de hacer burla al respecto. Ellos dicen que eso revela que los jóvenes católicos los tiene muy despreocupados las enseñanzas reaccionarias del Vaticano - lo cual, de ser cierto, son excelentes noticias.

samedi 5 juillet 2008

Lo que Barack Obama lleva en sus bolsas



Son muy reveladoras las cosas que salieron a la luz, cuando el que quizás se convierta en el hombre más poderoso del mundo vació sus bolsillos - como se vió recientemente en una foto publicada en el Times dentro de la colección de "la foto del día de La Casa Blanca". Se observa un pequeño mono - aparentemente el dios Hindú Hanuman - junto con el amuleto de la suerte de los apostadores, un brazalete perteneciente a un soldado norteamericano activo en Iraq y una pequeña Madonna con su niño. El brazalete podría ser el recordatorio de lo que sería su tarea más distinguida como presidente de los EUA: "traer a nuestros muchachos a casa". ¿Y los otros tesoros? ¿Es Obama un creyente de Hanuman, inspirado por la gran guerra del legendario mono contra el demoniaco Rey Ravana? ¿Es un apostador? ¿Es un creyente de los amuletos de la suerte? ¿Cree que estas pequeñas mascotas que lleva consigo tienen algún impacto en su vida o su "destino"? Si los contenidos de sus bolsillos son indicativo de su estado mental, uno debe de estar preparado para extrañas - si no es que peligrosas - sorpresas.

mercredi 2 juillet 2008

en pleno siglo XXI


Tanzania: Los albinos están siendo cazados y mutilados para traficar sus órganos "mágicos"

Vumilia Makoye de 17 años de edad estaba cenando con su familia, cuando dos hombres con largos cuchillos entraron violentamente a su casa, inmovilizaron a su madre Jeme, quien trataba de detenerlos. Todo ocurrió muy rápido. Jeme y el resto de la familia presenciaron impotentes, como los intrusos tomaron a Vumila, le cortaron las piernas por encima de la rodilla y desaparecieron con ellas. La joven sin piernas, postrada en un charco de sangre, murió al poco tiempo.


Vulmila era una albina. El albinismo es un desorden hipopigmentario heredado, caracterizado por la falta del pigmento melanina en los ojos, la piel y el cabello. Como resultado los ojos son rojos, la piel rosácea blanquecina y extremadamente sensible al sol. En África, tan sólo uno de cada 3000 recién nacidos es albino. Sufren muchos problemas médicos, y muchos de ellos mueren de cáncer en la piel antes de los 30.
En África, en la zona por debajo del Sahara, es una creencia popular que los albinos poseen poderes mágicos. Son rechazados y estigmatizados socialmente. Pero recientemente en Tanzania, la superstición ha tomado un tinte terrible. Los médicos brujos comenzaron a declarar que las pociones mágicas que tienen piel, cabello, huesos, genitales, lenguas o extremidades de albinos como ingredientes, traen bienestar a sus consumidores. Desde entonces se realiza una cacería humana de albinos. De acuerdo con el reportes oficiales, 19 albinos, incluyendo niños, han sido asesinados y mutilados para comerciar con las partes de sus cuerpos. Otras fuentes dicen que son más de cincuenta las víctimas. Los oficiales de policía creen que los asesinatos de albinos han sido inspirados por las películas nigerianas sobre brujería.
Las autoridades están haciendo listas de albinos y tratan de protegerlos sistemáticamente al vigilar sus casas y escoltar a los niños albinos a las escuelas. El presidente Jakaya Kikwete ordenó tomar medidas duras contra los médicos brujos y los traficantes de órganos. En su esfuerzo por eliminar la discriminación, recientemente nombró al primer albino miembro del parlamento.
Las supersticiones no terminan en las fronteras. En Kenya, una mujer albina fue encontrada muerta a finales de mayo faltándole los ojos, la lengua y los senos. Se ha reportado que la piel de los albinos también es vendida en Congo.
Traduction: Miguel Angel Landgrave Martínez
Nepal: La última salida del rey dios


Puertas de Narayanhity del Palacio de Kathmandu
Nepal celebra sus transformación de ser el último reino Hindú a ser una república democrática y secular. El paso histórico para poner fin a 239 años de monarquía que condujo al país himalayo del "techo del mundo" hacia el siglo 21, fue dado el 28 de mayo de 2008 por la recién electa Asamblea Constitucional con guía Maoista, con 560 votos contra 4. Expulsado el Rey Gyanendra - adorado hasta tiempo reciente como una encarnación del dios hindú Señor Vishnu - dejó el Palacio de Narayanhity el 12 de junio para siempre. Aunque sus astrólogos le pedían que esperara a un mejor momento, el gobierno no le permitió extender su fecha límite. La bandera real de las puertas principales del palacio han sido cambiadas por el estandarte nacional. El edificio rosado en el centro de Kathmandu pronto se convertirá en museo.

La mayoría de las monarquías en el mundo han sido abolidas. Después de la transformación de Nepal, aún quedan 30 monarcas que reinan sobre 44 monarquías soberanas (16 de las cuales son Reinos de la Mancomunidad, entre ellos Canadá y Australia, quienes aun reconocen formalmente a la Reina Elisabeth como su soberana). Muchas de las monarquías que quedan son constitucionales, dejando muy poco poder político al monarca. Diferentes matices de monarquías absolutas existen en Brunei, Oman, Qatar, Saudi Arabia, Swazilandia y la Ciudad del Vaticano (representando una teocracia electoral). Los monarcas de Jordania y Marruecos también son muy poderosos.

Es muy notable la persistencia de las monarquías en la Europa moderna. Países cultos y democráticos como Bélgica, Dinamarca, Liechtenstein, Luxemburgo, Mónaco, Los Países Bajos, Noruega, España, Suecia y Bretaña aun portan orgullosos los cascarones de su pasado tribal. ¿No es hora de que ellos sigan el ejemplo de Nepal?

Las últimas monarquías del mundo (Del Wiki en Inglés) : Monarquía constitucional * Reinos de la Mancomunidad * Monarquía Semiconstitucional * Monarquía Absoluta * Monarquía en algunas entidades sub-Estado


La Carta de Albert Einstein a Eric Gutkind (Enero 1954)


Albert Einstein: La idea de Dios es un "producto de la debilidad humana", la Biblia "demasiado infantil"

Una carta que vio la luz recientente, escrita por Albert Einstein en enero de 1954, un año antes de su muerte, es eslabón más en la cadena de pruebas de que Einstein no era un creyente religioso como lo declararon los supernaturalistas. La carta escrita con su puño y letra, destinada a el filósofo Eric Gutkind, describe la idea de Dios como "producto de la debilidad humana" y la Biblia como "demasiado infantil" y esto pone fin a todos los intentos para retratar al ilustre pensador como un defensor de la fe religiosa.

La extraordinaria pieza fue subastada por Bloomsbury en Londres este mes. La puja ganadora de 404,000 dólares (25 veces el estimado antes de la venta) vino de un coleccionista extranjero quien tiene una "pasión por la física teórica y todo lo que eso conlleva". Richard Dawkins, realmente triste, estuvo dentro de los postores que no obtuvieron las pieza, hubiera sido un merecido dueño del documento.



El profesor Dawkins, famoso biólogo británico y Asociado Honorario de Rationalist International, ha sido la persona que más ha hecho por clarificar la postura de Einstein sobre la religión. En su libro The God Delusion, explica que Einstein, quien se hacía llamar "un profundo no-creyente religioso" y que cuando ocasionalmente invocaba a Dios, se refería a algo totalmente diferente de lo que comúnmente entendemo por ese término. "La religión de Einstein" claramente excluía cualquier idea de lo supernatural, por el contrario, era una expresión de reverencia panteísta.

"Los panteístas no creen para nada en un Dios sobrenatural, pero usan la palabra Dios como un sinónimo no-sobrenatural de la Naturaleza, o Universo, o las leyes que gobiernan su funcionamiento. Los deístas difieren de los teístas en que el Dios deísta no responde a las plegarias, no está interesado en los pecados o en las confesiones, no lee nuestros pensamientos y no interviene caprichosamente con milagros. Los deístas difieren de los panteístas en que su Dios es un tipo de inteligencia cósmica, más que la metáfora panteísta o el sinónimo poético de la ley del universo. El panteísmo es un ateísmo sazonado. El deísmo es un teísmo suavizado".

"Existen todas las razones para suponer que los famosos Einsteinísmos 'Dios es sutil pero no malicioso' o 'Él no juega con los dados' o '¿Tenía Dios elección de crear este Universo?' son panteísmos, no deísmos, y ciertamente no teísmos. Einstein utilizó 'Dios' de una manera puramente metafórica y poética. De igual manera la hizo Stephen Hawking, y muchos de los físicos que ocasionalmente utilizan las metáforas religiosas."


Dawkins cita los escritos del propio Einstein sobre la religión: "sentir que detrás de lo que puede ser experimentado hay algo que nuestra mente 'no puede entender' y cuya belleza y sublimación nos llega únicamente de manera indirecta y como débil relejo... ésto es la religiosidad. En ese sentido soy religioso."

"En este sentido", agrega Dawkins, "Yo también soy religioso, con la reserva de que 'no puede entender' no significa forzosamente 'nunca lo podrá entender'. Pero prefiero no llamarme religioso porque puede ser confuso. De hecho, es destructivamente confuso porque, para la mayoría de la gente, 'religión' significa 'sobrenatural'. Carl Sagan bien lo dijo "... si por 'Dios' uno quiere decir el conjunto de reglas que rigen el universo, entonces claramente existe tal Dios. Este Dios es poco satisfactorio emocionalmente... no tiene mucho sentido rezarle a la ley de la gravedad"
(Todas las citas son de:, The God Delusion, Gran Bretaña, 2006)

samedi 24 mai 2008

mardi 13 mai 2008

EL SENTIDO DE UNA ASOCIACIÓN DE ATEOS

Intervención de Paco Miñarro, Coordinador de la Federación Internacional de Ateos (FIdA) en el acto de presentación de la Asociación Madrileña de Ateos y Librepensadores (AMAL) celebrado el domingo 11 de mayo de 2008 en el Salón de Actos “Federico García Lorca” de Rivas-Vaciamadrid.

Compañeras, compañeros.

No siempre tenemos la oportunidad de asistir a la fundación de un colectivo de ateos y librepensadores. En realidad, no es fácil que los ateos demos el paso que va desde el individualismo y la reflexión personal hasta la integración en un proyecto común y participativo. Sin embargo, no se puede dudar de que formamos parte de un movimiento que crece, que adquiere experiencia y que se enfrenta, abiertamente, a lo que quizá puede calificarse como el fenómeno más determinante de nuestro tiempo: el conflicto entre la sociedad civil y las tradiciones religiosas.

Un conflicto que no es nuevo, ya que hunde sus raíces en la oposición dialéctica entre tradición y modernidad que forjó el carácter de la cultura de Occidente. Pero un conflicto que, no obstante, adquiere en el siglo XXI unos caracteres propios, cuya particularidad reside en el retorno de lo religioso como factor de identidad colectiva y en su compleja relación con las nuevas tecnologías de la comunicación.

Una marea conservadora amenaza nuestro mundo. “El desierto avanza”, advirtió ya Nietzsche en su siglo. La democracia y el laicismo se enfrentan a un retroceso fomentado por el comunitarismo y por las exigencias de la fe religiosa.

Se pensó, hace un tiempo, que los avances científicos y tecnológicos bastarían por sí solos para desterrar el oscurantismo y la presión de los fanáticos. Que las viejas supersticiones caerían rendidas ante el saber humano, o que “dios” había muerto, dejando a las iglesias en un proceso de decadencia irreversible. El optimismo de la modernidad dio paso, sin embargo, a la experiencia del abandono y el desarraigo, y los vengativos ídolos fueron nuevamente alzados como estandartes, y sus ejércitos de fieles de nuevo armados y en pie de guerra. La revancha se había anunciado con antelación. Pero apenas fue perceptible para muchos.

Dos fenómenos se han conjugado al respecto del retorno de lo religioso. En primer lugar, la persistencia en el inconsciente colectivo de la idea de un dios como garante de la miseria existencial, y en consecuencia el aprovechamiento de las instituciones religiosas para mantener un espacio ritual en las sociedades sobre las que ejercen su influencia. Y, en segundo lugar, la radicalización de los creyentes más activos y la recuperación de códigos medievales de interpretación, lo que sin duda favorece el espejismo de un enfrentamiento entre las diferentes facciones religiosas.

Pero se trata, al fin, de un espejismo. La deriva fundamentalista del Vaticano y del Islam, por citar sólo las más cercanas a nuestra experiencia social, no responde a un paralelismo reducido a las apariencias, sino que es aplicable, y sobre todo, a sus ambiciones. Ambos dogmatismos teológicos se nutren del mismo maná, y ambos elaboran la imagen del mismo miedo. El enemigo de una religión no es nunca otra religión, sino la realización práctica de una sociedad libre y emancipada.

Es el ateísmo, como afirmó Ratzinger en su última encíclica, junto con el relativismo moral, el hedonismo y el laicismo, lo que más temen estos chamanes totalitarios. Su objetivo no es económico, o no lo es sino hasta cierto grado. En realidad, toda religión se explica como un intento de programación de las existencias individuales, es decir, como propaganda de masas en su estado más puro. La “conversión”, así, se entiende en su sentido más concreto, el de “captación” y sometimiento. Tal es el objeto de la llamada “segunda evangelización”.

Comprendido así, el papel de la razón puede ser visto como el de una “resistencia”, puesto que, para el lenguaje engañoso de los teólogos, la defensa de sus propios intereses implica siempre el desarrollo de un abanico de ofensivas tendentes al cautiverio de la razón. Los mercenarios de la creencia aspiran a imponer el imperio de su neurosis, inoculando en el cuerpo social sus fantasías dogmáticas y sus juicios éticos. Desafían a la ciencia, con la esperanza de mantener a sus fieles presos de la infantil visión de un mundo tutelado por sus fantasmas. De ahí la fundamental importancia concedida por Ratzinger a la relación entre razón y fe. Visto adecuadamente, tal empresa tiene el sentido angustioso de un declive, porque ya no es posible ningún acuerdo entre la cultura y la religión. Por eso el clero de cualquier pelaje actúa siempre contra la cultura, apelando al derecho imaginario de ser respetado por la crítica.

Es prioritario, para las fuerzas de la religión, inyectar en la sociedad elementos morales que favorezcan sus privilegios. Esto hace evidente que los argumentos a utilizar por una organización laicista o atea deberán ser preferentemente aquellos que revelen la naturaleza impositiva del clericalismo y el radical equívoco que implica el ejercicio de una política multiconfesional. La religión, como asunto privado, ha de ser simplemente excluida del espacio público.

¿Cuál es el sentido de una asociación de ateos? Precisamente, el que surge de la convicción del carácter no neutral de la psicopatía religiosa, y que por ello obliga a la movilización y a la responsabilidad pública. No nos asociamos para practicar un onanismo teórico, ni para solidarizarnos con nuestros afines, ni para levantar capillas al ateísmo ideológico. Lo hacemos con el fin de interactuar con la situación política y con el medio social y cultural. Con el fin de responder con fuerza al clericalismo y al conservadurismo. Proponiendo una práctica de libertades y de derechos, y una presión constante sobre los medios de prensa y sobre las instituciones y responsables políticos.

Al menos, es así como lo entendemos en FIdA, y confiamos en que la trayectoria futura de la Asociación Madrileña de Ateos y Librepensadores también aspire a practicar un ejercicio exigente, tanto en el ámbito de la alerta frente a los fundamentalismos como en la tarea de reivindicar una democracia laica, en la que exista una completa y definitiva separación entre el Estado y las diferentes confesiones religiosas.

Los mecanismos de trabajo y los medios de acción caracterizan a cualquier colectivo casi más que sus objetivos programáticos. Sobra decir que sus socios habrán de elaborar las estrategias más adecuadas a sus campos de intervención, y teniendo en cuenta las obsesiones antilaicistas del Gobierno de la Comunidad de Madrid, no es difícil aventurar que no faltarán ocasiones para alzar la voz. En todas ellas tendrán, los miembros de AMAL, el apoyo, el respeto y la colaboración de FIdA.

Finalmente, quiero dar las gracias al Ayuntamiento y al pueblo de Rivas-Vaciamadrid. Los responsables de su gestión han demostrado una iniciativa ejemplar en defensa de los derechos y libertades de la ciudadanía. Y han comprendido, a diferencia de muchos otros representantes políticos de la nación, la importancia fundamental que posee una convivencia regida por los principios del laicismo y de la libertad de conciencia.

Muchas gracias a todos.

vendredi 25 avril 2008

En España


GOBIERNO, CONSTITUCIÓN E IGLESIA CATÓLICA

14.04.08,

77º Aniversario de la proclamación de la II República Española.

La desidia del Gobierno de España a la hora de hacer cumplir la Constitución se ha vuelto a hacer patente cuando de nuevo el nombramiento de José Luís Rodríguez Zapatero como Presidente del Gobierno se ha realizado ante una mesa con una gran crucifijo en medio y con una Biblia, al margen de que el señor Zapatero haya prometido -y no jurado- ante esos símbolos pertenecientes a una confesión religiosa que para nada debería inmiscuirse en los asuntos relacionados con el funcionamiento de nuestras instituciones democráticas, en cuanto, de acuerdo con el artículo 16.3 de nuestra Constitución, “ninguna confesión tendrá carácter estatal”.

¿Qué pinta un crucifijo o una Biblia en la mesa ante la cual se celebra la promesa de cumplir y hacer cumplir la Constitución Española, cuando la propia Constitución establece de modo implícito la separación del Estado respecto a cualquier religión? Nada en absoluto. Y no sólo no pinta nada, sino que su presencia es inconstitucional, por lo que, si acaso representa algo, es una burla sarcástica de la propia Constitución, ante la cual el presidente promete cumplir y hacerla cumplir en ese su primer acto institucional.

Después de 30 años de democracia, los responsables de hacer que se cumpla la Constitución todavía no se han enterado -o no han querido enterarse- de que su cumplimiento exige que esos símbolos se retiren y queden para el ámbito privado y para la conciencia de cada ciudadano. La situación actual representa un incumplimiento de la Constitución en tanto que la presencia de tales símbolos implica, aunque sólo sea por inercia, una forma de seguir aceptando el sometimiento de la soberanía de nuestro pueblo a la jerarquía de la Iglesia Católica, cuyo símbolo más importante domina el lugar ante el que el candidato mayoritariamente elegido por las Cortes debe realizar la promesa correspondiente para su nombramiento como Presidente del Gobierno. Además, la presencia de tales símbolos es una propaganda gratuita de dicha confesión religiosa para quienes contemplen por cualquier medio visual –televisión o prensa- las imágenes de dicha ceremonia.

Por ello, hay que exigir al Gobierno de España y a las instituciones democráticamente elegidas por la ciudadanía que cumplan precisamente con su promesa de “hacer cumplir la Constitución”, comenzando por eliminar tales símbolos religiosos de las ceremonias en las que se producen sus nombramientos.

Esta misma crítica vale igualmente para los actos judiciales en los que se sigue preguntando al testigo si “jura o promete decir la verdad…”, pues, en cuanto el juramento lleva implícita la referencia a determinadas creencias religiosas, la fórmula judicial correspondiente es inconstitucional, y resulta asombroso que los encargados de juzgar si las leyes se cumplen o no incluyan esta fórmula -o acepten su inclusión- en los mismos actos en los que se juzga acerca de los posibles incumplimientos de la Ley, infringiendo sistemáticamente así el artículo 16.2 de la Constitución Española, en el que se dice que “nadie podrá ser obligado a declarar sobre su ideología, religión o creencias”.

Pues es evidente que, desde el momento en que se le exige al testigo que “jure o prometa”, se le está obligando a declarar si tiene o no creencias religiosas, en cuanto jure o en cuanto simplemente prometa. En consecuencia, de nuevo en este caso habría que exigir el cambio de esta fórmula judicial eliminando toda referencia al juramento –de carácter religioso- para dejar exclusivamente la referencia a la promesa –de carácter personal y ligada al propio honor y dignidad como ciudadano-.

Y lo mismo sucede en otra clase de actos, como son los relacionados con la monarquía, actos como bodas, bautizos y otras ceremonias en los que aparece de un modo especialmente visible la relación entre dicha monarquía y la Iglesia católica, pareciendo olvidar en estos casos que los monarcas han dejado de serlo por la gracia de cualquier supuesto dios para serlo porque nuestro pueblo soberano aprobó en referendo nuestra Constitución y, con ella, de regalo, la institución de la monarquía parlamentaria –al menos por ahora y hasta que el pueblo español la siga legitimando-.

samedi 12 avril 2008

Perdamos el respeto a la Iglesia

Beatriz Gimeno

Intervención de Beatriz Gimeno en la presentación del libro “La Iglesia furiosa”, realizada el 21 de febrero en Madrid, sala Maldonado 53. Beatriz Gimeno es novelista, ensayista y vocal de la Federación estatal de lesbianas, gays, transexuales y bisexuales. Miembro del consejo editorial de la revista Trasversales. Miembro de la Federación Internacional de Ateos (FIdA).

Yo sí que estoy furiosa. Y la furia puede que me impida hablar de la iglesia desde la razón. En todo caso, contra su furia irracional, la nuestra racional. Pero lo cierto es que en muchas ocasiones entramos en discusiones completamente irracionales. De dios no se puede discutir porque no existe. De lo que se puede discutir es de las consecuencias que dicha creencia tiene. Consecuencias políticas y sociales. Así que, finalmente, el hecho de que mucha gente crea en dioses nos incumbe a todos.

Y la mayoría de los que estamos aquí somos ateos, activistas sociales o políticos, que estamos convencidos de que la necesidad de luchar por un estado laico. Esta lucha sigue siendo necesaria a pesar también de que es irracional porque un estado democrático no puede ser otra cosa que laico. Ya es una concesión hablar de libertad religiosa en un estado democrático y de derecho; es redundante, faltaría más. La libertad religiosa está garantizada en la libertad de conciencia, de asociación, de expresión, de reunión… la libertad religiosa está garantizada por la libertad. La libertad religiosa debería ser como la libertad para afiliarse a cualquier otra asociación con vocación de hacer proselitismo.

El problema es que el proselitismo que puede hacer una asociación está siempre en dependencia directa de los valores de los que se proponga ser prosélita. Si dichos valores son antidemocráticos, sexistas, homófobos, discriminadores, contrarios a la libertad… en ese caso dichos valores no deberían poder enseñarse en ningún espacio público, cuánto menos en una escuela. Hay que atreverse a decir que hay valores sobre los que la sociedad ha alcanzado consensos democráticos y que no deberían poder enseñarse en ninguna escuela. Que la mujer es más apropiada para cuidar a los niños que los hombres o que la heterosexualidad es superior a la homosexualidad, tiene derecho a creerlo cualquiera, e incluso a expresarlo, escribirlo, defenderlo, sí, pero no a enseñarlo a los niños y niñas.

Y sí, puede que no se deba enseñar ateismo, pero de la misma manera que en un sistema democrático se debe enseñar lo que significaron el nazismo o el estalinismo, no hay ninguna razón para no enseñar lo que ha hecho y dicho la iglesia a lo largo de la historia. Ni razón alguna para obviar que sus valores son contrarios a la igualdad, la libertad y la felicidad.

Y sin embargo, aún no nos atrevemos a discutir que la iglesia católica tenga derecho a enseñar estas cosas en sus escuelas, que encima pagamos todos. A la iglesia católica (que es la que nos toca) le hemos perdido la fe, pero no hemos aprendido a perderle el respeto. Y desde la furia quiero que aprendamos a perderle el respeto. La iglesia católica dispone de un excedente de respeto que parece no terminarse nunca. ¿Qué más tiene que hacer para que le perdamos el respeto? Quizá no existe otra organización que siga funcionando que haya traído, que siga trayendo, tantos crímenes, tanta injusticia, tanta infelicidad. Las iglesias matan. La iglesia católica mata cuando se opone al uso del condón en países que luego no pueden pagar las medicinas contra el sida. No hay en el mundo una organización con tantas condenas firmes por pederastia y abuso infantil. Y es curioso que la pederastia, que es fundamentalmente heterosexual, en el caso de la iglesia, en cambio, sea fundamentalmente homosexual. Pero, eso sí, sus condenas contra los homosexuales recorren el mundo haciendo que en muchos países la vida sea invivible para éstos. Estamos hablando de Latinoamérica, donde las iglesias atacan y condenan la homosexualidad legitimando a los paramilitares y escuadrones de la muerte que matan a tres homosexuales al mes en Brasil, por ejemplo. Hablo de la iglesia que ha apoyado toda clase de regímenes asesinos en Latinoamérica, en España. Hablo de la iglesia que prefiere una niña de 9 años muerta o madre a que aborte. Hablo de la iglesia que pretende (si la dejáramos) condenar a todas las mujeres a vidas invivibles y a todos y todas a la infelicidad. Y aun le tenemos respeto.

Como mucho, respeto su libertad personal de creer en dioses inexistentes, pero entra dentro de mi libertad no respetarles. No les respeto. Les combato. Y con la máxima beligerancia.

Todos hemos conocido a católicos que son gente inteligente y solidaria. Pero para mí esto es un misterio. Forma parte de la complejidad de la naturaleza humana que personas inteligentes crean un absurdo, que personas de izquierdas se empeñen en pertenecer a una organización de derechas, que personas que luchan por la justicia se empeñen en estar dentro de una organización que apoya todas las injusticias; que estas personas estén dentro de una organización que les querría fuera. Estoy cansada de tener siempre que distinguir, hilando muy fino entre la iglesia y los fieles, entre la jerarquía y la otra iglesia. Respeto la libertad de las personas, pero quiero decir que la iglesia es lo que es y tiene voluntad de serlo casi desde su fundación, y de seguir siéndolo. La iglesia es una enorme estructura con una enorme y no cuestionada influencia educativa, económica, mediática, que trabaja contra los derechos individuales conseguidos tras muchos sacrificios. No es posible oponerse a esa estructura con paños calientes y con cuidado en no herir a los creyentes. Los creyentes nos hieren a nosotros y muchos de los creyentes del mundo querrían vernos muertos. No quiero tener que comenzar mis charlas sobre la iglesia distinguiendo con mucho cuidado entre ésta y el fundamentalismo. La iglesia católica ha sido fundamentalista mientras ha podido, y tiene voluntad de serlo, y lo es dónde puede. Todas las iglesias tienen esa voluntad.

Y en el futuro puede ser más grave. La injusticia global en la que estamos cada vez más inmersos, sometidos a fuerzas que no comprendemos, sin culpables que han desaparecido en superestructuras imposibles de controlar… es evidente que un subproducto de todo esto será el fanatismo religioso, el más irracional, el más difícil de combatir, y que se va a manifestar de muchas maneras. La gente cree, cada vez más, en todo tipo de cosas, en religiones sin dios, en dioses sin religión, en el destino, en la suerte, en las plantas, en los posos de te, en los astros… Y no podemos confundir, desde la izquierda, la necesidad de la aconfesionalidad del estado con la reivindicación de la pluriconfesionalidad.

Como dice Bauman, si la fe en el progreso en un momento dado fue una manifestación de optimismo en el futuro, ahora el progreso da miedo porque la globalización y la injusticia globalizada frente a la que nos hemos quedado sin respuesta auguran un crecimiento del pensamiento irracional en todo el mundo.

La creencia en dios sirve para construir un sentido. Nos dijeron que si dios moría el ser humano no podría vivir sin sentido. Pues sí se puede; los ateos podemos y no somos ni más felices ni más desgraciados que los creyentes. Por el contrario, quizá sea la certeza de que la trascendencia no existe lo que nos permita contemplar de verdad y con el necesario horror los millones de vidas eliminadas, borradas, vidas sufrientes, explotadas para el bienestar de otros. Sólo desde el abismo del absurdo, de la negación de cualquier significación, uno/a puede entender que el único atisbo de sentido es luchar para que cada vida disponga de las mismas oportunidades para encontrar, si no una razón, al menos sí sus momentos de goce y de felicidad.

samedi 29 mars 2008

jeudi 27 mars 2008

Perdamos el respeto a la Iglesia

Beatriz Gimeno

Intervención de Beatriz Gimeno en la presentación del libro “La Iglesia furiosa”, realizada el 21 de febrero en Madrid, sala Maldonado 53. Beatriz Gimeno es novelista, ensayista y vocal de la Federación estatal de lesbianas, gays, transexuales y bisexuales. Miembro del consejo editorial de la revista Trasversales. Miembro de la Federación Internacional de Ateos (FIdA).

Yo sí que estoy furiosa. Y la furia puede que me impida hablar de la iglesia desde la razón. En todo caso, contra su furia irracional, la nuestra racional. Pero lo cierto es que en muchas ocasiones entramos en discusiones completamente irracionales. De dios no se puede discutir porque no existe. De lo que se puede discutir es de las consecuencias que dicha creencia tiene. Consecuencias políticas y sociales. Así que, finalmente, el hecho de que mucha gente crea en dioses nos incumbe a todos.

Y la mayoría de los que estamos aquí somos ateos, activistas sociales o políticos, que estamos convencidos de que la necesidad de luchar por un estado laico. Esta lucha sigue siendo necesaria a pesar también de que es irracional porque un estado democrático no puede ser otra cosa que laico. Ya es una concesión hablar de libertad religiosa en un estado democrático y de derecho; es redundante, faltaría más. La libertad religiosa está garantizada en la libertad de conciencia, de asociación, de expresión, de reunión… la libertad religiosa está garantizada por la libertad. La libertad religiosa debería ser como la libertad para afiliarse a cualquier otra asociación con vocación de hacer proselitismo.

El problema es que el proselitismo que puede hacer una asociación está siempre en dependencia directa de los valores de los que se proponga ser prosélita. Si dichos valores son antidemocráticos, sexistas, homófobos, discriminadores, contrarios a la libertad… en ese caso dichos valores no deberían poder enseñarse en ningún espacio público, cuánto menos en una escuela. Hay que atreverse a decir que hay valores sobre los que la sociedad ha alcanzado consensos democráticos y que no deberían poder enseñarse en ninguna escuela. Que la mujer es más apropiada para cuidar a los niños que los hombres o que la heterosexualidad es superior a la homosexualidad, tiene derecho a creerlo cualquiera, e incluso a expresarlo, escribirlo, defenderlo, sí, pero no a enseñarlo a los niños y niñas.

Y sí, puede que no se deba enseñar ateismo, pero de la misma manera que en un sistema democrático se debe enseñar lo que significaron el nazismo o el estalinismo, no hay ninguna razón para no enseñar lo que ha hecho y dicho la iglesia a lo largo de la historia. Ni razón alguna para obviar que sus valores son contrarios a la igualdad, la libertad y la felicidad.

Y sin embargo, aún no nos atrevemos a discutir que la iglesia católica tenga derecho a enseñar estas cosas en sus escuelas, que encima pagamos todos. A la iglesia católica (que es la que nos toca) le hemos perdido la fe, pero no hemos aprendido a perderle el respeto. Y desde la furia quiero que aprendamos a perderle el respeto. La iglesia católica dispone de un excedente de respeto que parece no terminarse nunca. ¿Qué más tiene que hacer para que le perdamos el respeto? Quizá no existe otra organización que siga funcionando que haya traído, que siga trayendo, tantos crímenes, tanta injusticia, tanta infelicidad. Las iglesias matan. La iglesia católica mata cuando se opone al uso del condón en países que luego no pueden pagar las medicinas contra el sida. No hay en el mundo una organización con tantas condenas firmes por pederastia y abuso infantil. Y es curioso que la pederastia, que es fundamentalmente heterosexual, en el caso de la iglesia, en cambio, sea fundamentalmente homosexual. Pero, eso sí, sus condenas contra los homosexuales recorren el mundo haciendo que en muchos países la vida sea invivible para éstos. Estamos hablando de Latinoamérica, donde las iglesias atacan y condenan la homosexualidad legitimando a los paramilitares y escuadrones de la muerte que matan a tres homosexuales al mes en Brasil, por ejemplo. Hablo de la iglesia que ha apoyado toda clase de regímenes asesinos en Latinoamérica, en España. Hablo de la iglesia que prefiere una niña de 9 años muerta o madre a que aborte. Hablo de la iglesia que pretende (si la dejáramos) condenar a todas las mujeres a vidas invivibles y a todos y todas a la infelicidad. Y aun le tenemos respeto.

Como mucho, respeto su libertad personal de creer en dioses inexistentes, pero entra dentro de mi libertad no respetarles. No les respeto. Les combato. Y con la máxima beligerancia.

Todos hemos conocido a católicos que son gente inteligente y solidaria. Pero para mí esto es un misterio. Forma parte de la complejidad de la naturaleza humana que personas inteligentes crean un absurdo, que personas de izquierdas se empeñen en pertenecer a una organización de derechas, que personas que luchan por la justicia se empeñen en estar dentro de una organización que apoya todas las injusticias; que estas personas estén dentro de una organización que les querría fuera. Estoy cansada de tener siempre que distinguir, hilando muy fino entre la iglesia y los fieles, entre la jerarquía y la otra iglesia. Respeto la libertad de las personas, pero quiero decir que la iglesia es lo que es y tiene voluntad de serlo casi desde su fundación, y de seguir siéndolo. La iglesia es una enorme estructura con una enorme y no cuestionada influencia educativa, económica, mediática, que trabaja contra los derechos individuales conseguidos tras muchos sacrificios. No es posible oponerse a esa estructura con paños calientes y con cuidado en no herir a los creyentes. Los creyentes nos hieren a nosotros y muchos de los creyentes del mundo querrían vernos muertos. No quiero tener que comenzar mis charlas sobre la iglesia distinguiendo con mucho cuidado entre ésta y el fundamentalismo. La iglesia católica ha sido fundamentalista mientras ha podido, y tiene voluntad de serlo, y lo es dónde puede. Todas las iglesias tienen esa voluntad.

Y en el futuro puede ser más grave. La injusticia global en la que estamos cada vez más inmersos, sometidos a fuerzas que no comprendemos, sin culpables que han desaparecido en superestructuras imposibles de controlar… es evidente que un subproducto de todo esto será el fanatismo religioso, el más irracional, el más difícil de combatir, y que se va a manifestar de muchas maneras. La gente cree, cada vez más, en todo tipo de cosas, en religiones sin dios, en dioses sin religión, en el destino, en la suerte, en las plantas, en los posos de te, en los astros… Y no podemos confundir, desde la izquierda, la necesidad de la aconfesionalidad del estado con la reivindicación de la pluriconfesionalidad.

Como dice Bauman, si la fe en el progreso en un momento dado fue una manifestación de optimismo en el futuro, ahora el progreso da miedo porque la globalización y la injusticia globalizada frente a la que nos hemos quedado sin respuesta auguran un crecimiento del pensamiento irracional en todo el mundo.

La creencia en dios sirve para construir un sentido. Nos dijeron que si dios moría el ser humano no podría vivir sin sentido. Pues sí se puede; los ateos podemos y no somos ni más felices ni más desgraciados que los creyentes. Por el contrario, quizá sea la certeza de que la trascendencia no existe lo que nos permita contemplar de verdad y con el necesario horror los millones de vidas eliminadas, borradas, vidas sufrientes, explotadas para el bienestar de otros. Sólo desde el abismo del absurdo, de la negación de cualquier significación, uno/a puede entender que el único atisbo de sentido es luchar para que cada vida disponga de las mismas oportunidades para encontrar, si no una razón, al menos sí sus momentos de goce y de felicidad.

vendredi 18 janvier 2008

La puta de Babilonia
Iñaki Egaña
Izaronews

La verdad es que en los últimos tiempos, no sé si por competencia religiosa, por impulso político o, quizás, por repetición de alguno de esos ciclos que los economistas nos previenen, la Iglesia católica está en primera línea de la actividad y de la actualidad.

A veces parece mentira que espectáculos como los de la manifestación de Madrid de hace unas semanas o declaraciones como las del innombrable e inmoral obispo de Tenerife justificando la pederastia, pertenezcan a la España moderna que a mordiscos expande su tren de alta velocidad de la capital a la periferia, esa misma España que elevó a la calidad de torero a su primer astronauta. Esa misma España estéril que se prepara a ser ombligo con su fiesta del agua en la Expo de Zaragoza.

La verborrea de los prelados hispanos y los argumentos de la misma nos hacen suponer, por el contrario, que poco o nada nos separa de esa España que abría en canal a sus víctimas para recuperar las alhajas que habían tragado antes de ser detenidas o que instruía a sus perros de presa en los cuarteles y campamentos movedizos para destrozar los testículos de sus enemigos, ya fueran reales, ya imaginarios. La España de la Iglesia es la del gran apagón.

En esta línea de discurso medieval, hace unos meses, el alemán Joseph Ratzinger, convertido en la máxima autoridad de la cristiandad con el seudónimo de Benedicto XVI, minimizó desde Auschtwitz la obra criminal de sus compatriotas en los campos de exterminio y se preguntó por el despiste de Dios en aquellos días. Poco después, el gallego Rouco Varela, referencia de la iglesia española, abogaba por la indivisibilidad de un pedazo de tierra semidesértico al sur de los Pirineos “porque la caridad cristina está por la unidad”.

El catalán Marc Carroggio, portavoz de la secta del Opus Dei, se lanzó más tarde en una campaña contra una insoportable película (El Código Da Vinci), campaña que recuerda viejas prácticas inquisitorias. El vasco Jaime Larrinaga, ex párroco de Maruri, explicó que ni la autodeterminación, ni el acercamiento de presos son derechos humanos. Antonio Cañizares, en la cúpula del arzobispado toledano, nos anunciaba una situación política apocalíptica por la peligrosidad de que desaparezca la “nación española” y animaba a los cristianos a movilizarse... En fin, el arcón de declaraciones es interminable.

La Iglesia católica, como desde sus inicios, está en la vida política diaria con una gran influencia y lo que es peor, con vocación de tenerla per se, y de modificar el tempo terrenal a su antojo. No entiendo cómo la mayoría de los estados europeos se definen laicos y, sin embargo, la Iglesia católica tiene tanto peso, como el mayor y más votado de los partidos políticos, como la mayor de las multinacionales. Esta iglesia tiene su propio estado (el Vaticano, recuerdo de un imperio forjado bajo una pirámide de millones de “infieles” muertos) y si la sociedad actuara en consecuencia, sus actores (sacerdotes, obispos, etc.) serían considerados, en el mejor de los casos, agentes de una potencia extranjera.

La iglesia es, en realidad, el núcleo histórico más firme de los sectores políticos (o económicos que es decir lo mismo) que aspiran a manejar los designios de la humanidad. La parafernalia religiosa no resistiría un sólo asalto en el combate de la verdad y, como los defensores de la tortura, se negaría a una comparecencia parlamentaria en la que tuviera enfrente a un puñado de científicos. Su publicidad causaría gran regocijo. Pero, estén ustedes tranquilos. Semejante sesión no se dará jamás. Los argumentos de la fe son tan incontestables como la propia tradición que, inventada, ha sido elevada por repetición a categoría de certeza. ¿A quién convencer ahora de los contrario, de que nos encontramos ante otro de los fiascos del hombre en su paso por el universo?

Hay en este terrible remolino que nos envuelve un argumento-trampa. Los religiosos por interés y los que creen en la religión como eje de su existencia, nos lanzan un mensaje con el objetivo de justificar desmanes y actitudes de la jerarquía eclesiástica: como en la sociedad, la iglesia está formada por gentes de todo pelaje y condición. Es decir, y por simplificar, que hay ministros de Dios fachas y otros que son progres. Y santas pascuas. Jamás he creído en esta afirmación. Es más, son los sectores más retrógrados de la iglesia los que la pusieron en circulación para justificar su rancia esencia.

La iglesia, como institución, siempre ha representado a los sectores más tenebrosos del poder, siempre ha ido por delante en la ejecución de las pautas que más nos avergüenzan como seres humanos que somos. Y no me refiero a cuestiones medievales recurrentes (ciertas por otro lado) como el alma de los indios, la legitimidad de la esclavitud, el derecho a la tortura o el ejercicio de sumisión reservado para las mujeres. No, ciertamente. Me refiero a los hechos citados al comienzo del artículo, agrupados de memoria, como detalles improvisados, y también, y cómo no, a esa larga tradición que nos atenaza desde que nos llegó el uso de la razón. He concluido la lectura del gran trabajo de Juan Madariaga (“Historia social de la muerte en Euskal Herria”) y he vuelto a salir espantado de la oscuridad, de los guardias con sotana. Por enésima vez.

Por naturaleza, la Iglesia católica es excluyente y, en consecuencia, antidemocrática. No podemos esperar nada que surja de su seno, como no sea la condena al oprimido y el aval al poderoso. Tal y como denunciaban nuestros antepasados. Los cátaros llamaron a la iglesia católica “la puta de Babilonia”, al igual que lo hicieron Dante, Lutero..., siguiendo un evocado párrafo del Apocalipsis: “Entonces vino uno de los siete ángeles que llevaban las siete copas y me habló: ´Ven, que te voy a mostrar el juicio de la célebre Ramera, que se sienta sobre grandes aguas, con ella fornicaron los reyes de la tierra, y los habitantes de la tierra se embriagaron con el vino de su prostitución´. Me trasladó en espíritu al desierto. Y vi una mujer, sentada sobre una Bestia de color escarlata, cubierta de títulos blasfemos”.

Hace unos meses la Asociación Euskara de Roma me invitó a dar una conferencia en Roma y aproveché la ocasión para acercarme al Vaticano. Olor a sangre. Tuve la impresión de entrar en la Babilonia apocalíptica, “cubierta de títulos blasfemos”. Cada mañana, cuando circulo con la radio encendida y el dial salta a la Cope y sus frases rasgan el ambiente, me estremece la sensación de la cercanía de la Bestia. Y no puedo dejar de rememorar ese pasado que nos aprisiona, que nos atormenta, los hornos crematorios, el pasado nazi de Ratzinger, su jefatura en la Congregación para la Doctrina de la Fe (eufemismo para designar en la actualidad a la Inquisición). Leo en el diario a Rouco Varela sin poder abominar el inmenso daño que hacen a tantos infelices que mueren en vida para satisfacción del ministerio del Interior de turno. Malditos. ¿O debería concluir de una manera más recatada, como mandan los cánones?