vendredi 14 décembre 2007

Debate entre Sam Harris y Dennis Prager PDF Imprimir E-Mail
Traduccion completa del debate llevado a cabo entre el escritor Sam Harris y el presentado radial Dennis Prager, a travez del sitio Jewcy.com en noviembre de 2006.

From: Sam Harris
To: Dennis Prager
Subject: Yahweh pertenece a la pila de basura mitológica

Me gustaría comenzar este intercambio haciendo la observación que "ateo" es un término que no debería existir. No tenemos, después de todo, un nombre para una persona que no cree en Zeus o Thor. De hecho, todos somos ateos con respecto a Zeus y Thor, y los miles de otros dioses muertos que ahora descansan en la montaña de basura de la mitología.
Un político que seriamente invoque a Poseidón en un discurso de campaña habrá de esta manera anunciado el fin de su carrera política. ¿Por qué esto es así? ¿Hubo alguien en los tiempos de Constantino que descubrió que los dioses paganos en realidad no
existen, mientras que el Dios bíblico sí? Por supuesto que no. Hay miles de dioses que alguna vez fueron adorados con absoluta convicción por hombres y mujeres como nosotros, y así y todo hoy coincidimos en que están correctamente muertos. Un "ateo" es simplemente alguien que piensa que el Dios de Abraham debería ser enterrado con el resto de esos amigos imaginarios. Estoy bastante seguro de que sólo necesitamos usar palabras como "Razón", "Sentido común", "evidencia", y "honestidad intelectual" para hacerlo.

Tantos dioses han pasado al olvido, y aún el dios celestial de Abraham demanda nuevos sacrificios. Aún se financian guerras, se cometen crimenes, y la ciencia es llevada a la perdición por deferencia a un ser invisible de quien se cree que creó todo el cosmos, afinó las constantes de la naturaleza, cubrió la tierra con 20000 especies diferentes de langostas saltamontes, y aún sigue siendo una criatura tan provinciana como para preocuparse con lo que dos adultos consienten en hacer por placer, en la privacidad de
sus dormitorios. Creencias incompatibles acerca de este Dios dividieron hace mucho tiempo nuestro mundo en comunidades morales separadas -Cristianos, Musulmanes, Judios, etc.- y esas divisiones siguen siendo una contínua fuente de violencia humana.
Y aún así, mientras las divisiones religiosas en nuestro mundo son evidentes por sí mismas, mucha gente sigue imaginando que los conflictos religiosos son siempre causados por falta de educación, por la pobreza o por política. Sin embargo, los que perpetraron los atentados suicidas del 11 de septiembre eran universitarios de clase media y no habían tenido experiencias discernibles de opresión política. Lo que sí hacían, sin embargo, era pasar una considerable cantidad de tiempo en sus mezquitas locales, hablando de la depravación de los infieles y sobre los placeres que esperan a los mártires en el Paraíso.

¿Cuántos arquitectos e ingenieros mecánicos más deberán estrellarse contra una pared a 400 millas por hora antes de que admitamos que la violencia del jihad no es un mero problema de educación, pobreza o política? La verdad, muy sorprendentemente, es que en el año 2006 una persona puede tener suficientes recursos intelectuales y materiales como para construir una bomba nuclear y aún creer en que obtendrá 72 vírgenes en el Paraíso. Los secularistas occidentales, liberales y moderados han sido muy lentos en
entender esto. La causa de su confusión es simple: no saben lo que significa creer realmente en Dios.

Los Estados Unidos ahora están solos en el mundo desarrollado como un país que conduce su discurso nacional bajo la sombra del literalismo religioso. Ochenta y tres por ciento de la población de los Estados Unidos cree que Jesús literalmente se levantó de entre los muertos, 53% cree que el universo tiene 6000 años de antigüedad. Esto es vergonzoso. Agreguemos a esta comedia de falsas certezas el hecho de que el 44% de los estadounidenses confían en que Jesús va a retornar a la Tierra en algún momento dentro de los próximos 50 años y se podrá visualizar la terrible debilidad de este tipo de pensamiento.

Cerca de la mitad de la población estadounidense está anticipando deseosa el fin del mundo. Este crédulo nihilismo no provee absolutamente ningún incentivo para construir una civilización sustentable. Muchas de esas personas son lunáticas, pero no son extremistas. Algunas pueden que Karl Rove las atienda por teléfono todas las veces que quieran.

Mientras los extremistas musulmanes vuelan aviones contra nuestros edificios, cortan la cabeza de periodistas y voluntarios, y arman manifestaciones de decenas de miles por caricaturas, varias encuestas recientes revelan que los ateos son la minoria más odiada. La mayoría de los estadounidenses dicen que rehusarían votar por un ateo, incluso si fuese un "candidato bien calificado" de su mismo partido político. El ateísmo, por lo tanto, es un impedimento perfecto para ser electo en este país (mientras que ser mujer, negro, musulmán, judio o gay no lo es). La mayoría de los estadounidenses también dicen que de todas las desagradables alternativas en oferta, tendrían menos tendencia a dejar que su hijo se casara con un ateo. Estas declaraciones de prejuicio podrían ser suficientes para hacer que algunos ateos se enojaran. Pero no son las que me hacen enojar.

Como ateo, estoy enojado de que vivamos en una sociedad en la que la pura verdad no pueda ser dicha sin ofender al 90% de la población. La pura verdad es esta: no hay una buena razón para creer en un dios personal; no hay una buena razón para creer que la Biblia, el Corán, o cualquier otro libro haya sido dictado por un ser omnisapiente; no obtenemos, en ningún sentido importante, nuestra moralidad de la religión; la Biblia y el Corán no son, ni remotamente, las mejores fuentes para guiar nuestras vidas en el siglo XXI; y la creencia en Dios y el divino origen de las escrituras está haciendo que mucha gente se mate innecesariamente.

En contra de esas puras verdades las personas religiosas han erigido un grotesco edificio de mitos, ofuscaciones, medias-verdades, y pensamiento mágico. Tal vez tú, Dennis, podrías ahora rever un poco ese edificio.

From: Dennis Prager
To: Sam Harris
Subject: La fe de la incredulidad

Hay una cosa en la que estamos de acuerdo, Sam. Escribes que estás 'bastante seguro de que sólo necesitamos usar palabras como "Razón", "Sentido común", "evidencia", y "honestidad intelectual" para hacerlo.'

Estoy de acuerdo porque estoy seguro de que la utilización de esos maravillosos vehículos a la verdad justifican el argumento para Dios y no para el ateísmo.

Sin embargo vos y otros ateos -a diferencia de los agnósticos, que simplemente tienen dudas acerca de Dios- se apropian de palabras como "razón" y "sentido común" para mantener una posición que difícilmente sea el fruto de la razón y el sentido común.

¿Son realmente la razón y el sentido común los que conducen a los ateos a su certeza de que todo, toda la existencia, sucedió por pura suerte? ¿Que por lo tanto no existe Dios, ni creador, ni diseñador? Poco probable. La certeza atea y la certeza religiosa son ambas afirmaciones que trascienden la razón y el sentido común. Pero al menos los creyentes religiosos tienen la honestidad intelectual de admitir que lo de ellos es una afirmación de fe.

Sin embargo, no estoy tan seguro de la existencia de Dios como usted de la no-existencia de Dios. Cuando miro al mundo injusto que Dios creó, tengo preguntas, a veces hasta dudas. Pero no los ateos como vos, Sam. No, ellos miran al amor y a la conciencia, a la grandiosidad del universo, al nacimiento de un bebé, escuchan la música de Bach y llegan a la conclusión de que todo sucedió por sí mismo.

Es una subestimación decir que no encuentro a esa posición intelectualmente llamativa. Y cuando se la sostiene con esa ceteza, se acerca a la arrogancia.

Por otro lado, nosotros los creyentes miramos la evidencia y creemos que hay un Dios. En ese sentido, el ateo tiene bastante menos honestidad intelectual que el creyente sofisticado. El ateo dice que sabe, a pesar del hecho de que lo que "sabe" no puede ser probado. El creyente "cree" porque sabe que lo que él cree es en última instancia imposible de demostrar.

Ahora, naturalmente, me estoy refiriendo al "creyente sofisticado", no a todo ser humano en la Tierra que afirma que cree en Dios. Hay mucha gente con visiones simplistas de Dios, y muchos millones que tienen una vil noción de Dios. Si yo y todos los demás creyentes en Dios somos mezclados con musulmanes que creen que la matanza de inocentes les hará obtener sexo en el cielo, entonces vos tendrás que ser mezclado con Josef Stalin y Mao Tse-Tung y todos los demás ateos que asesinaron más inocentes que todos los chiflados de la religión en la historia.

¿Acaso no conoces a gente como Francis Collins? El 11 de Junio de 2006, el Times de Londres reportó que "El científico que lideró al equipo que decodificó el genoma humano [...] ahora cree en la existencia de Dios [...] Francis Collins, el director del Instituto Nacional Estadounidense para la Investigación del Genoma Humano, afirma que existe una base racional para un creador y que los descubrimientos científicos llevan al hombre 'más cerca de Dios.'"

¿Es irracional Francis Collins, le falta sentido común, desconoce la evidencia y es intelectualmente deshonesto? ¿Te gustaría debatir con Francis Collins acerca de Dios basándose en la evidencia científica y el sentido común? Lo dudo.

Ni vos ni yo, sin entrenamiento en las ciencias, llegaríamos a entender algo de la evidencia que éste y muchos otros científicos ofrecen para creer en Dios.

Entonces, ya fue suficiente de utilizar clichés de dormitorio universitario sobre la "no evidencia" de la existencia de Dios. Como no sos científico, es poco probable que sepas acerca de la evidencia que los científicos creyentes ofrecen.

El artículo en el Times cita a Collins:

"Cuando tienes por primera vez al frente tuyo este libro de instrucciones de 3.100 millones de letras que transportan todo tipo de información y todo tipo de misterio acerca de la especie humana, es inevitable pasar página a página con asombro. No puedo evitar mirar esas páginas y tener un vago sentido de que estoy dando una ojeada a
la mente de Dios."


Viste estas instrucciones de 3.100 millones de letras? Sospecho que las entenderías tan poco como yo.

En una respuesta futura, me enfocaré en otros puntos de tu observación inicial. Pero responderé a uno ahora tu argumento de que el Dios de Prager o Collins está en la misma liga intelectual que la creencia en Zeus. ¿Acaso alguien que estudió el genoma humano discutió a favor de Zeus? ¿De qué estás hablando?

Responderé esa pregunta. Estás hablando como si te estuvieras dirigiendo a tus compañeros ateos que aclaman esas líneas que desprecian la fe en Dios. Piensan que el ridículo compensa su ignorancia acerca de la creencia sofisticada en Dios. Pero desafortunadamente para vos, en este diálogo no te estás dirigiendo a tus compañeros que creen en el ateísmo o gente que se burla de la religión. Estás dirigiéndote a una audiencia mixta y debatiendo con un hombre que conoce sus argumentos. Los escuchó en la escuela secundaria.

From: Sam Harris
To: Dennis Prager
Subject: La carga de la prueba cae sobre los fieles

Debería aclarar un par de conceptos errados que tienes sobre mí. Si bien me hace muy feliz que hayas admitido tu propia ignorancia sobre la ciencia relevante, no hay necesidad de que me atribuyas esa ignorancia a mí.

Aunque mi trabajo diario como infiel ha frenado mi progreso reciente, estoy en proceso de finalizar mi doctorado en neurociencia. Esto requiere que yo realmente entienda los desarrollos recientes en biología. Permíteme asegurarte que tengo una sólida base en ciencias de la vida y estoy muy al tanto del tipo de contorsiones que gente como Francis Collins hacen al servicio de sus mitos religiosos. Tu aseveración de que yo tendría miedo de debatir con Collins es especialmente divertida, dado que yo me ofrecí a debatir con él meses atrás, y el está aún considerándolo. Me aseguraré de invitarte a ese evento si es que alguna vez se le pone fecha.

Sin embargo estás en lo correcto al observar que muchos científicos creen en Dios. Ya lo indiqué en mi primer mensaje ("una persona puede tener suficientes recursos intelectuales...para crear una bomba nuclear..."). Pero en el mundo desarrollado este es un fenómeno estadounidense. E incluso en este ignorante país nuestro, la fe en Dios virtualmente desaparece entre los científicos más establecidos.

Una encuesta reciente de la Academia Nacional de Ciencias (nuestra organización científica más elitista) reveló que sólo el 7% de sus miembros creen en Dios comparado con el 40% de los científicos comunes y el 90% de toda la población). Aun así, yo sería el primero en admitir que hay un debate a ser librado y ganado en la comunidad científica sobre este punto. El hecho de que 40% de los científicos estadounidenses crea en Dios no indica que hay buenas razones para creer en Dios; indica que el 60% de los científicos no están haciendo su trabajo. La fe de gente como Collins está invariablemente apoyada por argumentos terribles del tipo de los que comenzaste a enumerar. Démosle una mirada a algunos de ellos.

Primero, el ateo que conjuraste - tan desbordante de falsa certeza - es un verdadero espantapájaros. La defensa de la religión es una que Bertrand Russel demolió hace un siglo con su famoso "argumento de la tetera". Como no puedo mejorarlo, y tú claramente lo has olvidado entre todos los desafios a la piedad que exitosamente evadiste "en la escuela secundaria", aquí va de nuevo:
Muchas personas ortodoxas hablan como si fuera la obligación de los escépticos refutar los dogmas recibidos en lugar de ser los dogmáticos quienes deberían probarlos. Esto es, por supuesto, un error. Si yo sugiriese que entre la Tierra y Marte hay una tetera china girando alrededor del Sol en una orbita elíptica, nadie podría refutar mi aseveración si además yo tuviese cuidado de agregar que la tetera es demasiado pequeña para ser revelada aun por los telescopios más poderosos. Pero si dijese que, ya que mi aseveración no puede ser refutada, es una presunción intolerable por parte de la razón humana dudar de ella, podría pensarse correctamente que estoy hablando sin sentido.

Si alguna respuesta válida a Russel ha visto la luz del día alguna vez, no estoy enterado.
Los fieles resisten las falsas certezas de la religión - cuando provienen de cualquier religión excepto la propia. Cada cristiano sabe cómo es encontrar las aseveraciones de los musulmanes profundamente sospechosas. Todos los que no son mormones saben rápidamente que el mormonismo es un sistema de creencias obscenamente estúpido. Todos han rechazado una cantidad infinita de afirmaciones espúreas sobre Dios. Los ateos simplemente rechazan una más.

El ateísmo no asevera que "todo es hecho por azar". Nadie sabe por qué el universo comenzó su existencia. La mayoría de los científicos admiten su ignorancia sobre este punto. Los creyentes religiosos no. Una de las ironías extraordinarias del discurso religioso puede verse en la frecuencia con que la gente de fe se exhalta a sí misma por su humildad, mientras condena a los científicos y a otros no-creyentes por su arrogancia intelectual. Han hecho un trabajo fino de esto. Y aun así, no hay visión en el mundo que sea más reprochable en su arrogancia que la de un creyente religioso. El creador del universo tiene un interés activo en mí, me aprueba, me ama, y me premiará después de la muerte; mis creencias, tomadas de las escrituras, seguirán siendo la mejor declaración de la verdad hasta el fin del mundo; todos los que están en desacuerdo pasarán la eternidad en el infierno...

Un creyente promedio ha alcanzado un nivel de arrogancia que es simplemente inimaginable en el discurso científico - y ha habido algunos científicos extraordinariamente arrogantes.

Tú sugieres que la existencia del universo demuestra la existencia de Dios. ¿Por qué? Porque todo lo que existe debe tener una causa. Es sorprendente cuanta gente encuentra compulsivo a este argumento.

¿Quién puede decir que lo único que puede dar origen al universo es un dios personal? Incluso si aceptamos que nuestro universo simplemente tuvo que haber sido diseñado por un diseñador, esto no sugeriría que este diseñador es el dios de Abraham, o que Él aprueba el judaísmo o el cristianismo. Si está diseñado inteligentemente, nuestro universo podría ser una simulación corriendo en una supercomputadora extraterrestre. O podría ser el trabajo de un dios malvado, o dos de esos dioses jugando una "cinchada" en un cosmos más grande. Si Dios creó el universo, ¿qué creó a Dios? Decir que Dios es increado simplemente impone la pregunta. ¿Por qué no puedo decir que el universo es increado? Espero ansiosamente tu demostración de "creencia en Dios intelectualmente sofisticada", Dennis. Pero tendrás que hacerlo mejor que esto.

From: Dennis Prager
To: Sam Harris
Subject: Espantapájaros, Teteras y Confusión Moral

Querido Sam:
Puedo haber errado en asumir que tú, como yo y casi todos los demás mortales, no podrían compararse con el Dr. Francis Collins - cabeza del proyecto genoma humano - en su conocimiento de la genética humana. Por lo que si, como estudiante graduado en
neurociencia, ya has alcanzado el nivel de experiencia de Collins, te saludo y te excluyo de la vasta mayoria de los ateos o teístas que no podrían debatir con él sobre la ciencia que lo lleva a creer en Dios.

Mi punto sigue siendo válido, como tú graciosamente concedes. El conocimiento científico difícilmente invalida la creencia de que hay un Dios. Al contrario, hay más creyentes en Dios en las ciencias naturales que en las ciencias sociales. Esto sugiere que es la ausencia virtual de Dios en la educación, no el conocimiento de la ciencia, lo que posiblemente cuente en el ateísmo de los académicos.

Noto que no respondiste a mi rechazo de tu comparación de la creencia en Zeus con la creencia en Dios. Estuviste listo en evitarla. Ese es un argumento intelectualmente tonto, e impropio de un ateo serio.

Escribes "el ateo que conjuraste - tan desbordante de falsa certeza - es un verdadero espantapájaros". "¿Espantapájaros?" Sam, no hay un solo lector honesto de tu primera carta que pudiera suponer nada excepto certeza de tu parte. Tu rechazo a la creencia en
Dios como intelectualmente idéntica a la creencia en Zeus prueba mi punto, porque tanto tú como yo tenemos la absoluta certeza de que Zeus no es Dios.

Y si tú realmente no tienes la certeza de que no hay Dios, nivela tus dudas con nosotros como yo hice con las mías.
El argumento de la tetera es totalmente inaplicable conmigo. Nunca escribí que el ateísmo falle porque no puede demostrar la no existencia de Dios. ¿Estás respondiendo a lo que escribí, o sólo asumiendo que caigo de tu caricatura de los creyentes ?
De todas maneras, estoy agradecido de que hayas traido a Bertrand Russell a la discusión. Russel es un fino ejemplo de una de las mayores razones por las que rechazo el ateísmo. En occidente, las personas y sociedades que rechazan al Dios de las religiones Judeo-Cristianas son más propensas a resultar moralmente confundidas y sin sentido que los creyentes judíos y cristianos.

Bertrand Russell, el gran ateo, fue, para ponerlo de manera amable, un hombre muy moralmente confundido. Entre sus muchas ideas confundidas, estaba impulsar la guerra preventiva (incluyendo, si fuese necesario, el uso de bombas nucleares) contra la Unión Soviética después de la 2da. Guerra Mundial, y luego, después de que la Unión Soviética tuviera armas nucleares, abogó por el desarme de Estados Unidos y Occidente.

El secularismo habitualmente produce un sinsentido moral e intelectual en personas e instituciones. Mi principal evidencia es la universidad estadounidense contemporánea, que es un lugar de confusión moral e intelectual tan profunda que uno debe buscar muy intensamente para encontrar equivalentes religiosos cristianos o judíos.

Esta es la razón por la que escribí una columna hace años titulada "Cómo encontré a Dios en la Universidad de Columbia". Los profesores en donde hice mi trabajo de graduación, en la Escuela de Asuntos Internacionales de la Universidad de Columbia, estaban equivocados en virtualmente todos los temas importantes.

Para dar sólo un ejemplo del sinsentido que está presente a lo largo del mundo secular, sin religión y sin Dios, el presidente de la Universidad de Harvard, Lawrence Summers, fue expulsado de su cargo por la comunidad educativa de Harvard porque tuvo la
audacia de decir que las diferencias entre el cerebro del hombre y la mujer podría ser responsable por sus diferentes predilecciones por las ciencias y las matemáticas. Como los Salmos lo pusieron miles de años atrás, "La sabiduría comienza con el temor a Dios" (N. del T. : Salmos 111:10). La falta de sabiduría en el templo secular, la universidad- donde EEUU es el villano del mundo, donde mujeres y hombres son tratados esencialmente como iguales, y donde el marxismo ha sido tomado seriamente por generaciones- valida el punto de vista del escritor del Salmo.

Por eso, gracias por levantar a Bertrand Russell. Si bien su argumento de la tetera china es irrelevante para todo lo que he escrito o creo, su visión moralmente confundida del mundo me ayudó a entender cuán indispensable es Dios para la moralidad y sabiduría, sobre lo cual (especialmente a partir de tu caracterización de este país como "ignorante") voy a escribir más en mi próxima carta.

Cuidate.
Dennis

From: Sam Harris
To: Dennis Prager
Subject: Un argumento irrelevante y sus hechos imaginarios

Este debate está llegando rápidamente a su fin, Dennis, y no has tocado mis argumentos ni presentado ninguna argumentación importante propia.
Ciertamente no dije que yo poseyera el nivel de experiencia de Collins. De todas maneras, estoy suficientemente familiarizado con la ciencia relevante como para saber que Collins no sostiene sus creencias sobre Dios por razones compulsivas científicas. Tú pareces más bien sobreextasiado por las credenciales académicas de este hombre. Permíteme asegurarte que incluso los científicos con muchos logros pueden ser filósofos terriblemente malos.
Collins, como probablemente sabes, acaba de publicar una defensa de la religión del tamaño de un libro, intitulada "El lenguaje de Dios". Es una obra maestra del pensamiento simplista. Por ejemplo, Collins describe el momento en que él, un científico de alto rango, se convenció de la divinidad de Jesucristo:

"En un hermoso día de otoño, mientras caminaba por las montañas Cascade... la majestuosidad y belleza de la creación de Dios superó mi resistencia. A medida que rodeaba una cornisa y veía una hermosa e inesperada cascada congelada, de cientos de pies de altura, supe que la búsqueda había terminado. La mañana siguiente, me arrodillé en la hierba húmeda por el rocío cuando el Sol salía y me rendí a Jesucristo".

Un perfil reciente de Collins publicado en Time agrega un detalle invaluable: La cascada estaba congelada en tres vertientes, ¡y eso trajo a la mente del buen doctor a la Trinidad! Escribiste antes que yo no podría "siquiera entender" la evidencia que un genio como Francis Collins pondría en defensa de su fe. Te confieso que puede ser que estés acertado en eso.

Espero que sea inmediatamente obvio para tí, y para todos nuestros lectores, que no hay nada en ver una cascada congelada (no importa cuán congelada) que ofrezca la más mínima corroboración de la doctrina del cristianismo. Si la belleza de la naturaleza puede significar que Jesús es el hijo de Dios, entonces puede significar completamente cualquier otra cosa.
Digamos que yo vi la misma cascada y que sus tres vertientes me hicieron pensar en Rómulo, Remo y la Loba - los míticos fundadores de Roma -. Así supe, desde ese momento en adelante, que Italia podría ganar algun día la Copa del Mundo. Esta epifanía, aun siendo perfectamente psicótica, podría de hecho ponerme en suelo más sólido que Collins (porque Italia de hecho ganó la Copa del Mundo).
La razón por la que la ciencia (especialmente en EE.UU.) no inocula mejor a sus practicantes contra la creencia de que Jesús es el hijo de Dios (o que Joseph Smith recibió la revelación final de Dios en placas de oro del angel Maroni) es porque es tabú desafiar seriamente la fe de una persona religiosa en nuestra sociedad. Me pregunto qué es lo que haces del hecho de que un número importante de científicos hindúes creen en una pluralidad de dioses. Te sugiere esto que el politeísmo ha sido respaldado por investigación científica imparcial?

También pareces haber arribado a la conclusión equivocada sobre las estadísticas. Hay muy pocos cuestionamientos sobre que la exposición a una educación científica reduce la tendencia de una persona a creer en Dios, y lo hace en más o menos un modo lineal (cerca del 10% de la población general es atea/agnóstica, 40% de los doctores, 60% de los investigadores científicos y 93% de los miembros de la Academia Nacional)

Un artículo de Nature reportó recientemente que ningún científico duda más de la existencia de Dios que los biólogos, seguidos de cerca por los físicos y los astrónomos. No estoy al tanto de la información que citas respecto de los científicos sociales, pero si es como informas, y ellos son más ateos aún, no me sorprendería. Después de todo, esa gente pasa mucho tiempo pensando en cosas como autoengaño, pensamiento mágico, polarización cognitiva y otros enemigos de la honestidad intelectual que mantiene a la religión tan bien parada en nuestra sociedad.

Dime por qué es más razonable creer en Yahweh que en Zeus. Tengo muy pocas dudas de que si Francis Collins hubiese crecido en una cultura en la cual nueve de cada diez personas veneraran los dioses del Monte Olimpo, esa cascada congelada habría llevado un mensaje decididamente pagano (tal vez habría pensado "tridente" en lugar de "trinidad" y establecido a Poseidón como su deidad favorita).

Tu trabajo es ya sea producir un argumento racional para la legitimación única de la tradición judeo-cristiana (una que revele porque mil millones de hindúes están tan absolutamente errados con respecto a la naturaleza del cosmos), o admitir que no puedes hacerlo. Y estoy deseando apostar la granja a que no puedes.

Traje el argumento de la tetera porque me acusaste a mí (y a todos los ateos) de estar seguros de que Dios no existe, invitando a todos los lectores a apreciar cuán absurda e intelectualmente deshonesta es tal certeza. El argumento de Russell revela por qué un ateo no necesita parecer tener tal certeza (como yo mismo no hago). La carga está del lado de los que creen en Yahweh, Zeus, o teteras celestiales de proveer evidencia para soportar sus doctrinas. El argumento de Russel de hecho aplica a tí. Y aplicará a tus hijos si no enderezamos nuestras cabezas como civilización.

Escribiste: "En occidente, las personas y sociedades que rechazan al dios de las religiones Judeo-Cristianas son más propensas a resultar moralmente confundidas y sin sentido que los creyentes judíos y cristianos."

Como sabes bien, Estados Unidos es único entre las democracias ricas en su nivel de adhesión religiosa. También está singularmente copado por las altas tasas de homicidios, abortos, embarazos adolescentes, enfermedades de transmisión sexual y mortalidad infantil. Los estados del sur y el medio-oeste, caracterizados por los más altos niveles de literalismo religioso, están especialmente plagados por las miserias mencionadas arriba, mientras que los estados comparativamente seculares del noreste van de acuerdo a las normas europeas. Claramente, el fuerte compromiso religioso hace muy poco para garantizar el comportamiento moral o la salud social.
Pero hay un punto muchísimo más importante para que tú y nuestros lectores entiendan. Incluso aunque sostuvieras que el vínculo entre la fe y la moralidad fuese cierto, esto no ofrecería ningún soporte de todas formas para tus creencias religiosas. Incluso si el ateísmo llevara directamente al caos moral, esto no sugeriría que la doctrina del judaísmo es verdadera. El Islam podría ser cierto en ese caso. O todas las religiones podrían funcionar como placebos. Como descripciones del universo, podrían ser totalmente falsas pero extraordinariamente útiles. Contrariamente a tu opinión, sin embargo, la evidencia sugiere que son falsos y peligrosos.
Sospecho, Dennis, que tú y yo coincidimos en muchas cuestiones de moralidad. Confío en que ambos sentimos que la esclavitud fue una abominación, independientemente del hecho de que no importa cómo entrecierres los ojos, la Biblia nos dice que está bien tener esclavos (¿Quién decide qué es lo bueno en el Buen Libro? Respuesta: Nosotros. Nuestras intuiciones morales son aún primarias. No tiene absolutamente ningún sentido, entonces, pensar que obtenemos nuestro sentido básico de lo correcto e incorrecto de las escrituras). Seguramente coincidimos en que lo políticamente correcto ha debilitado la integridad moral e intelectual de mucho de nuestro discurso, tanto en nuestras universidades como en todas partes.

Pero el vínculo que trazaste entre la inmoralidad y el ateísmo es espúreo. Y, no hace falta decirlo, el tabú que hizo que Lawrence Summers fuese echado es el mismo tabú que evitaría que un profesor criticara las locas convicciones religiosas de sus estudiantes. Lo que necesitamos, en todas partes, es honestidad intelectual - no más dogmatismo.

Parece que tu apego a la religión resulta, al menos en parte, de tu odio al relativismo moral. Comparto totalmente tus preocupaciones aquí y empleo una porción considerable de mis energías profesionales en tratar de liberar al secularismo del peligroso sinsentido con en cual habitualmente se lo mezcla. Sospecho fuertemente que tú y yo tenemos visiones similares sobre los riesgos puestos sobre la civilización por la difusión del Islam. Probablemente sacamos las mismas lecciones de las fallas del multiculturalismo en Europa occidental: Todo el atraso y barbarie que lleva el nombre de Islam europeo (los casamientos forzados, las muertes por honor, el antisemitismo, la hostilidad contra la libertad de expresión, y ese tipo de cosas) tiene que ser removido de esas poblaciones inmigrantes o el continente entero se encamina hacia las cataratas.

Pero está claro en nuestro debate que tú y yo diferimos en la ubicación del problema. Desde tu punto de vista, el problema debe ser que Europa ha perdido la columna vertebral moral que sólo la religión puede proveer (y sólo sucede que el Islam es
la religión incorrecta). Desde mi perspectiva, nuestro mundo ha sido partido, innecesariamente, por la religión misma. Como dije, incluso si tuvieras razón, y la única gente que pudiera invocar al coraje moral para combatir a los lunáticos religiosos del mundo musulmán fuesen los lunáticos religiosos de Occidente, esto no sugeriría nada acerca de la existencia del Dios biblico.
Solo mostraría que la creencia en Él podría ser políticamente necesaria, en un tiempo y lugar dados, para motivar a la gente a combatir a (como nuestro inimitable presidente dice) "los malhechores".
Estoy razonablemente seguro de que estás equivocado acerca de esto. Pero de nuevo, esto es bastante irrelevante para la pregunta que está ante nosotros.

From: Dennis Prager
To: Sam Harris
Subject: Correlaciones poco felices

Querido Sam:
El Dr. Collins no ofreció las tres cascadas como argumento para creer en la Trinidad, ni siquiera en tu cita aislada de su libro o en la oración aislada de Time. Todo lo que dijo fue que las tres cascadas le recordaban la Trinidad cristiana y que después de observar tan deslumbrante belleza se convirtió en un cristiano creyente.
Si un hombre dice que una hermosa flor le recuerda a su hermosa esposa, no está diciendo que la belleza de la flor prueba que su esposa es también bella. Las maravillas naturales suelen inspirar a una persona a reflexionar en lo divino. Tú ves la belleza natural y, por ese motivo, todo lo demás en el universo, y no ves a ningún creador, sólo coincidencia. Encuentro esta reacción al menos tan extraña como tú encuentras ver en la naturaleza la evidencia de un creador.

Los comentarios de Collins simplemente indican que él y otros científicos eminentes ven a la ciencia como argumentando en favor de un Dios creador. Si Collins ha dicho que la existencia de las tres cascadas le demuestran que existe una Trinidad, compartiría tu despectiva actitud. Pero estos comentarios ni siquiera implicaron algo tan descabellado.

Tú escribes que "Hay muy pocos cuestionamientos sobre que la exposición a una educación científica reduce la tendencia de una persona a creer en Dios", un punto que reconozco de lleno en mi última correspondencia. Pero la exposición a otras areas de educación más alta, específicamente las "ciencias sociales", reducen aún más la posibilidad de que una persona crea en Dios.

Tenemos entonces dos opciones sobre cómo interpretar esa información. Una es que cuanto uno más sabe, es menos probable que uno crea en Dios. Esa es tu interpretación. Yo tengo otra interpretación - la educación contemporanea de alto nivel aumenta el conocimiento factual y decrementa la sabiduría. Con algunas excepciones, creo que cuanto más tiempo uno pasa en la universiad, él o ella se vuelven menos sabios.

Sólo entre los entre los altamente educados están aún aquellos quienes creen que los hombres y las mujeres son básicamente lo mismo. Yendo atrás una generación o dos, el soporte a Josef Stalin, tal vez uno de los más grandes asesinos en masa de la historia, estaba casi totalmente confinado en occidente a los intelectuales. Los alemanes con doctorados también estuvieron entre los más grandes seguidores de Hitler. El registro moral de los intelectuales seculares -los "idiotas útiles" de Lenin- es el peor de cada grupo aislado en las sociedades libres en los ultimos cien años.

Por lo tanto no estoy tan sorprendido por la información que relaciona la educación secular con el ateísmo.
Escribes que "Tu trabajo es ya sea producir un argumento racional para la legitimación única de la tradición judeo-cristiana (una que revele por qué mil millones de hindúes están tan absolutamente errados con respecto a la naturaleza del cosmos), o admitir que no puedes hacerlo. Y estoy deseando apostar la granja a que no puedes".
No apuestes tu granja aún. Tengo, concretamente, hecho el caso en favor de la legitimación unica de la tradición judeo-cristiana en 25 ensayos que escribí en 2005. Alcanza con que los valores judeo-cristianos solos le dieron a la humanidad la noción de lo sagrado de la vida humana; la historia lineal y por lo tanto la idea de progreso científico y moral, estándares universales de bien y mal, la abolición de la esclavitud, el metodo científico, el desarrollo de la democracia, la igualdad de los sexos, el más grandioso experimento de sociedad no basada en etnias (Estados Unidos), la más grandiosa música jamás compuesta y el más gradioso arte jamás logrado.
Con respecto a India, he viajado una cantidad de veces y dado clases allí; tengo una profunda reverencia por su pueblo y cultura. Pero India no nos ha dado esas contribuciones. Ni China y ciertamente ninguna de las sociedades que fueron contemporáneas de los antiguos judíos, que nos dieron la Torah de donde emanan nuestros valores.
Presumiblemente tú asumes que todos esos valores que cambiaron al mundo y estos logros únicos habrían evolucionado por sí mismos sin Biblia hebrea, sin revelación divina, y sin cristianos para llevar la Biblia al mundo. Tú eres, después de todo, un creyente de que todo lo asombroso vino de la nada.
Así es como ves el mundo. Todo vino de la nada; la inteligencia vino de la no-inteligencia; el orden vino del caos. No puedo entender por qué alguien puede encontrar esas creencias racionalmente compulsivas. Lo único que puedo concluir es que se necesita una educación universitaria -la inmersión secular que comienza en la primaria- o antipatía hacia la religión.

Si quieres exponer tu caso sobre cómo el secularismo produce mejores personas en Estados Unidos, qué me dices de "apostar la granja" a lo siguiente: Te apuesto la suma que podamos solventar a que la gran mayoría de los asesinos y violadores en este país no eran religiosamente activos durante el tiempo en que cometieron sus violentos crimenes. Haría una segunda apuesta a que no tomas aquella apuesta.

Aquí hay otra correlación de la vida real para que ponderes. En su mayor parte, la Europa secular no podía indicar cuál era la diferencia moral entre Estados Unidos y la Unión Soviética y no puede establecer la diferencia entre Israel y sus enemigos. El Estados Unidos religioso sabía que la Unión Soviética era un "imperio maligno" y cree que hay un abismo que separa a Israel de sus enemigos. Y la Europa secular, como el Estados Unidos secular, ni siquiera se reproduce. El secularismo hace a la gente demasiado egoísta como para tener más de un hijo y/o destroza cualquier creencia en mantener la propia sociedad y cultura.

Finalmente, te felicito por reconocer la amenaza islámica y por aborrecer el relativismo moral que se infiltra en Occidente. Al contrario de la mayoría de los ateos, tú reconoces que el coraje moral para combatir el más grande de todos los males de hoy se encontraría en principio entre los judíos y cristianos religiosos. Le acredito ese coraje a la claridad moral inherente a las creencias judías y cristianas y a la creencia en Dios de esos judíos y cristianos. Todavía tengo que entender a qué le atribuyes el coraje entre los religiosos y la falta de columna vertebral moral en la Europa y Estados Unidos seculares.

Tienes razón en que esta claridad moral y coraje entre los predominantemente religiosos no prueba la existencia del Dios bíblico. Nada puede probar la existencia de Dios. Pero este es seguro un argumento poderoso: si la sociedad no puede sobrevivir sin x, entonces hay una buena chance de que x exista.

From: Sam Harris
To: Dennis Prager
Subject: Tres formas de equivocarse

Bien, parece que hemos arribado al final de nuestro debate sin un verdadero encuentro de opiniones. Dudo de que cualquiera de nosotros esperará cambiar los puntos de vista del otro sobre religión. Antes de salir, me gustaría señalar que has confiado en una variedad de estratagemas que no dan (incluso combinadas) ningún apoyo a tu posición.
1. Has observado que algunas personas muy inteligentes, como Francis Collins, creen en Dios.
Así como son las cosas, citar a tan buena compañía no aporta a un argumento - especialmente cuando las razones que esa gente ilustre tiene para creer en Dios son irrisorias. Desafortunadamente, es tu tratamiento de Collins el que "confunde". El extracto que entregué representa su propio relato del preciso momento en que sus dudas sobre el cristianismo fueron eliminadas. Y está bien que te avergüences por esto, dada tu confianza en él como uno de las grandes luminarias de la fe "sofisticada".

Voy a dejar que nuestros lectores consulten el libro de Collins y decidan por ellos mismos si el hombre arribó a su creencia en el Cristo resucitado a través de la ciencia de la biología molecular o por algún otro camino. Tú, sin embargo, harías bien en observar que hay una enorme diferencia entre (1) tomar una imagen del mundo a través del estudio científico e imparcial, y (2) tomarla a través de la emocionalidad y el pensamiento mágico, para luego ver si puede sobrevivir al contacto con la ciencia. Collins claramente ha hecho esto último.

El hecho de que el cristianismo evangélico pueda aún sobrevivir al contacto con la ciencia (debido a los baches en la ciencia) no significa que haya razones científicas para ser un cristiano evangélico. Y al margen de tus giros en torno a este tema, el hecho de que los científicos son, en todas partes, menos religiosos que los no científicos sugiere que la ciencia tiende a no apoyar la creencia religiosa.

2. Has, muy frecuentemente, ignorado el significado elemental de las palabras.

Confio en que los lectores atentos notarán dónde me has malinterpretado (o colocado una interpretación distorsionada de Collins, de la información de las encuestas, etc)

3. Has buscado permanentemente exponer que la creencia en Dios es útil.

Mientras que la utilidad de la religión podría valer la pena debatirla en otro contexto, es completamente irrelevante para la cuestión de si Dios existe (es debatible, por supuesto, porque la tradición judeo-cristiana, a la cual le adjudicas tanto del progreso de la humanidad, ha esparcido también mucha miseria - e incluso produjo a Stalin, el peor de los peores).

El hecho de que ciertas creencias religiosas puedan ser útiles no sugieren, de ningún modo, su legitimación. Puedo garantizar, por ejemplo, que la siguiente religión, inventada por mí en los últimos diez segundos, podría ser extraordinariamente útil. Se llama "Cientismo". Aquí esta el credo: Sé bueno con los demás; no mientas, robes o mates; y obliga a tus hijos a dominar las matemáticas y la ciencia al máximo de sus posibilidades o 17 demonios te torturarán con pinzas calientes por la eternidad después de morir. Si pudiese esparcir esta fe a miles de millones, tengo pocas dudas de que viviríamos en un mundo mejor del que vivimos en la actualidad. ¿Sugeriría esto que los 17 demonios del Cientismo existen? Los engaños útiles no son lo mismo que las creencias verdaderas.

Con respecto a tu apuesta acerca de la religiosidad de asesinos y violadores -depende, por supuesto, de lo que entiendas por "religiosamente activo": si estás sugiriendo que estos delincuentes violentos rara vez creen en tu Dios bíblico, estaré feliz de aceptar esta apuesta. La tasa de creencia entre los asesinos y violadores en los Estados Unidos debe exceder la tasa de no-creencia. Estaría incluso dispuesto a darte ventaja. Podemos dejar de lado a los miles de violadores de niños ordenados en la Iglesia Católica (¿o no son ellos "religiosamente activos" a tus luces?).

Tambien debería apuntar que tu cerraste tu última misiva con una falacia. Escribiste:

"Tienes razón en que esta claridad moral y coraje entre los predominantemente religiosos no prueba la existencia del Dios bíblico. Nada puede probar la existencia de Dios. Pero este es seguro un argumento poderoso: si la sociedad no puede sobrevivir sin x, entonces hay una buena chance de que x exista. "
No, Dennis, esta claridad moral no es un "argumento poderoso" o ni siquiera un argumento; por favor, mantené tus equis correctamente. Si la humanidad no puede sobrevivir sin 'una creencia en Dios', esto sólo significa que 'una creencia en Dios' existe. Esto no sugeriría, ni remotamente, que Dios exista.
Una ironía adicional, por supuesto, es que la amenaza sobre la civilización que nos preocupa a ambos -el fascismo islámico- es puramente el producto de la fe religiosa, mantenida precisamente por las razones (o pseudo-razones) que tú defiendes. Si los musulmanes no pensaran en ellos mismos como "Musulmanes", los judíos como "Judíos" y los cristianos como "Cristianos", no estaríamos en este lío. Permíteme asegurarte que los musulmanes "sofisticados" apelan a las mismas racionalizaciones que Francis Collins hace para apoyar su creencia en el poderoso Alá. De hecho, tu "deslumbrante belleza de la naturaleza" es una de las razones fundamentales más importantes para la fe encontrada en el Corán. ¿Cuánta más gente tendrá que morir debido a esta respuesta de la Edad del Hierro a la belleza de la naturaleza?
Sin ninguna otra cosa, nuestro debate claramente revela cuán difícil es cambiar la opinión de otra persona sobre este tema. Tal vez algunos de nuestros lectores han desplazado su punto de vista en uno u otro sentido. Cualquiera que haya sido el resultado, estoy feliz de que nos hayamos tomado el tiempo para intercambiar correspondencia.

Te deseo lo mejor,

Sam

From: Dennis Prager
To: Sam Harris
Subject: Tu tarea es por lejos mucho más grande que la mía

Dejaré que nuestros lectores identifiquen quién se apoyó en "estratagemas".
Para ayudarlos a que juzguen, citaré tus palabras y no me apoyaré en parafrasear tus puntos de vista como tú has hecho con los míos.
Escribes: "Has observado que algunas personas muy inteligentes, como Francis Collins, creen en Dios."

Yo no escribí eso. Escribí que algunos científicos eminentes creen en Dios y que algunos de ellos han comenzado a creer en Dios a través de la ciencia. El punto era científicos y creencia, no "personas muy inteligentes" y creencias. De hecho, sin implicaciones hacia tí, casi nunca he encontrado "personas muy inteligentes" que no creyeran en Dios. La gran mayoría de los ateos que he conocido tenían buen cerebro, pero si "inteligente" incluye sabiduría, profundidad intelectual, profundidad de pensamiento, y discernimiento moral, he encontrado tales personas casi exclusivamente entre los creyentes del dios judeo-cristiano (que conste también que he conocido tontos que creen en este dios).

Escribes: "Confío en que los lectores atentos notarán dónde me has malinterpretado (o colocado una interpretación distorsionada de Collins, de la información de las encuestas, etc.) y luego forzaste un falso cargo".

Continúo defendiendo mi ententendimiento sobre Collins - de hecho, en mi programa de radio le pregunté sobre las cascadas y él sostuvo mi entendimiento, no el tuyo (la entrevista completa con él esta disponible en mi sitio web).

Tú nunca aceptaste mi apuesta que la gran mayoría de los criminales violentos no eran religiosamente activos cuando cometieron sus crimenes. En lugar de esto, tú redefiniste "religiosamente activo" para que significara creer en el Dios bíblico. Todos los que usan el término, saben que no se refiere a la creencia; se refiere a ser activo dentro de una religión, como lo es asistir regularmente a la iglesia o sinagoga, estudio bíblico, etc. Tú sabes tan bien como yo que esa gente no está proporcionalmente representada entre los criminales violentos de Estados Unidos. Así que redefiniste "religiosamente activo" para evitar la apuesta.

Escribes: "Mientras que la utilidad de la religión podría valer la pena debatirla en otro contexto, es completamente irrelevante para la cuestion de si Dios existe." Coincido contigo. Mi argumento es que, al contrario de lo que sucede con el Estados Unidos judeo-cristiano, las sociedades seculares -significando en general aquellas de Europa Occidental- pierden su deseo de sobrevivir (por no reproducirse), y no se comprometen con nada (fueron muy moralmente indiferentes durante la guerra fría contra el comunismo y son indiferentes o peor que eso en ayudar a mantener vivo a Israel en contra de los musulmanes que juraron exterminar el estado judío). Cuando la gente se da cuenta de esto, pueden llegar a la conclusión de que algo que se necesita para que la sociedad sobreviva -la creencia en el Dios de Israel- puede de hecho existir.

Escribes que la tradición judeo-cristiana "incluso produjo a Stalin". Tengo que admitir que esta es la primera vez en mi vida debatiendo con ateos. Sólo puedo imaginar que te refieres al hecho de que Stalin asistió al seminario cristiano cuando joven. ¿Y qué? Stalin fue un ateo apasionado que mató a un número no establecido de clérigos cristianos, destruyó virtualmente toda iglesia en Rusia, y forzó a los estudiantes soviéticos a estudiar "ateísmo científico". Si esas violentas políticas pro-ateas hubieran sido producidas por la tradición judeo-cristiana, entonces las palabras no tienen sentido.

Escribes: "Los engaños útiles no son lo mismo que las creencias verdaderas."

Esto es totalmente cierto. Sin embargo, si lo que puede ser un "engaño útil" es responsable de que la civilización judeo-cristiana termine con la esclavitud, descubra la ciencia y el metodo científico, afirme la racionalidad, crea en el progreso (la Torah fue única en repudiar la vision cíclica de la vida), elevar los derechos de las mujeres, afirmar los derechos humanos universales, establecer la santidad de la vida humana, y mucho más, entonces rechazaría menoscabarla como un mero "engaño útil".

Escribes: "Si la humanidad no puede sobrevivir sin 'una creencia en Dios', esto sólo significa que 'una creencia en Dios' existe. Esto no sugeriría, ni remotamente, que Dios exista.". Esta afirmación es tan novedosa como la que sugería que Stalin fue producto de valores judeo-cristianos. Es difícil para mí imaginar que algún lector imparcial pueda arribar a la misma conclusión. Si ambos reconocemos que sin creencia en Dios la humanidad se autodestruiría, es bastante distendido decir que esto de hecho no "sugiera, ni remotamente que Dios exista". Puedes mencionar una cosa que no exista pero que sea esencial para la supervivencia humana?

Concluyes: "Sin ninguna otra cosa, nuestro debate claramente revela cuán difícil es cambiar la opinión de otra persona sobre este tema. Tal vez algunos de nuestros lectores han desplazado su punto de vista en uno u otro sentido. Cualquiera que haya sido el resultado, estoy feliz de que nos hayamos tomado el tiempo para intercambiar correspondencia.".

También estoy feliz de que nos hayamos tomado el tiempo para este intercambio. Pero nunca entré en este debate con alguna esperanza de cambiar tu opinión en este tema. El lema de mi programa de radio es "Prefiero la claridad al acuerdo", y es por eso que estuve de acuerdo en hacer esto. Quise que los lectores consiguieran claridad sobre las diferencias entre el ateísmo y el teísmo judeo-cristiano.

Y con ese objetivo en mente, finalizaré con mi replanteo del magnífico resumen del argumento por la creencia en Dios que hizo el rabino Miton Steinberg (1903-1950), un rabino racionalista (y no ortodoxo): "El creyente en Dios tiene que responder por la existencia del sufrimiento injusto; el ateo tiene que responder por la existencia de todo lo demás".

Y eso es por lo cual tu tarea, Sam, es infinitamente más grande que la mía.

Te deseo lo mejor,
Dennis

mercredi 12 décembre 2007

JUICIO A DIOS
Diez razones religiosas


JOHN RADFORD
Pofesor Emérito de la Universidad de East London, Inglaterra.


Durante siglos los filósofos han discutido sobre su creencia en la religión, o Dios, o alguna religión en particular. Todos los argumentos clásicos a favor son, según yo, falsos. En la vida cotidiana, en conversaciones con amigos y colegas o evangelistas de puerta en puerta, uno se encuentra con argumentos como el de diseño o el argumento de la primera causa. El primero dice, esencialmente, que el universo es muy ordenado y que es muy difícil de que hubiera aparecido por mera coincidencia así que debió haber sido diseñado por alguien, y ese debió haber sido Dios. De hecho, el universo no está particularmente ordenado y es el resultado de innumerables pequeños cambios a través del tiempo, algunos funcionando mejor que otros y por lo tanto duran más. El segundo argumento es que todo viene de algo que le precede, como una planta de una semilla de otra planta. El universo debe haber venido de algo más y ese algo debe ser Dios, quien es un ser “necesario”, autocreado o siempre existente. Pero si pudiera haber un Dios “necesario”, entonces también debe haber un universo “necesario.”
Frecuentemente, además, uno escucha otras razones en favor de la religión, a las cuales creo que los filósofos profesionales no les darían cabida. Aquí hay algunas que he encontrado, junto con breves comentarios —no respuestas completas, sólo indicaciones de por qué no las encuentro convincentes. Los títulos son míos. Utilizo la palabra escrituras para los textos santos de cualquier religión, aunque normalmente es la cristiana.


1. Argumento de la autoridad. Nuestras escrituras vienen directamente de Dios y han sido transmitidas por hombres guiados de manera divina desde entonces. Por lo tanto deben ser verdaderas.
Comentario: No hay una razón válida para creer en Dios, todas las escrituras tradicionales que conozco son conglomerados de escrituras de varias fuentes, hechas por distintas razones y recolectadas más o menos arbitrariamente.


2. Argumento histórico. El Nuevo Testamento (en particular) es un registro histórico de eventos extraordinarios sobre la crucifixión, muerte, entierro y resurrección de Jesucristo. Esto prueba la verdad del cristianismo.
Comentario: En realidad, las narraciones del evangelio sobre estos eventos fueron escritos mucho tiempo después, basándose presumiblemente en tradición oral. No existe evidencia corroborativa de otras fuentes. Son tan confiables como los cuentos del Rey Arturo. Y también contienen tantos elementos de otros ritos religiosos de Medio Oriente que son virtualmente indistinguibles de ellos.


3. Argumento de lo único. Jesucristo (en particular), al afirmar que es el Hijo de Dios, estaba diciendo la verdad o era el charlatán más grande que ha existido.
Comentario: Varias personas han afirmado ser, no sólo los hijos de Dios, sino el mismo Dios. Algunos están en hospitales psiquiátricos, otros incluyen varios emperadores romanos y al mago del siglo XX Aleister Crowley. El emperador de Japón afirmaba ser divino hasta que los ganadores de la Segunda Guerra Mundial le hicieron renunciar a ese status.


4. Argumento de la experiencia personal. “He experimentado a la religión/Dios directamente en mi vida y sé que es verdad.”
Comentario: Uno no puede negar la realidad de la experiencia de otra persona. La pregunta es, ¿qué es la experiencia? Experiencias similares se reportan por todo el mundo y se toman como prueba de la religión local. En el mejor de los casos, sólo una puede ser verdad, y esto no parece posible. Experiencias aparentemente idénticas son reportadas por individuos no religiosos e interpretadas en formas no religiosas.


5. Argumento de milagros. Han ocurrido eventos que no pudieron haber pasado y estos prueban la intervención divina.
Comentario: La mayoría de los “milagros” son triviales, como estatuas que lloran lágrimas de sangre, que lo mejor que puede uno decir es que Dios tiene un maravilloso sentido del humor. Más seriamente, los milagros en realidad no tienen sentido. Un muerto no puede volver a la vida, ya que la muerte se define como la condición en la cual la recuperación no es posible. Alguien que está casi muerto, o aparentemente muerto, puede recuperarse, con asombro general, y esto sin duda fue el origen de muchas historias milagrosas, especialmente en la antigüedad cuando el conocimiento médico era rudimentario. (Hoy en día, los milagros de curación de la Iglesia Católica Romana deben ser inexplicables por el conocimiento médico. Dios aparentemente se mantiene al tanto de estos cambios.)


6. Argumento que explica todo. Si uno lee nuestras escrituras verán que dan una explicación completa sobre todo. Ningún otro escrito lo hace.
Comentario: Ningún libro puede dar una explicación completa de todo y afirmar esto es ampliar tanto el sentido de la “explicación” y la interpretación de un texto que las dos pierden sentido.


7. Argumento del potencial humano. Los seres humanos tenemos muchos atributos, como la capacidad de amor, el valor y la creatividad, que no pueden ser explicados. Su origen debe ser divino.
Comentario: No hay razón para pensar que todos los atributos humanos, buenos y malos, no tengan los mismos orígenes, llámese la evolución tanto física como social. La psicología puede de hecho ofrecer una explicación convincente del amor así cómo de, digamos, dificultades en la lectura.


8. Argumento de sobrevivencia. ¿A dónde vas cuando te mueres? Tienes que ir a algún lado y esto prueba que lo que dice la religión es la verdad.
Comentario: Cuando mueres, ya no hay un “tú” que vaya algún lado. “Yo” no soy un ente separado viviendo en mi cuerpo, sino una entidad funcional total. Cuando el cuerpo deja de operar y muere, las memorias, los pensamientos y los sentimientos dejan de existir. La personalidad no es la misma cosa que el cerebro y el cuerpo, pero no puede existir sin su sustrato físico. (Podemos ver cómo las dos se desintegran al mismo tiempo en enfermedades como la de Alzheimer).


9. Argumento del éxito. Mi religión es la más grande (o que crece más rápidamente o la más antigua) en el mundo y por lo tanto debe estar en lo correcto.
Comentario: Antiguamente, casi todos creían que la Tierra era plana. Y no lo es.


10. Argumento de la justicia. En este mundo, mucha gente mala trata de escapar sin castigo, mientras la gente buena sufre. En un sistema religioso, eventualmente pagarán por sus crímenes, si no ahora después de la muerte y la bondad será recompensada. Esto es claramente mejor y por lo tanto la religión debe ser real.
Comentario: Además del hecho de que no hay vida después de la muerte, no existe razón alguna en creer que el universo debe ser como quisiéramos que fuera. Es nuestra labor promover la justicia aquí y ahora; nadie más lo hará por nosotros.


Todos estos argumentos me los han dicho seria y sinceramente, generalmente personas inteligentes y educadas. Se me hacen tan equivocadas que sólo pude sacar una conclusión: que no son realmente razones sino racionalizaciones. Por lo menos para mucha gente, la convicción religiosa es primero, por cualquier causa, y los convencidos buscan argumentos que para ellos tienen sentido, para apoyarse. Esto es en realidad un proceso bien documentado, aún en campos no emocionales de la investigación psicológica tales como resolver problemas. Es por ello que nunca puedes convencer al evangelista de puerta en puerta. Él no está discutiendo, sino expresando convicciones. Pero con aquellos que no estén tan aferrados, razonar podría traer un rayito de luz a la caverna de la fe y así el prisionero podría eventualmente encontrar la manera de salir.
Desde luego, podría ser que estoy tan convencido de mi propia posición que estoy meramente racionalizando mis objeciones a estos razonamientos religiosos. Debo pedirle a mis lectores que decidan por sí mismos.


Publicado en Free Inquiry Otoño 2002


Traducción: Mario Méndez López

MARIO MÉNDEZ ACOSTA
Presidente de la Sociedad Mexicana para la Investigación Escéptica


“El santo que nunca fue” podría sonar como el titulo de una novela de suspenso barata de los años cuarenta, algo escrito por Leslie Charteris o de G.K Chesterson. Pero se asemeja más a un melodrama moderno. Es la historia de cómo la iglesia católica, sólo para probar su fuerza, intentó demostrarle al mundo que tenía el poder de cambiar la realidad; canonizando a un hombre que todos en el fondo sabían que nunca existió. Me refiero a Juan Diego el indio azteca que supuestamente atestiguó la aparición de la Virgen María como la Virgen de Guadalupe.
En el siglo dieciséis el nombre “Juan Diego” significaba algo así como “Juan Pérez”: un hombre cuyo nombre e identidad no sólo son desconocidos sino también carentes de importancia.
A través de los siglos la iglesia ha promovido varias investigaciones sobre la realidad de Juan Diego. Es un problema importante, dado que la Virgen de Guadalupe —en cuya forma de Virgen María asumió la fisonomía de una mujer india americana— es la figura central de devoción para los católicos en toda América Latina. En el siglo diecinueve, el obispo de la ciudad de México, Labastida, promovió una investigación, encabezada por el historiador Joaquin García Icazbalceta, devoto católico. Icazbalceta le escribió un reporte confidencial al obispo, en el que claramente refutaba la existencia de Juan Diego.
Real o no, Juan Diego fue hecho santo en julio del 2002. En la escena del evento, el clérigo Miguel Olimón —historiador de la Universidad Pontificia de México, una oficial y muy prestigiada institución católica— mencionó otra investigación. Dicha investigación también debatía sobre la existencia de Juan Diego. Olimón fue censurado y amenazado por la corriente aparicionista. Actualmente un obispo lamentó públicamente que no existiera más la Inquisición para callar a los alborotadores como Olimón. A pesar de ello, este historiador publicó su trabajo. Una editorial española, Plaza & Janés aceptó el manuscrito y lo publicó este año con el titulo de La búsqueda de Juan Diego.
Ciertamente los primeros datos en el expediente histórico de Juan Diego, hacen muy poco por inspirar confianza. Como David Brading de la Universidad de Cambridge señala, la imagen de la virgen que supuestamente fue milagrosamente impresa sobre el ayate de Juan Diego en 1531, la primera referencia registrada data de 1555 o 1556. Otro sacerdote historiador, Stafford Poole de Los Angeles, señala que Juan Diego como tal no aparece en ningún registro hasta 1648, cuando Miguel Sánchez, un escritor teólogo que radicó en Nuevo México (después México), lo menciona en su libro The apparittions of the Virgen Mary (Las Apariciones de la Virgen Maria).
El siguiente año, la historia de Juan Diego resurge en otro libro titulado Nican Mopohua, escrito en la lengua náhuatl de los aztecas por el sacerdote criollo, Luis Lasso de la Vega. La trama del Nican Mopohua es simple, está basada en otras leyendas antiguas como la de Moisés en el Monte Sinaí. El libro afirma que, en 1531, justo diez años después de que los españoles guiados por Hernán Cortéz conquistaran el imperio azteca, un indio cristiano llamado Juan Diego ascendió al monte del Tepeyac, justo al norte de la Ciudad de México. En la cima del monte la Virgen se le apareció y le pidió que construyera un templo en ese lugar. Juan Diego le contó al obispo Juan de Zumárraga lo que había (visto) escuchado. El obispo le pidió algún tipo de prueba. Después de varios encuentros con la Virgen, ésta le dio instrucciones de recoger algunas flores silvestres y que las llevara en su ayate para que el obispo las pudiera ver. Cuando Juan Diego regresó al recinto del obispo en el centro de la Ciudad de México, abrió su ayate y las rosas cayeron a la tierra. Sobre su tilma o ayate había aparecido la imagen de la Virgen, supuestamente la misma imagen se exhibe hoy en día en la Basílica de Guadalupe.
Esta historia tiene varias lagunas. Primero, El obispo Zumárraga no era obispo todavía. Fue consagrado hasta 1534. Segundo, hasta su muerte en 1548, Zumárraga nunca mencionó nada relacionado a este tema. Finalmente en un catecismo que escribió el año anterior a su muerte, claramente señaló: “El Redentor de este mundo no quiere más milagros, porque no son más necesarios”. El silencio de este obispo —más, su hostilidad hacia los milagros de última hora— es elocuente. Nadie escribiría algo sobre las supuestas apariciones en más de cien años.
Los cultos a la Virgen en el monte del Tepeyac comienzan alrededor de 1550. El primer templo fue construído dos años después a cargo del sucesor de Zumárraga, Alonso de Montufar. Se sabe que el obispo Montufar encargó la ahora sagrada imagen de Marcos Cipac de Aquino, un pintor indio famoso en la región norte de la ciudad. El pintor basó su boceto inicial en una imagen ya existente de la Virgen de Guadalupe, reverenciada por los habitantes de Extremadura, provincia de España.
Desde septiembre de 1556, Francisco de Bustamante, cabeza provincial de los franciscanos en México, leyó un memorable sermón en el que claramente desmintió todo el mito: “La devoción que ha crecido en una capilla dedicada a Nuestra Señora, llamada de Guadalupe, en esta ciudad es en gran manera dañina para los nativos, pues les hace creer que la imagen pintada por Marcos el indio es de alguna forma milagrosa”.
En 1569, Martín Enríquez de Almanza, cuarto Virrey de México, denominó el culto de la Virgen de Guadalupe como una impostura dañina, de hecho como una adoración disfrazada de la deidad azteca Tonantzin.
El libro de Olimón examina también los estudios hechos en torno a la tan renombrada prenda milagrosa como tal. En 1982, Guillermo Schulenburg, abad de la Basílica de Guadalupe, hizo examinar la imagen por un experto restaurador de arte. José Sol Rosales, quien determinó que la imagen fue realizada utilizando variantes de la técnica que hoy se conoce como (template painting) pintura de plantilla. Los pigmentos son una mezcla de extracto de caccus cacti, sulfato de calcio y hollín, usado comúnmente en el siglo dieciséis. (En 1996, Schulenburg fue forzado a renunciar después de exponer públicamente que Juan Diego era una figura mítica).
Esos eruditos religiosos clérigos que han puesto en duda la veracidad de la historia de Juan Diego, han sido objeto de un verdadero linchamiento por parte de los medios. Hay pocos ejemplos modernos de tanto odio expresado por parte de la iglesia en contra de aquéllos que difieren de la prevaleciente “verdad oficial”.
La canonización de Juan Diego claramente representa a la moderna Iglesia Católica Romana y toda su histórica intolerancia e irracionalidad. Esto no es ninguna sorpresa para muchos mexicanos que nunca aceptaron la nueva cara de la Iglesia que pretendía mostrar tolerancia y moderación.

Referencias
Joaquín García Icazbalceta, “Juan Diego y las Apariciones del Tepeyac” (Ciudad de México: Publicaciones para el Estudio Científico de las Religiones, 2002), pp. 3-8
Luis Alfonso Gámez, “Juan Diego. ¿El santo que nunca existió?” Diario El Correo, 27 de julio de 2002 (Bilbao, España).
Miguel León Portilla, Tonantzin-Guadalupe. Pensamiento Náhuatl y mensaje Cristiano (Ciudad de México: Fondo de Cultura Económica, 2000).
Manuel Olimón, La Búsqueda de Juan Diego (Ciudad de México: Plaza & Janes, 2002).

Publicado en Free Inquiry, Invierno 2002/03
Traducción: Héctor Ayala Correa

¿EXISTE DIOS?


Dr. Serafín Mercado
Investigador de la Facultad de Psicología de la UNAM

Todas las culturas han creado religiones, han creído en algún tipo de seres sobrenaturales; los dioses, e incluso algunas de estas religiones han sido monoteístas, planteando la existencia de un solo dios. Sin embargo, si en lo general las religiones, todas, tienen mitos que les son comunes, como la explicación del origen del mundo y el universo, el origen de la vida y, fundamentalmente, el origen y naturaleza del hombre y, hasta donde yo se, todas han postulado un alma y una vida más allá de la muerte como forma de dar cuenta de la conciencia y para explicar y atenuar la terrible experiencia de la muerte; en lo específico han sido muy disímiles tanto en la naturaleza y número de los dioses como en los atributos de estos, su ubicación y sus poderes; siendo así que la explicación de los orígenes del universo, de la tierra, de la vida y del hombre han sido distintas una de otra, siendo cada una un relato particular, surgido de la peculiar solución lograda por la cultura en cuestión.
En este artículo me centraré en la versión de origen judaico que predomina en occidente, es decir, el cristianismo en todas sus variantes y el judaísmo mismo, con objeto de analizar la naturaleza de estas creencias y de su compatibilidad con el conocimiento científico y la reflexión filosófica actuales; aunque este análisis es válido en principio para cualquier otra religión. El centrarnos en este subconjunto es por ser más conocido tanto para los lectores como para el autor.
Tenemos evidencia arqueológica e histórica de que el hombre siempre ha querido hacer sentido del mundo. La conciencia expandida que evolucionó al desarrollarse el gran y complejo cerebro que tenemos, la conciencia ampliada de uno mismo, del tiempo presente, pasado y futuro y la posibilidad de manejar la realidad en términos de categorías y relaciones categóricas, entre ellas, sobresaliendo las relaciones de causa y efecto, hizo que no sólo buscara adaptaciones y soluciones a los problemas de supervivencia, sino explicaciones a todo lo existente, incluyéndose a sí mismo. La cultura, hija del lenguaje y madre de la historia
humana, hizo posible la acumulación de observaciones, explicaciones y prácticas sociales que permitieron un cierto grado de consenso en cada cultura acerca de la naturaleza y origen de las cosas, consenso que quedó imbricado en la estructura político-económica de esos pueblos. Ciertas versiones de la explicación quedaron sancionadas por las autoridades políticas y religiosas, las cuales frecuentemente eran las mismas o estaban muy relacionadas entre sí. Con la aparición de la escritura en sus diferentes formas aparecieron los libros sagrados: La Biblia, el Popol Vú, los Vedas, el Corán, etc., aunque en la mayoría de los pueblos la transmisión de estas "verdades" fue simplemente oral.
La interrogación que me planteo aquí es, dado lo reiterativo de la pregunta y la similitud de la respuesta, ¿habrá algún tipo de verdad detrás de las explicaciones religiosas?.
Evidentemente, estas explicaciones son todas dadas antes del descubrimiento del método científico y de su aplicación masiva al análisis de la realidad en todos sus ámbitos. Este método es quizá el aporte cultural más importante de occidente, descansa en la capacidad analítico sintética de Homo, en su lenguaje y en el descubrimiento de los multiplicadores de este: la escritura, la imprenta y ahora la computadora y las redes de cómputo. Su fundamento es simplemente el requerimiento de un análisis crítico de las ideas ante la realidad y en relación a su coherencia. Se busca lograr métodos precisos, cuantitativos y un lenguaje sin ambigüedades; así como procedimientos que permitan ahondar en la naturaleza de los fenómenos, más allá de la apariencia superficial. En la actualidad la aplicación del método científico ha permitido dar explicaciones congruentes con la evidencia acumulada y coherente tanto internamente como con otras teorías científicas, en términos de la lógica, lo que ha permitido dar respuesta a casi todas las preguntas abordadas por las diferentes religiones, siendo este conocimiento el modo de descalificar los mitos religiosos, no sin lucha y sangre, por la enorme reacción político religiosa a las implicaciones de estas nuevas visiones.
Ahora contamos con una teoría heliocéntrica muy bien sustentada empíricamente y con enorme coherencia interna con otros cuerpos de conocimiento. De acuerdo con ella la tierra no es el centro del universo, sino tan solo un humilde planeta de tamaño intermedio que gira alrededor de una estrella no muy espectacular. Esta teoría esta contenida en una visión más general del universo, su naturaleza, su dinámica y su evolución formado de un número nunca
soñado por los antiguos judíos de estrellas y galaxias. Esta explicación, apoyada en un mar de evidencia acumulada durante siglos de observación y experimentación, no sólo astronómica, sino física, química y de ciencias de la Tierra misma, la cual le da una enorme credibilidad. Esta perspectiva está en desacuerdo con las explicaciones mitológicas de todas las religiones que conozco y en específico con la tradición judaico-cristiana de occidente.
El origen del universo data de unos miles de millones de años, cuando se da el Big Bang (La Gran Explosión) y se supone que la Tierra, al igual que el Sol y los otros planetas se formaron de polvo interestelar hace unos 4600 millones de años. Hay dudas acerca de si el Big Bang no implica colapsos previos de la materia, de los cuales los hoyos negros (concentraciones de materia tan densos que ni la luz puede escapar) son tal vez el principio de uno nuevo o si la materia solamente explotó una vez. La vida empieza hace unos 3500 millones como un proceso químico en el que por azar se llega a formar una molécula capaz de reproducirse a sii misma, usando componentes más básicos. Desde ese momento empieza la evolución de la vida hasta llegar a como la conocemos ahora. La vida ha quedado elucidada como un proceso fundamentalmente químico y su evolución, explicada por el proceso de selección natural, lo que se ve atestiguado por la enorme acumulación de evidencia de fósiles que han podido ser fechados con muy diversos métodos, pudiéndose seguir con bastante detalle el rastro de los cambios evolutivos de las especies hasta nuestros días.
El origen del hombre es un caso especial, pues en todas las mitologías religiosas él ocupa un lugar privilegiado, distinto al de plantas y animales y que implica un estatus diferente, ignorando las características similares entre nosotros y otros animales y el increíble parecido que tenemos con gorilas y chimpancés, no sólo anatómico, fisiológico y conductual, sino genético. Estas propuestas van contra la sólida evidencia acumulada acerca de la evolución del hombre mismo, la cual hace patente nuestra procedencia animal y nuestra pertenencia a la naturaleza, sin un estatus especial; así pues las cuestiones fundamentales relacionadas a los orígenes quedan explicadas por la ciencia; exégesis que en nada coincide con el Génesis bíblico, por ejemplo.
Por otra parte, la vida queda aclarada como un fenómeno físico-químico, más químico que físico. También vemos que la ciencia aporta evidencia contundente de que la mente es un
producto de la actividad del sistema nervioso y que el tamaño y complejidad del cerebro humano da cuenta de sus extraordinarias capacidades cognoscitivas. Vemos como se han ido develando los procesos de percepción, memoria, consciencia, pensamiento, emociones, deseos, volición y conducta. Actualmente la evidencia es impresionante en el sentido de que nuestra experiencia y conducta son consecuencia de la función de integración ecológica del sistema nervioso animal.
De esta manera se da un golpe letal a las teorías del alma inmortal y su relación con la vida eterna y la idea de un dios o dioses. La sociedad humana y la cultura vienen a ser explicadas como consecuencia de la peculiar forma de evolución de Horno Sapiens, y las implicaciones éticas de la religión pasan a ser formas de imposición política de normas vigentes para un período y convenientes para un grupo hegemónico.
Esto ha contestado la pregunta del origen del universo, del origen y naturaleza de la vida y del origen del hombre. El documentar esto con mayor acuciosidad no es tarea de un artículo, sino de muchos volúmenes muy gruesos; pero el lector se puede remitir a una gran variedad de síntesis para la divulgación científica que le podrían dar un cuadro más detallado y repleto de evidencias para secundar lo aquí aseverado.
También encontramos que hay un factor que hace sumamente atractiva la religión, como es el hecho de que al crear almas inmortales y una cohorte de dioses, santos (politeísmo disfrazado) y sacerdotes, los que hacen posible invocar el poder divino. Es muy reconfortante para Homo creer que hay una fuente externa de poder que lo protege de los males y peligros y que le concede privilegios si se le propicia adecuadamente. Sin embargo no hay evidencia de que los creyentes estén más protegidos del mal que los no creyentes, sino al contrario y de que la mediación de Dios y su cohorte de santos, ángeles, etc., en realidad rompa las leyes de la naturaleza. La credulidad implica un rezago respecto a la inteligencia científica contemporánea y una actitud acrítica que permite aceptar como hechos meros accidentes y patrañas.
Así, de la amplia cobertura explicativa de la idea de Dios como creador y manipulador del universo y sus habitantes, queda tan solo el problema de los orígenes de todo.

El problema de los orígenes radica en una limitación cognoscitiva producto de la peculiar experiencia humana. Homo produce una gran cantidad de artefactos, los cuales tienen su origen en la extraordinaria capacidad planeadora y transformadora de nuestra especie. Una mesa, por ejemplo, es producida al cortar el tronco de un árbol (o de varios), del cual se sacan tablas, las cuales son cortadas y rebajadas para conformar las diferentes partes de una mesa,las cuales, unidas entre sí con taquetes, clavos, tornillos y pegamentos, forman el mueble como un todo, para después ser lijado y pintado o barnizado con objeto de darle la apariencia que nos apetece. La mesa como tal tiene origen en la idea y actividad de su o sus creadores. Sin embargo, en realidad la mesa no es más que un tronco de árbol modificado y adicionado de otros elementos, una reorganización espacial de la madera del tronco de un árbol. A pesar de ello, nosotros generamos una expectativa de que todo lo que vemos tuvo que ser creado por alguien.
Un principio básico de la naturaleza es que materia y energía no se crean o se destruyen, solo se transforman, incluso entre sí. Así la idea creacionista viene de la miope perspectiva de observar que nosotros manufacturamos objetos múltiples y que los animales y plantas nacen y consideramos que el origen de todo es una manufactura inicial por un ser especial. No se toma en cuenta que la creación natural de nuevos seres es tan solo transformaciones espacio temporales de materia y energía ya existentes, todo dentro del marco de las leyes naturales. Además, esta solución tiene un problema fundamental, que si atribuimos a un creador el origen del universo y de todo lo en el existente, incluyendo las leyes que le rigen y hemos descubierto, entonces, surge la pregunta de ¿quien creó al creador?
Las soluciones han sido diversas a este dilema. Una es que el creador se autocreó; pero esta no resuelve nada, ya que no es concebible que algo que no existe cree algo. A lo más considero esta solución como una tomadura de pelo de uno de los sistemas religiosos más autoritarios. La segunda es que Dios es infinito. Sin embargo es más simple y sin complicaciones considerar la posibilidad de que el universo en sí sea infinito y no necesitamos agregar una complicación más como la de implicar a Dios. Aunque es necesario explicar el Universo y sus leyes, si metemos a dios, es mucho más complejo explicarlo a él a su vez. El cerebro humano es el ente más complejo que hemos descubierto en el universo, superado solo por la sociedad, que es una estructura de cerebros en interacción y por el Universo
mismo, que los contiene a los dos; podríamos suponer que Dios es mucho más complejo que eso.
Un problema en esta visión es el hecho de que equiparamos las leyes científicas a las leyes de la sociedad humana. Estas últimas son el producto de la imposición de normas emergidas de la necesidad de regular las relaciones sociales, a través de los sistemas jurídicos, que hacen posible la preservación del grupo y su funcionamiento y el estado de cosas actual en la sociedad, generalmente conservando el estatus y privilegios de los grupos en el poder. Las leyes naturales en realidad son simplemente conjeturas acerca de las regularidades causales que se dan en la naturaleza, y estas no tienen por que haber sido dictadas por nadie ni impuestas, simplemente son y nosotros las descubrimos.
Ante estos argumentos, la idea de Dios no sólo no resuelve el problema del origen, que sin lugar a dudas no está resuelto aún, sino que lo dificulta más, creando un problema de regresión infinita (El creador que crea al creador, que crea al creador, ... ), o la introducción de elementos que en realidad no aportan nada a la solución y que, por lo tanto, son inútiles. Vemos la naturaleza esencialmente irracional de esta postura al obtener una respuesta contundente a este tipo de reflexiones: "Todo es cuestión de fe", es decir, se exige creer acríticamente.
Podemos ver que la idea de Dios es un atavismo cultural que se mantiene por lo pequeño o nulo que es el conocimiento y comprensión por la población mundial en general de la ciencia y sus implicaciones, siendo el conocimiento científico compartido tan sólo por élites académicas, incluso muchas veces aún a esos niveles, parcializado por la especialización. Esto hace ver lo necesario de la formación de una cultura científica general en la población como base de una inteligencia social. Esto es básico, pues es perfectamente reseñado en la historia el surgimiento de prácticas irracionales, autoritarias e incluso genocidas en ciertas épocas de la historia de los pueblos, que fueron razón de conflictos, derramamiento de sangre y para el estancamiento del progreso cultural.
También vemos a los diferentes mitos religiosos y sus textos como la preservación de un pensamiento que ha sido superado contundentemente por el método crítico de la ciencia y
por la evidencia que la sustenta. Mitos como los de la creación y de Adán y Eva se enfrentan fútilmente a lo que conocemos acerca de la naturaleza y el origen de la vida y en especial del hombre. Vemos que la Biblia, a pesar de ser la supuesta revelación de Dios al hombre, no menciona nunca la existencia de otros continentes, de muchas especies animales y vegetales desconocidos para los judíos de esa época, de la naturaleza atómica de la materia, de las partículas subatómicas, de energías desconocidas como el magnetismo y la electricidad, por no mencionar la energía atómica. No se mencionan virus y bacterias ni su papel en la patología o el papel del sistema nervioso en la consciencia, la conducta y las emociones.
Podemos tomar un ejemplo más, aunque en realidad toda la Biblia se encuentra plagada de casos similares. En la Biblia se menciona el caso de un "Diluvio Universal", del cual, por cierto, no existe evidencia geológica. Después de cierto tiempo de la creación y todo lo demás que siguió, Dios está muy enojado porque los hombres son muy malos. El omnisapiente Dios, que no puede cometer error alguno, se arrepiente de haber creado al hombre y la vida. Sin embargo, en un arranque de piedad, él recurre a Noé y su familia para salvar la vida en el mundo. Dios ordena a Noé que construya un arca y que la llene con una pareja de animales de cada especie.. Si Noé construyó el arca de las dimensiones especificadas en la Biblia, trescientos codos de longitud, cincuenta de anchura y treinta de altura, sin duda no habrían cabido allí todas las especies terrestres que hoy conocemos y de las cuales no tenían idea los judíos en esa época.. Su lista es sorprendentemente: 20 de las aves, de las bestias (supongo mamíferos) y de los reptiles según su especie; no menciona batracios, insectos, gusanos y especialmente los microbios, que sin duda desconocían. Tan sólo de los mamíferos existen alrededor de 6,000 especies conocidas. El problema no es solo del tamaño, en la Biblia no solo no se menciona que se salvaran las plantas terrestres, las cuales hubiesen perecido, lo cual muestra la ignorancia biológica de la época, sino que no se considera lo que los animales comerían y beberían en el transcurso, el que los carnívoros habrían devastado a sus presas habituales y, por supuesto, no se consideró el efecto de la reproducción de las especies. Por lo tanto, Noé y su arca no son más que una hermosa leyenda y una forma muy efectiva de inducir el temor a Dios, pero no corresponde en lo más mínimo a la realidad.
En conclusión, las ideas de las religiones y de Dios (o los Dioses) son el producto de una
etapa de desarrollo cultural de la humanidad, completamente invalidado por los desarrollos de los cuatro o cinco últimos siglos de ciencia. Que la idea de Dios no aporta nada a la solución de los problemas, sin duda aún irresueltos, acerca de los orígenes del universo. Creo que podemos prescindir de la idea de Dios con grandes ventajas para el pensamiento filosófico y el avance del conocimiento científico.
La religión, en su época, fue un buen intento para explicar el mundo, el universo, la naturaleza, la vida y al hombre, su sociedad y su cultura. Ahora no se sostiene ante el embate del conocimiento científico. Las explicaciones religiosas fueron adueñadas por las clases en el poder y distorsionadas para detentar, justificar y legitimar ese mismo poder. También ha sido origen de muchos conflictos humanos, incluyendo innumerables guerras en la historia humana. Creo que es un buen momento para tratar de rebatirlo, idea de algunos de los pensadores tras las Revoluciones Francesa y Marxista. Sin embargo, creo que esto no se logrará sin una buena educación científica como respaldo y un gran valor ante las fuerzas e intereses reaccionarios detrás de la religión. La educación elemental y media son el pilar sobre el cual hay que erigir la nueva consciencia, la nueva inteligencia social.

Pubicado en Razonamientos No. 7 (impreso).

samedi 1 décembre 2007

Can Science Prove that God Does Not Exist?

by Theodore Schick, Jr.


The following article is from Free Inquiry magazine, Volume 21, Number 1.


"No one can prove an unrestricted negative" is the reply usually given to those who claim that science can prove that God does not exist. An unrestricted negative is a claim to the effect that something doesn't exist anywhere. Since no one can exhaustively examine every place in the universe, the reply goes, no one can conclusively establish the non-existence of anything.

The principle that no one can prove an unrestricted negative, however, is itself an unrestricted negative. It says, in effect, that there are no proofs of unrestricted negatives. But, if there are no proofs of unrestricted negatives, then no one can prove that no one can prove an unrestricted negative. And if no one can prove that no one can prove an unrestricted negative, then it must be logically possible to prove an unrestricted negative. So the claim that no one can prove a universal negative is self-refuting-if it's true, it's false. What I intend to show here is not only that unrestricted negatives can be proven, but that a number of them have been proven.

Parmenides realized over 2,500 years ago that anything that involves a logical contradiction cannot exist. We know that there are no married bachelors, no square circles, and no largest number because these notions are self-contradictory. They violate the most fundamental law of logic-the law of noncontradiction-which says that nothing can both have a property and lack it at the same time. So one way to prove a universal negative is to show that the notion of a thing is inconsistent.

To prove that God does not exist, then, one only has to demonstrate that the concept of God is inconsistent. Traditional theism defines God as a supreme being-a being than which none greater can be conceived, as St. Anselm would have it. We know, however, that there is no supreme number because such a notion involves a logical contradiction. Every number is such that the number 1 can be added to it. If there were a supreme number, it would be such that the number 1 can and cannot be added to it, and that's impossible. Many believe that the notion of a supreme being is just as incoherent as the notion of a supreme number.

Consider, for example, the claim that god is all-good and thus both perfectly merciful and perfectly just. If he is perfectly just, he makes sure that everyone gets exactly what's coming to them. If he is perfectly merciful, he let's everyone off. But he can't do both. So the notion of a supreme being may be internally inconsistent.

This is just one of many inconsistencies that have been found in the traditional concept of God. For a more complete review of them, see Theodore Drange, "Incompatible-Properties Arguments: A Survey" in Philo (Fall/Winter 1998). Theists, of course, will claim that, properly understood, there is no contradiction. What if they're right? What if it's logically possible for the God of traditional theism to exist? Does that mean that one cannot prove that he does not exist? No, for in order to prove that something does not exist, one need not show that it is logically impossible. One need only show is that it is epistemically unnecessary-that it is not required to explain anything. Science has proven the non-existence of many things in this way, such as phlogiston, the luminiferous ether, and the planet Vulcan. Scientific proofs, unlike logical proofs, do not establish their conclusions beyond any possibility of doubt. But they are proofs nonetheless, for they establish their conclusions beyond a reasonable doubt and that is all that is needed to justify them.

Phlogiston, the luminiferous ether, and the planet Vulcan are theoretical entities that were postulated in order to explain various phenomena. Phlogiston was postulated to explain heat, the luminiferous ether was postulated to explain the propagation of light waves through empty space, and Vulcan was postulated to explain the perturbations in the orbit of Mercury. Science has shown, however, that these phenomena can be explained without invoking these entities. By demonstrating that these entities are not needed to explain anything, science has proven that they do not exist.

God is a theoretical entity that is postulated by theists to explain various phenomena, such as the origin of the universe, the design of the universe, and the origin of living things. Modern science, however, can explain all of these phenomena without postulating the existence of God. In the words of Laplace, science has no need of that hypothesis. By demonstrating that God is not needed to explain anything, science has proven that there is no more reason to believe in the existence of God than to believe in the existence of phlogiston, the luminiferous ether, or Vulcan. This may explain why more than 90% of the world's top scientists disbelieve or doubt the existence of God.

Scientists prefer natural explanations to supernatural ones, not because of any metaphysical bias on their part, but because natural explanations produce more understanding than supernatural ones. As Plato realized, to say that God did it is not to explain anything, but simply to offer an excuse for not having an explanation.

The goodness of an explanation is determined by how much understanding it produces, and the amount of understanding produced by an explanation is determined by how well it systematizes and unifies our knowledge. The extent to which an explanation systematizes and unifies our knowledge can be measured by various criteria of adequacy such as simplicity (the number of assumptions made), scope (the types of phenomena explained), conservatism (fit with existing theory), and fruitfulness (ability to make successful novel predictions).

Supernatural explanations are inherently inferior to natural ones because they do not meet the criteria of adequacy as well. For example, they are usually less simple because they assume the existence of at least one additional type of entity. They usually have less scope because they don't explain how the phenomena in question are produced and thus they raise more questions than they answer. They are usually less conservative because they imply that certain natural laws have been violated. And they are usually less fruitful because they don't make any novel predictions. That is why scientists avoid them.

The realization that the traditional God of theism is not needed to explain anything-that there is nothing for him to do-has led a number of theologians to call for the rejection of this notion of god. In Why Believe in God? Michael Donald Goulder argues that the only intellectually respectable position on the god question is atheism. In Why Christianity Must Change or Die, Reverend Spong, former Episcopal Bishop of New Jersey, argues that the traditional theistic conception of God must be replaced by one grounded in human relationships and concerns. Both agree with Stephen J. Gould that religion should not be in the business of trying to explain the world.

What if there was no plausible natural explanation for some phenomena? Would that justify the claim that god caused it? No, for our inability to provide a natural explanation may simply be due to our ignorance of the operative natural forces. Many phenomena that were once attributed to supernatural beings such as earthquakes, volcanoes, and disease can now be explained in purely natural terms. As St. Augustine realized, apparent miracles are not contrary to nature but contrary to our knowledge of nature.

Given the inherent inferiority of supernatural explanations and the incompleteness of our knowledge, theists would be justified in offering a supernatural explanation for a phenomenon only if they could prove that it is in principle impossible to provide a natural explanation of it. In other words, to undermine the scientific proof for the non-existence of god, theists have to prove an unrestricted negative, namely, that no natural explanation of a phenomenon will be found. And that, I believe, is an unrestricted negative that no theist will ever be able to prove.

Notes

1. See, for example, Richard Dawkins, Climbing Mount Improbable (New York: W.W. Norton, 1996); Stephen Hawking, A Brief History of Time (New York: Bantam, 1998); Lee Smolin, The Life of the Cosmos (London: Oxford, 1997).2. When the French physicist Pierre Simon de Laplace explained his theory of the universe to Napoleon, Napoleon is said to have asked, "Where does God fit into your theory?" to which Laplace replied, "I have no need of that hypothesis."3. E. J. Larson and L. Witham, "Leading Scientists Still Reject God," Nature 394 (July 23, 1998). 4. Plato, Cratylus, 426 a.5. Michael Donald Goulder, Why Believe in God? (London: SCM Press, 1983).6. John Shelby Spong, Why Christianity Must Change or Die (San Francisco: Harper, 1999).7. Stephen J. Gould, Rock of Ages: Science and Religion in the Fullness of Life (New York: Ballantine, 1999).8. St. Augustine, The City of God, XXI, 8.


Theodore Schick, Jr., is professor of philosophy at Muhlenberg College. He is the co-author of How to Think About Weird Things.

Big Bang Cosmology and Atheism

Why the Big Bang is No Help to Theists

by Quentin Smith


The following article is from Free Inquiry magazine, Volume 18, Number 2.


Since the mid-1960s, scientifically informed theists have been ecstatic because of Big Bang cosmology. Theists believe that the best scientific evidence that God exists is the evidence that the universe began to exist in an explosion about 15 billion years ago, an explosion called the Big Bang. Theists think it obvious that the universe could not have begun to exist uncaused. They argue that the most reasonable hypothesis is that the cause of the universe is God. This theory hinges on the assumption that it is obviously true that whatever begins to exist has a cause.

The most recent statement of this theist theory is in William Lane Craig's 1994 book Reasonable Faith.[1] In it Craig states his argument like this:

  1. Whatever begins to exist has a cause.
  2. The universe began to exist.
  3. Therefore, the universe has a cause.[2]

In a very interesting quote from this book he discusses the first premise and mentions me as one of the perverse atheists who deny the obviousness of this assumption:

The first step is so intuitively obvious that I think scarcely anyone could sincerely believe it to be false. I therefore think it somewhat unwise to argue in favor of it, for any proof of the principle is likely to be less obvious than the principle itself. And as Aristotle remarked, one ought not to try to prove the obvious via the less obvious. The old axiom that "out of nothing, nothing comes" remains as obvious today as ever. When I first wrote The Kalam Cosmological Argument, I remarked that I found it an attractive feature of this argument that it allows the atheist a way of escape: he can always deny the first premise and assert the universe sprang into existence uncaused out of nothing. I figured that few would take this option, since I believed they would thereby expose themselves as persons interested only in academic refutation of the argument and not in really discovering the truth about the universe. To my surprise, however, atheists seem to be increasingly taking this route. For example, Quentin Smith, commenting that philosophers are too often adversely affected by Heidegger's dread of "the nothing," concludes that "the most reasonable belief is that we came from nothing, by nothing, and for nothing" - a nice ending to a sort of Gettysburg address of atheism, perhaps.[3]

A Baseless Assumption

I'm going to criticize this argument from scientific cosmology, which is the most popular argument that scientifically informed theists and philosophers are now using to argue that God exists.

Let's consider the first premise of the argument, that whatever has a beginning to its existence must have a cause. What reason is there to believe this causal principle is true? It's not self-evident; something is self-evident if and only if everyone who understands it automatically believes it. But many people, including leading theists such as Richard Swinburne, understand this principle very well but think it is false. Many philosophers, scientists, and indeed the majority of graduate and undergraduate students I've had in my classes think this principle is false. This principle is not self-evident, nor can this principle be deduced from any self-evident proposition. Therefore, there's no reason to think it's true. It is either false or it has the status of a statement that we do not know is true or false. At the very least, it is clear that we do not know that it is true.

Now suppose the theist retreats to a weaker version of this principle and says, "Whatever has a beginning to its existence has a cause." Now, this does not say that whatever has a beginning to its existence must have a cause; it allows that it is possible that some things begin to exist without a cause. So we don't need to consider it as a self-evident, necessary truth. Rather, according to the theists, we can consider it to be an empirical generalization based on observation.

But there is a decisive problem with this line of thinking. There is absolutely no evidence that it is true. All of the observations we have are of changes in things - of something changing from one state to another. Things move, come to a rest, get larger, get smaller, combine with other things, divide in half, and so on. But we have no observation of things coming into existence. For example, we have no observations of people coming into existence. Here again, you merely have a change of things. An egg cell and a sperm cell change their state by combining. The combination divides, enlarges, and eventually evolves into an adult human being. Therefore, I conclude that we have no evidence at all that the empirical version of Craig's statement, "Whatever begins to exist has a `cause'," is true. All of the causes we are aware of are changes in pre-existing materials. In Craig's and other theists' causal principle, "cause" means something entirely different: it means creating material from nothingness. It is pure speculation that such a strange sort of causation is even possible, let alone even supported in our observations in our daily lives.

An Uncaused Universe

But the more important point is this: not only is there no evidence for the theist's causal assumption, there's evidence against it. The claim that the beginning of our universe has a cause conflicts with current scientific theory. The scientific theory is called the Wave Function of the Universe. It has been developed in the past 15 years or so by Stephen Hawking, Andre Vilenkin, Alex Linde, and many others. Their theory is that there is a scientific law of nature called the Wave Function of the Universe that implies that it is highly probable that a universe with our characteristics will come into existence without a cause. Hawking's theory is based on assigning numbers to all possible universes. All of the numbers cancel out except for a universe with features that our universe possesses, such as containing intelligent organisms. This remaining universe has a very high probability - near 100% - of coming into existence uncaused.

Hawking's theory is confirmed by observational evidence. The theory predicts that our universe has evenly distributed matter on a large scale - that is, on the level of super-clusters of galaxies. It predicts that the expansion rate of our universe - our universe has been expanding ever since the Big Bang - would be almost exactly between the rate of the universe expanding forever and the rate where it expands and then collapses. It also predicts the very early area of rapid expansion near the beginning of the universe called "inflation." Hawking's theory exactly predicted what the COBE satellite discovered about the irregularities of the background radiation in the universe.[4]

So scientific theory that is confirmed by observational evidence tells us that the universe began without being caused. If you want to be a rational person and accept the results of rational inquiry into nature, then you must accept the fact that God did not cause the universe to exist. The universe exists uncaused, in accordance with the Wave Function law.

Now Stephen Hawking's theory dissolves any worries about how the universe could begin to exist uncaused. He supposes that there is a timeless space, a four-dimensional hypersphere, near the beginning of the universe. It is smaller than the nucleus of an atom. It is smaller than 10 centimeters in radius. Since it was timeless, it no more needs a cause than the timeless god of theism. This timeless hypersphere is connected to our expanding universe. Our universe begins smaller than an atom and explodes in a Big Bang, and here we are today in a universe that is still expanding.

Is it nonetheless possible that God could have caused this universe? No. For the Wave Function of the Universe implies that there is a 95% probability that the universe came into existence uncaused. If God created the universe, he would contradict this scientific law in two ways. First, the scientific law says that the universe would come into existence because of its natural, mathematical properties, not because of any supernatural forces. Second, the scientific law says that the probability is only 95% that the universe would come into existence. But if God created the universe, the probability would be 100% that it would come into existence because God is allpowerful. If God wills the universe to come into existence, his will is guaranteed to be 100% effective.

So contemporary scientific cosmology is not only not supported by any theistic theory, it is actually logically inconsistent with theism.


Notes

  1. William Lane Craig, Reasonable Faith (Wheaton, Ill.: Crossway, 1994)
  2. Ibid., p. 92
  3. Ibid.
  4. Confirmation of Hawking's theory is consistent with this theory being a reasonable proposal for the form that an (as yet) undeveloped theory of quantum gravity will take, as Hawking himself emphasizes. See Chapter 12, William Lane Craig and Quentin Smith, Theism, Atheism, and Big Bang Cosmology (Oxford: Clarendon Press, 1993).

Quentin Smith is Professor of Philosophy at Western Michigan University. He has published five books, including Theism, Atheism, and Big Bang Cosmology (Clarendon Press, 1993) with William Lane Craig.

Neo-Humanism

Paul Kurtz

Paul Kurtz is the editor in chief of Free Inquiry, a professor emeritus of philosophy at the State University of New York at Buffalo, and the chair of the Center for Inquiry.

In the current discussion of the “new atheism,” one point is often totally overlooked by most commentators: the positive dimensions of unbelief. Conservative religious critics have deplored the denigration of religion as an assault on the moral order and social fabric. They ask, “What does secular humanism have to offer?” I respond with neo-humanism, a new term I have introduced to highlight secular humanism’s affirmative ethical principles and values.

There are various forms of unbelief in America and the world today. At one end of the spectrum stand the “evangelical atheists” (so maligned by their critics), who focus primarily on the case against God, noting the lack of evidence, the disregarded contradictions, and the atrocities committed in his name. But we need to point out, if for the umpteenth time, that the community of religious dissenters in America includes not only atheists but also agnostics, skeptics, and even a significant number of religiously affiliated individuals. The last may be only nominal members of their congregations and may attend church or temple primarily for social reasons or out of ethnic loyalty to the faiths of their forebears. This ethnic-cultural fixation can be very difficult to overcome, and it may linger long after belief in a given body of doctrine has faded—sometimes for many generations. Yet such individuals, though still members of their religious denominations, are skeptical about claims.

In the middle of the spectrum stand the “humanists,” and even that category has its internal distinctions. On one side, some humanists seek to appropriate the term religious in a metaphorical sense. Among the self-described religious humanists, we may find people identified with liberal Protestant denominations, Unitarian Universalists, secular Jews, lapsed Catholics, and even some who wish to distinguish the “religious” quality of experience from religion (following philosopher John Dewey). Although they are naturalistic humanists rather than supernaturalists, do not believe in a transcendent God, and wish to encourage a new humanist cultural identity based primarily on ethical ideals, they call this “religious.”

On the other side of this category are the secular humanists, who are wholly nonreligious and naturalistic. They do not consider their stance religious at all; they think that the term religious obfuscates matters. They draw their inspirations primarily from modern—not ancient—sources: preeminently science but also philosophy, ethics, literature, and the arts. Nonetheless, they wish to encourage the growth of secular-humanist communities in order to provide shared bonds of fraternity and friendship.

May I suggest that the term neo-humanism best describes a new posture, which aims to be inclusive and respond to the critics of unbelief:

  1. Neo-humanists are skeptical of traditional theism. They may be atheists, agnostics, or even dissenting members of a church or temple. They think the traditional concept of God is an illusion. They reject such writings as the Bible, the Qur’an, and the Book of Mormon as divine revelations. Their skepticism of the ancient creeds reflects the light of scientific or philosophical critiques of the arguments for God—or, more recently, the scientific examination of the sources of the “sacred texts.” They also criticize the moral absolutes derived from these ancient texts, viewing them as the expressions of premodern civilizations—though they may believe that some of their moral principles deserve to be appreciated in order to understand their cultural heritages. Nevertheless, they consider traditional religion’s focus on salvation in the next life an abandonment of efforts to improve this life, here and now. They firmly defend the separation of religion and the state and consider freedom of conscience and the right of dissent vital. They deplore the view of the subservience of women to men, the repression of sexuality, the defense of theocracy, and the denial of democratic human rights.
  2. Distinctively, neo-humanists look to science and reason as the most reliable guide to knowledge, and they wish to extend the methods of science to all areas of human endeavor. They believe that critical thinking and the methods of reflective intelligence should guide our behavior. Neo-humanists appreciate the arts as well as the sciences, and they draw upon the literature of human experience for inspiration. Neo-humanists, however, seek objective methods of corroborating truth claims, not poetic metaphor or intuition.
  3. Neo-humanists are uniquely committed to a set of humanist values and principles, including the civic virtues of democracy and the toleration of diverse lifestyles. They cherish individual freedom and celebrate human creativity and fulfillment, happiness and well-being, the values of the open pluralistic society, the right of privacy, and the autonomy, dignity, and value of each person. Neo-humanists are no less concerned with social justice and the common good, environmentalism, and planetary ethics. They insist that human beings are responsible for their own destinies and that they need to use intelligence and goodwill to solve problems. They attempt, wherever possible, to negotiate differences rationally and to work out compromises using science, reason, and humanist values.

Thus, to focus solely on atheism’s negative posture fails to do justice to the richness of neo-humanist eupraxsophy. Neo-humanism rejects theism and af­firms the secular outlook. It is broad enough to encompass atheism, agnosticism, and humanist ethical values. It is a large enough mansion to include both nonreligious humanists and those who consider humanism to function religiously in so far as it celebrates human ideals and values. Neo-humanists do not believe in God, yet they wish to do good.

The Rights of the Child

Christopher Hitchens’s brilliant book God Is Not Great is subtitled “How Religion Poisons Everything.” The subtitle is, no doubt, an overstatement, for some of the things that religions have done are positive (such as their charitable efforts) and some secular movements (such as Stalinism) have been destructive. As Hitchens points out, religious practices have all too often been impervious to criticism and taken for granted even when they do harm. Many have been allowed to go unpunished even when terrible things have been done in their names.

Child sexual abuse, for example, is a dastardly “moral sin.” Consider the $660 million settlement recently reached in Los Angeles on behalf of more than five hundred victims of abuse by Roman Catholic clergy. The archbishop of Los Angeles, Cardinal Roger Mahony, finally apologized to those who were abused—after years of cover-up and denial by the hierarchy, including the transfer of offending priests to other parishes once they had been accused of sexual assaults on children. Mahony should not simply have said that he was sorry but should have admitted what a heinous crime these clergy members have committed. Some think that he should be removed from office and charged with complicity in a cover-up.

Similar scandals have erupted across the country, with thousands of individuals suing the Roman Catholic Church and more than $2 billion paid out so far to settle claims. Even so, the total number of innocent victims may never be known, as some will never find the courage to come forward. The point should be clear that the Church is to blame—for its representatives have committed sexual crimes for centuries, and the Church has invariably sought to paper over them. Indeed, homosexuality has reached as high as the papacy itself, but with scarcely a blink. What is so outrageous is not only the hypocrisy of the Church’s doctrine enforcing celibacy—a crime against humanity in and of itself—but its intransigent denial that human sexuality is intrinsically worthwhile for its own sake; considering it “sinful” unless it follows Church diktat is more so. Refusing to allow clergy to marry has injured novitiates, nuns, and priests over countless generations; and it has most likely contributed to clerical pederasty. It is hypocritical to condemn homosexuality, which, when it occurs between consenting adults, is not a sin or crime but a natural ex­pression of a human proclivity, most likely genetic in origin, much the same as heterosexuality.

A burning (if less noticed) issue today is the indoctrination of children into absolute religious precepts by parents and elders and the refusal to allow them to be exposed to alternative points of view, such as the scientific worldview, and the study of comparative religions.

Methinks the Commentators Protest Too Much!

I am astonished by the fact that six books on atheism have been published by five authors (Richard Dawkins, Sam Harris, Daniel C. Dennett, Christopher Hitchens, and Victor Stenger) to such vitriolic comment in the press. Taken together, these six titles constitute perhaps one million to one and a half million books currently in print (before returns). Yet nary a word of criticism has been made about the fact that the latest Harry Potter book by author J.K. Rowling, Harry Potter and the Deathly Hallows, had a first printing of twelve million copies. I do not wish to be ac­cused of being an old fuddy-duddy, but I deplore the fact that millions of young people rush out to devour books of fantasy, touting witchcraft and other paranormal phenomena, without even a semblance of skepticism. Bookstores are so eager to stay in business, they’ve had special parties for readers heralding its publication. Why not have such parties for best sellers that are science fiction but at least ground their speculations in responsible ex­trapo­lation from the known? At their best, books of fiction can inspire human imagination while remaining in touch with the empirical world. One might argue that books of blatant, untrammeled fantasy such as the Harry Potter books and films have a negative effect, especially when these tales are not presented—or understood—as pure fantasy. I surely believe in freedom of the press and the aesthetic power of novels; but I wish that there were counterbalancing literature to pure fantasy.

Incidentally, to our list of six books by the so-called five horsemen, we should add a new one, which is perhaps equally significant: An Illusion of Harmony: Science and Religion in Islam, by Taner Edis. I should point out that this book is published by Prome­theus Books, which I founded. None­theless, An Illusion of Harmony is important because, of all the major religions of the world, Islam stands out for its doctrinal defense of creationism and its rejection of evolution, allegedly supported by the Qur’an. Indeed, a new eight-hundred-page, glossy, pro-creationist book, the Atlas of Crea­tion, has just been published and distributed worldwide to defend Islamic creationism. Penned by the prolific (and pseudonymous) Harun Yahya, a household name in Islamic countries, this book will no doubt enjoy significant sales among believers. Edis’s work, by contrast, critical of intelligent design and creationism, will no doubt have modest sales.

Will the pundits who’ve deplored re­cent books on atheism likewise deplore Edis and his criticism of Islam as an unwarranted assault on religion? The paradox is that books on religion far outnumber by many hundredfold books on atheism. The number of religious books in print dwarfs the sales of the recent best sellers on atheism. What I find so puzzling is not the outcry of religious folk—which is to be ex­pected—but that of the so-called neutral liberal and conservative pundits of our time. What an unfair assault on the effort to apply science and reason to religion.

lundi 26 novembre 2007

EL CONCILIO ATEO DE TOLEDO, UN ACTO DE LIBERTAD

Chantal Bribet,

Federación Internacional de Ateos (FIdA)

26.11.07

En el contexto de una España democrática y plural, de una sociedad que, en pleno siglo XXI, tiene asumidos como inherentes a su propia condición política, social y cultural los derechos fundamentales -garantizados por la Constitución- de libertad de expresión, de conciencia y de confesión, el Concilio Ateo de Toledo se constituye en una evidencia manifiesta de que tales derechos y libertades se quedan en mera y utópica teoría cuando de la libertad de creencia religiosa se trata.

A estas alturas, buena parte de la ciudadanía sabe que el catolicismo es puro anacronismo en relación a los derechos humanos y a las libertades a las que todos aspiramos en un entorno democrático. El laicismo garantizado por la Constitución del Estado Español no es tal cuando consideramos que, basándose en un Concordato firmado en 1.979 y que prolonga el anterior de 1.953, la secta católica mantiene unos muy importantes, arbitrarios y abusivos privilegios económicos, jurídicos, sociales y fiscales en este país. Privilegios que no han sido difundidos al conocimiento general y que, inexplicablemente, desconoce la mayor parte de la ciudadanía. Paralelamente, y en base a unos supuestos servicios sociales engañosamente solidarios, la misma organización católica que obtiene anualmente elevadísimas sumas de los Presupuestos Generales del Estado detenta prácticamente el monopolio de las organizaciones no gubernamentales (ONG’s) –en total, 43.000-, en las que recae prácticamente la totalidad de los fondos anuales que el Estado destina a obras sociales.

La ominosa incursión manifiesta de la jerarquía eclesiástica y de su órbita mediática en el panorama político de los últimos años evidencia, por otra parte, la opacidad y el oscurantismo de las intenciones de la Iglesia en el devenir histórico español, obviamente apoyando y favoreciendo crispaciones y tendencias próximas al totalitarismo. Igualmente, su participación, evidente aunque enmascarada, en el ilegal y anticonstitucional veto municipal a la celebración del Concilio Ateo hace perceptible a la ciudadanía el ostensible interés de la corporación católica por quebrantar el derecho inalienable a la libertad de expresión y de conciencia de los españoles. Pero el Concilio Ateo se va a celebrar, pese a todo, del 7 al 9 de diciembre, gracias a una altruista iniciativa privada y al tesón y a la voluntad inquebrantable de los miembros de la FIdA.

Ante tales despropósitos, el Concilio Ateo de Toledo cobra más fuerza, más significado y más vida aún, si cabe. Se conforma en un encuentro libre de ciudadanos y ciudadanas que, consciente y pacíficamente, deciden debatir con racionalidad sobre el peligro que los fundamentalismos, las religiones y las concepciones irracionales suponen para las sociedades actuales, mal que les pese a algunos. Y que, en definitiva, pretende erigirse en un hito que inaugure una actitud más exigente y mucho menos sumisa, por parte de la población y de las instituciones, ante el totalitarismo y la rapiña católica.

A la cathédrale de Tolède,
une messe à la mémoire des curés franquistes béatifiés






Les curés de Tolède, béatifiés le 28 octobre 2007 à Rome,
affichés sur un mur de la cathédrale.
Comment organiser un rassemblement de franquistes sans prononcer une fois le nom du général ? L'Eglise espagnole, experte en manipulation, connaît l'astuce : une messe à la mémoire des 498 curés franquistes béatifiés le 28 octobre a été célébrée en la cathédrale de Tolède le 4 novembre. Dirigée par le cardinal Cañizares, la messe a été précédée par une procession qui sentait bon le formol d'un catholicisme médiéval : un cortège de deux cents curés de tous âges a déambulé dans ce temple de la superstition et du fanatisme avant de prendre place aux premiers rangs. Quelques religieuses couleur corbeau, reléguées dans l'assistance, se pressent pour ne rien manquer du grand jour. Parmi ces ombres tristes, l'une arbore une tenue qui rendrait jalouse la plus prude des adeptes du hidjab : seul le visage émerge de sa tenue de camouflage en noir et blanc. Tout masquer, tout nier, le corps comme l'histoire, le catholicisme tout entier réside dans cette négation.


Deux cents curés et apprentis curés en procession
Le sermon fut simple et répétitif : les curés fascistes seraient des "martyrs", d'eux seuls émanerait "la véritable révolution, le changement décisif du monde" (El Dia, 5 novembre 2007, le genre de torchon dont les presses du Vatican pourraient être jalouses), et les antifranquistes seraient des "présumés révolutionnaires" mais aussi des "agresseurs" de Jésus, pas moins, ce qui, honnêtement, est un titre fort enviable. Sans oublier de mettre en garde contre le danger suprême : "l'athéisme est le drame et le problème le plus important de notre temps" (Europa Press 4 novembre 2007). L'organisation d'un congrès athée à Tolède du 7 au 9 décembre n'est probablement pas étranger à cette sentence désolée et désespérée...

Comme une messe n'en serait pas une sans ces moments soporifiques dont les rituels catholiques ont le secret, lecture a été faite de la liste des cinquante cinq noms des ensoutanés de Tolède figurant parmi les 498 béatifiés. Pour ajouter au tragique, un parent de l'un d'entre eux lit la Bible. Bien sûr, pas un mot sur les victimes du franquisme, le soutien de l'Eglise espagnole apporté à Franco, et pas plus sur l'oppression pratiquée par la secte catholique depuis toujours.

Alors, contre la bénédiction du fascisme par l'Eglise, contre l'impunité des franquistes dans la société espagnole, contre la pollution visuelle exercée par leurs symboles encore très présents, contre l'oubli des combattants antifranquistes que la passion de la liberté et de l'émancipation a poussé à la mort, une note rageuse est collée à l'entrée de la cathédrale par une femme dont le grand père, socialiste et humaniste, et l'oncle, anarchiste, font partie des innombrables victimes des amis de l'Eglise : "Et les victimes du franquisme ?"

Dans cette atmosphère puante où les christicoles n'ont cependant pas rempli la cathédrale (les derniers rangs sont vides), détacher son attention de l'apologie du franquisme n'est pas pour autant la reposer : au fond de la cathédrale une inscription, restaurée en 1992, se réjouit encore aujourd'hui de l'expulsion des juifs d'Espagne en 1492 ! Oui, on en est là. Le catholicisme s'affiche ici sans fard, sans artifice qui tenterait d'en faire une idéologie moderne et tolérante comme pratiqué frauduleusement ailleurs : haine des juifs, haine des défenseurs de la liberté et célébration des fascistes sont le cœur d'une doctrine qui, en deux millénaires, a contaminé tous les continents.


27 novembre 2007

Secret sunshine

Lee Chang-Dong





Fiche technique, 2007


En Corée du Sud, une jeune femme emménage dans la ville natale de son défunt mari. La vie y est simple, peut-être banale, du moins apaisante, à l'image de son nom : Secret sunshine (lumière du soleil secrète). Nouvelle dans la ville, cette professeure de piano bénéficie de l'amitié d'un garagiste dévoué. La simplicité de cet homme complète le paysage de tranquillité recherché par Shin-ae, qui est originaire de Séoul. Mais l'assassinat crapuleux de son fils sera une déchirure irréparable. Immédiatement mis en appétit par la chair faible, des charognards lobotomisés à la prose chrétienne mettront leur emprise sur la désespérée, avec force sourires et paroles vagues et niaises. D'incroyante, la jeune femme deviendra une habituée du temple et la drogue chrétienne fera l'effet pour lequel elle a été élaborée : le tragique cède la place à la béatitude qui fait de l'individu un légume. Le malheur n'existe plus, seules passent des ombres d'existence pour lesquelles la vie se résume au rabâchage de borborygmes à la gloire de la notion frauduleuse de dieu. Certes, le stupéfiant spirituel fait son effet, les larmes sèchent, l'existence perd de sa pénibilité et Shin-ae croit retrouver le bonheur, une hallucination de bonheur, un bonheur sous perfusion du venin biblique.

C'est alors que l'abandon psychologique souffert par la jeune femme atteint un sommet cinématographique dans une scène qui mériterait d'être infligée à tous les théologiens du monde. Forte du fatalisme chrétien, Shin-ae décide d'accorder son pardon à l'assassin de son cher fils en se rendant à la prison. Courage ? Inconscience ? Mysticisme délirant ? Générosité infinie ? La confrontation avec le criminel renversera en fait une situation elle-même paradoxale dans une issue encore plus imprévisible. Venue pour pardonner, elle en ressort avec la haine de "dieu" après une extraordinaire démonstration de la perversité de l'idée de dieu. "Dieu" hait la vie, les gens, la justice, mais aime les criminels.

Trompée par les christicoles hallucinés qu'elle va désormais fuir, aucune drogue mentale provoquant de paix hallucinatoire ne s'oppose maintenant à l'effondrement de Shin-ae qui s'abîme dans une solitude et un monde d'une injustice infinie. Et inlassablement assistée par le gentil garagiste, parfois collant, parfois maladroit, mais toujours présent, toujours attentionné.

Jeon Do-Yeon, pour son interprétation du rôle de Shin-ae, a obtenu le prix d'interprétation féminine au Festival de Cannes en 2007.


27 novembre 2007

jeudi 4 octobre 2007