dimanche 11 mars 2007

Carlos Nava

¿Por que soy Ateo?

  1. Prólogo
  2. Definiciones
  3. Argumentos pro-teístas
  4. Refutaciones
  5. Dios y la ciencia
  6. Argumentos de autoridad
  7. Motivos para creer

Prólogo

Soy ateo. Pero me gusta decirle a la gente (ya que la mayoría son católicos) que soy libre Pensante, suena muy romántico. No creo que Dios exista. Jamás me atrevería a asegurarlo, claro está, de la misma manera que nadie debería asegurar que Dios existe, que lo conoce y que sabe cómo piensa; pero mi buen juicio me dice que no hay nada que merezca el nombre de Dios en este Universo.

Este documento quiere servir para varias cosas: una, como dice su título, explicar con claridad qué razones tengo para estar en desacuerdo con miles de millones de creyentes de distintas religiones, en un lenguaje "mío";

dos, explicar qué cosas implica el ateísmo para mí, y qué cosas no tienen nada que ver con el ateísmo;

tres, dar, quizá, a alguna persona, un motivo para dudar de la existencia de Dios (no para negarla, sólo para dudarla y molestarse en pensar seriamente sobre la cuestión ).

Si el lector es un fanático religioso o un fanático ateo (los hay de ambos), este documento probablemente les resulte molesto y ofensivo; donde hable de mis sentimientos sobre el tema en esta página, será a modo de ejemplo, no de argumentación, porque lo que sentimos y deseamos de todo corazón desgraciadamente no suele tener nada que ver con la realidad.

Mis razones para ser ateo son personales. Otros ateos probablemente tengan razones parecidas, o quizá sean completamente distintas, pero el ateísmo no es una religión, ni tan siquiera un sistema filosófico que debamos respetar o rechazar en bloque; es únicamente la simple ausencia de una creencia en dioses. Por supuesto, esto no quiere decir que las razones expuestas sean completamente subjetivas, "mi verdad", como se dice en estos pobres tiempos posmodernos. En cuanto puedo, prefiero callarme "mis verdades" y hablar de la Verdad.

Definiciones

"Cuando yo utilizo una palabra, significa exactamente lo que yo he elegido que signifique... ni más ni menos." (Humpty Dumpty, en "Alicia en el País de las Maravillas", de Lewis Carroll)

Dios: una entidad con poderes superiores a los de los seres humanos, a los que generalmente ordena que hagan o dejen de hacer cosas, o simplemente imparte conocimientos y preceptos; se considera una entidad sobrenatural porque sus poderes sobrepasan las leyes de la naturaleza, la cual, en algunas versiones del concepto, fue creada por él. Con mayúscula y sin artículo, se refiere a la deidad suprema de los judíos, cristianos y musulmanes, las tres religiones monoteístas mayores, pero en este documento se extiende el concepto para cubrir a los dioses de la religión hindú, de las antiguas religiones griega y romana, y otras.

Teísmo: (del griego theos, "dios") la creencia de que existe un dios personal (genéricamente "Dios"), que ha creado el mundo e interviene en él, a veces contactando con los seres humanos. Es un dios como el Dios judeocristiano tradicional.

Deísmo: (del latín deus, "dios") la creencia de que el mundo fue creado y "puesto en marcha" por un dios, personal o impersonal, indiferente, que no interviene en él sino que lo observa; es un "Dios-relojero" que arma el mecanismo y le da cuerda, el Dios en que creía Newton.

Ateísmo: (del griego a-, prefijo negativo, y teísmo) la no creencia en la existencia de Dios, o la creencia de que Dios no existe y no puede existir. Generalmente se asocia con un descreimiento en todo lo sobrenatural y en entidades personales por encima de los humanos.

El ateísmo tiene muy mal prestigio . Todas las religiones están en último término en guerra unas contra otras (o en una tregua difícil), pero todas se unen para hablar mal del ateísmo, porque el ateísmo rechaza la fe ignorante que las sustenta a todas ellas. Veamos algunos malos entendidos difundidos por la religión.

El ateísmo es lo opuesto al teísmo, pero esto no significa que los ateos rechacen a Dios, como muchas autoridades religiosas (personas y documentos) dicen; el ateo promedio no afirma "Dios no existe" sino "no creo en ningún dios". Ésta es una distinción importante.

El ateísmo (en su forma más común, conocida como "débil") no es una creencia en la inexistencia de Dios, sino un descreimiento. Como el ateo no cree en Dios, tampoco cree en sus acompañantes usuales (demonios, ángeles, santos, vírgenes) y todo lo anterior y lo que sigue se aplica a ellos.

Algunos teístas muy intolerantes dicen que Satanás nos engaña haciéndonos creer que Dios no existe, o que en realidad sabemos inconscientemente que Dios existe y experimentamos una "negación" psicológica para no reconocer esta verdad que nos obligaría a cambiar nuestras vidas. Esto es una tontería. En verdad, uno de los argumentos más interesantes en contra de la existencia de Dios es la cantidad de ateos que hay en el mundo (algunos dicen un 10%, otros un 1%; de todas maneras somos millones es decir somos la menor minoría), y el hecho de que haya tantos dioses y versiones de Dios. Si un Dios existiese, razonamos, su presencia sería clara e inconfundible. Con todo su poder, con su mera gloria y esplendor, no dejaría lugar a dudas sobre su apariencia y propósitos, y mucho menos sobre su existencia.

Otros teístas dicen que negar la existencia de Dios es negar todo lo que es sagrado, todo lo que es bueno, lo sublime, lo que nos trasciende, lo que nos hace ser humanos. Osea, que somos pobres diablos desalmados e inmorales (o amorales). Esto es una tontería, como pueden decir muchos que tienen amigos ateos. Somos tan morales o tan inmorales como el promedio, y cuando hacemos una buena acción la hacemos porque es buena, no porque nos gane un lugar en el cielo ; cuando dejamos de hacer algo malo, no lo hacemos porque nos dé culpa que Dios nos mire, sino porque es malo; y si cometemos una falta, no nos ponemos de rodillas a pedir perdón a las nubes, o a un sacerdote, sino que pasamos directo a reparar la falta y pedimos perdón a quien le corresponde, al afectado.

Tampoco es cierto que no haya cosas sagradas ni sublimes para nosotros. Algunos ateos serán más materiales que otros, algunos serán escépticos o depresivos (le puede pasar a cualquiera), pero en general creo que todos amamos a nuestros padres, hermanos e hijos, a nuestras parejas sentimentales, a nuestros amigos; todos podemos apreciar una canción o una puesta de sol. No nos arrodillamos frente a altares de mármol ni crucifijos de madera(aunque al hacerlo sea por respeto a igual que saludar a otra bandera ), pero muchos sentimos reverencia y asombro ante una montaña o a la perfección de los organismos . Para los teístas estas cosas quizá sean materiales, o simples reflejos imperfectos de Dios, y así, no las respetan como debieran.

Otra cosa que se dice es que el ateísmo es una religión cuyo dogma es "Dios no existe, yo soy mi propio dios", y que tenemos tanto que demostrar como los teístas. Como ya se dijo, es falso que el ateo promedio esté tan seguro. Muchos ateos lo somos porque "Dios" es un concepto sin significado razonable para nosotros (nos llamamos no-cognotivistas), una entidad que, si existiese, sería demasiado grande para hablar de ella con algún sentido. Otros lo somos porque la única religión que hemos tenido se ha demostrado falsa. En todo caso, no porque tengamos absoluta seguridad de que Dios no exista, lo cual es imposible. El ateísmo es una actitud a la que uno llega, no una decisión que uno toma. Cuando uno no cree en Dios, a pesar de la presión social que muchas veces tiene que soportar, es generalmente porque no puede, y no desea forzarse a poder, o fingir que puede. En estas condiciones, uno no tiene que demostrarle nada a nadie. Repito, el ateo no tiene que demostrarle nada a nadie. Nadie va por ahí predicando que los duendes existen y que los que no creen en duendes deben demostrar su inexistencia; mientras no haya pruebas de que los duendes existen, no creer en ellos es de puro sentido común. En todo tipo de discusión sobre cosas hipotéticas y no obvias, el que debe aportar pruebas es el que afirma, no el que niega.

Argumentos pro-teístas

Los creyentes de todas las épocas han sentido la necesidad de demostrar que su Dios existe, lo cual resulta desde ya sospechoso (un Dios como se debe, en mi humilde opinión, tendría que ser obvio, especialmente si es bueno y quiere que creamos en Él, y nos manda al infierno si no lo hacemos). He aquí algunos.

Las Cinco Vías: éstos son cinco argumentos lógicos que intentan probar la existencia de un Dios creador, anterior a todo el Universo, e infinitamente bueno. Las Cinco Vías fueron creadas por el teólogo Tomás de Aquino (a quien la Iglesia Católica proclama como santo, a pesar de que consideraba inferiores y deficientes a las mujeres y de que estaba a favor, no sólo de censurar o encarcelar, sino de ejecutar a los herejes). Algunas de las Cinco Vías tienen una gran fuerza argumental, y en su tiempo eran casi imbatibles, pero no pueden ser utilizadas seriamente como argumentos hoy en día.

Por ejemplo, un par de las Vías hablan de Dios como Primera Causa y Primer Motor. Todo lo que observamos es efecto de una causa que lo precede; nada en el Universo se causa a sí mismo, dice una de las Vías. Si retrocedemos en el tiempo, inevitablemente tenemos que llegar a una Causa que no tuvo antecesora, porque si no, tendríamos lo que se llama una regresión infinita. En la época de Tomás de Aquino esto no era tan obvio como parece, pero hoy sabemos que el Universo no puede ser eterno hacia el pasado, porque su entropía o desorden total tiende a aumentar (esto es una ley física indiscutible), de manera que al pasar el tiempo las diferencias de temperatura entre distintos puntos se achican y finalmente todo termina en equilibrio, sin movimiento posible más que el dado por el azar, a una temperatura uniforme.

Si el Universo fuese eterno, la entropía habría llegado a su máximo hace una cantidad infinita de tiempo, y no existiríamos. Bien, como decía, Tomás de Aquino dice que debe haber una Primera Causa que no tuvo antecesora, y esa causa debe ser Dios. De la misma manera, habla de cosas que se mueven, y que no se mueven a menos que otra cosa las empuje; mecanismos que se ponen en marcha sólo cuando alguien los acciona. El Primer Motor, el que movió por primera vez al Universo, debe haber sido Dios.

A continuación Tomás de Aquino habla de seres necesarios y de seres contingentes. Estos últimos son cosas que existen sólo porque fueron creadas o son modificaciones o ensambles de otras cosas. Para Tomás, todo lo que hay en el Universo es contingente, según deduce de observar la naturaleza (los humanos nacemos de humanos, nuestra carne proviene de lo que comemos, las plantas crecen absorbiendo elementos del suelo, etc.), y por tanto nada es "necesario". Todo podría no existir, y existe sólo por alguna otra cosa. Por eso debe haber algo que lo causó todo, que permitió que todo lo contingente existiese, un Ser Necesario, que debe ser Dios.

Tomás habla también de las virtudes, y de que todo posee virtud en un cierto grado (la falta relativa de virtud es llamada vicio). La virtud de cada cosa y criatura puede ser puesta en una escala, desde lo más vicioso hasta lo más virtuoso, y eso para cada virtud. Por lo tanto, dice Tomás, debe haber un tope para esta escala, un infinito, y el ser que posee todas las virtudes en cantidad infinita es Dios.

Otro santo (San Anselmo) propuso otra demostración famosa de la existencia de Dios, de la cual no dispongo aquí, y que no citaré (no la entiendo, y no creo que a ningún lector convenza, suponiendo que él o ella si la entienda).

Una versión más resumida de algunos de los puntos de las Cinco Vías es el llamado Argumento Cosmológico, o Argumento Kalam (kalam es una palabra árabe, que según creo significa "comienzo").

Si algo comienza, tiene una causa.

El universo comenzó a existir.

Por lo tanto, el universo tiene una causa.

(Queda, como a Tomás de Aquino, demostrar que la causa es Dios, y específicamente el Dios judeocristiano, pero ése es otro tema.)

Más cerca de nuestros tiempos, y de la mano del movimiento creacionista (propulsado por fundamentalistas, generalmente norteamericanos, que afirman que la Biblia debe ser leída literal y no figurativamente), tenemos el Argumento del Diseño. Los creacionistas creen que Dios creó el Universo y el hombre, aunque algunos están dispuestos a aceptar que no necesariamente fue una pareja en un jardín y en exactamente seis días, y creen sobre todo que Dios impuso un plan y una intencionalidad a la creación. Dicen que el Universo tiene leyes finamente ajustadas para la existencia de seres como nosotros, y que los seres vivos son muy complejos como para haber surgido de una evolución guiada por las fuerzas impersonales del azar y de la selección natural; por lo tanto, afirman que Dios impuso las leyes y el orden, guiando el desarrollo del Universo según Su Divino Plan.

Estos han sido los argumentos pro-teístas más conocidos. Procedo ahora a refutarlos.

Refutaciones

Las Cinco Vías no son tan difíciles de refutar como parecen. La que habla de la escala de las virtudes lo hace como si las virtudes fueran objetos concretos que se pudieran pesar y medir, y asumiendo que el vicio es la mera ausencia de virtud. Esto es una base de la doctrina cristiana, pero ¿por qué no considerar a los vicios como objetos medibles también? (Eso crearía la necesidad de otro Dios, un Supremo Malvado, que no puede existir; incluso Satanás es una creatura de Dios, y no tiene Sus poderes, en la teología cristiana.) De todas maneras, no es lógico pensar que toda escala tiene que tener un límite infinito, o un límite de cualquier clase. Si yo ordeno un conjunto de personas por su altura y aplico ese razonamiento, tengo que decir que debe haber alguien infinitamente alto, lo cual es absurdo. El infinito es un concepto matemático que se usa con rigor sólo en matemáticas, y con mucho cuidado; no es un número, ni tampoco se encuentra en la realidad concreta.

El asunto del Primer Motor y la Primera Causa se reducen a un solo argumento, y la respuesta es la que dio el filósofo Bertrand Russell hace décadas:

"Si todo debe tener una causa, entonces Dios debe tener una causa. Si puede haber algo sin causa, tanto podría ser el mundo como Dios, así que ese argumento no tiene validez." (Bertrand Russell, "Por Qué No Soy Cristiano")

El Argumento Cosmológico es muy parecido. Recordemos que la primera premisa es que, si algo comienza, tiene una causa, y que la segunda premisa es que el Universo tuvo un comienzo. Esto parece una obviedad, pero no lo es tanto, ahora.

Para empezar, la primera premisa es inválida. La física moderna sabe desde hace tiempo que, debido al llamado Principio de Incertidumbre (uno de los pilares de la mecánica cuántica), es posible que aparezcan pares de partículas literalmente de la nada, que se aniquilan y desaparecen en un tiempo demasiado corto para observarlas directamente, pero cuyos efectos pueden ser medidos. Esto no viola ninguna ley física, y de hecho ocurre todo el tiempo. El sonido que sale de un parlante, aun el más aislado de las interferencias, nunca es "puro"; siempre hay pequeños ruidos parásitos. Ese ruido imposible de eliminar es el ruido que producen partículas cargadas virtuales al aparecer, interfiriendo brevemente con los canales eléctricos que transportan el sonido, con los circuitos electrónicos que lo producen, y literalmente con todo lo que haya en medio. Por lo tanto, la premisa número 1 del Argumento Cosmológico es inválida: hay efectos sin causa. Sin causa a priori, se podría aclarar; la causa es evidente después de que ocurrió el suceso, pero antes es impredecible, y de hecho, por definición, no queda ningún registro posterior de ella.

Además, la segunda premisa parece que también es inválida. El Universo no tuvo un comienzo. Para que algo comience, debe haber un momento en el tiempo en que no hubiese comenzado, y un momento posterior en que estuviese en marcha. Pero si la teoría del Big Bang es verdadera, el espacio y el tiempo aparecieron juntos; no hubo nada antes del Universo porque el concepto de "antes" no estaba definido. (Incluso San Agustín afirmaba esto.) Otras teorías rivales (porque el Big Bang no está en absoluto probado) afirman que el espaciotiempo no tiene borde, sino que es como la superficie de una esfera, que sin ser infinita tampoco tiene un límite, sino que se curva sobre sí misma. En este caso tampoco hay un punto de comienzo, literal o figurativo. Finalmente, una teoría en boga hoy en día (y con méritos) afirma que el Universo (lo que nosotros llamamos así) surgió de una fluctuación del vacío de un universo "anterior", exactamente como surgen de la nada las partículas virtuales de las que hablábamos. Es teóricamente posible que nuestro propio Universo esté engendrando otros en este preciso instante.

Pero no nos enredamos con la cosmología. Lo importante es que el Argumento Cosmológico es en principio inválido, porque sus premisas fallan.

Cabe preguntarse qué pasa si estas teorías alocadas son simplemente eso que uno piensa, locuras. Bien, es perfectamente posible, pero un ser humano sensato debe resistir la tentación de poner a Dios en los lugares donde no llega su conocimiento. Por mi parte, estoy perfectamente conforme con decir "no sé" (difícil, pero desarma a cualquier adversario en una discusión).

Dios y la ciencia

Esto que acabo de mencionar es un problema para muchos. Los ateos que lo lean dirán que es como abandonar el campo; los teístas dirán que efectivamente es un abandono del campo, y que la única solución para esta ignorancia, solución que no queremos aceptar, es Dios.

Sin embargo, esto proviene una confusión sobre el papel de la ciencia. Nadie dice que la ciencia tenga que ser una religión, o que deba tener todas las respuestas. La ciencia formula teorías. Una teoría no es, como dijo Isaac Asimov refiriéndose a lo que piensan los fundamentalistas, una idea que uno armó después de una noche de borrachera. Una teoría es una estructura formal que resume observaciones, plantea hipótesis y las explica tentativamente, haciendo predicciones que pueden ser testeadas. Karl Popper, un estudioso y filósofo de la ciencia, decía que una buena teoría debe ser falseable, o sea, que debe poder probarse falsa de alguna manera.

Por ejemplo, la teoría de Newton sobre las fuerzas y la gravedad explica los movimientos de los planetas y permite predecirlos. Si un planeta comenzara a moverse de una manera distinta a la predicha, entonces la teoría de Newton resultaría falseada. Newton, siendo un buen científico, no insistiría, no instituiría un dogma ni quemaría a sus "herejes" en una hoguera, sino que se pondría a corregir su teoría. Tal como resultaron las cosas, la teoría de Newton fue falseada por la de la relatividad, de Einstein, cuando se descubrió que el perihelio del planeta Mercurio (el punto en que está más cerca del Sol se desplazaba levemente en cada órbita. La pequeñísima desviación provenía de los efectos relativistas provocados por la inmensa masa del Sol y la elevada cercanía y velocidad orbital de Mercurio. Desde luego, la teoría de Newton sigue siendo válida (una muy buena aproximación) para todo el resto de los planetas, al igual que para los objetos en la Tierra; sólo hay que recurrir a la relatividad cuando se requieren medidas muy precisas, como las de un posicionador GPS.

Culpar a la ciencia de querer conformarnos con teorías en vez de con hechos ciertos es reflejo de una gran ignorancia, al igual que presentar teorías como hechos. Pero peor aún es pretender que, como la ciencia no da seguridades, debemos abandonarla y confiar en la religión, explicando lo desconocido o dudoso con un simple y generalizante "Dios lo hizo".

Incluso nuestro lenguaje refleja cómo en realidad sabemos que esto es ridículo. "Dios sabe" significa "no tengo idea". "Dios proveerá" significa "confío en que algo me sacará del lió". "Dios lo va a castigar" significa "va a salirse con la suya mientras viva". "Dios lo hizo" quiere decir que no sabemos cómo se hizo, y no nos importa saber; que confiamos tan poco en la inteligencia y la capacidad humanas que creemos firmemente que jamás habrá manera de saber.

Este Dios que ocupa los huecos de la ignorancia humana es conocido, apropiadamente, como "el Dios de los Huecos" (en inglés, "God of the Gaps"). Dado el avance de la ciencia en los últimos siglos y en particular durante el último, este Dios se ha estado encogiendo a un ritmo alarmante para muchos. Algunos se encierran en lo antiguo, como los fundamentalistas que obligan a sus hijos a abstenerse de leer y ver TV salvo para leer la Biblia y ver programas de adoctrinamiento. Otros, más astutamente, hacen como que aceptan a la ciencia, pero le adosan la fe como "complemento" (cuando en realidad la fe y la ciencia se contradicen en su misma base) y adornan las teorías científicas en boga con aditamentos teológicos. Éste ha sido el camino seguido por la Iglesia Católica.

Debe quedar claro que Dios y la ciencia no son incompatibles; sí es incompatible el método científico con los principios que llevan a los creyentes a estar seguros de que su Dios es el Único Dios Verdadero, o incluso que su Dios es todo lo que dicen que es. La fe es creer sin pruebas o a pesar de las pruebas; la ciencia es creer en las cosas que han resistido las pruebas con éxito, y guardar silencio sobre lo que no se sabe. Dicho con esas palabras, obviamente, la ciencia es en principio puro sentido común (aunque no siempre).

Argumentos de autoridad

Supongamos que decidimos prescindir de la fe y de la ciencia. No lo recomiendo, pero en fin, ¿por qué creemos en algo, la mayoría de los seres humanos, antes de haber ido a la escuela? Creemos en lo que nos dicen nuestros padres, nuestros primeros maestros. Absorbemos lo que nos dicen y lo incorporamos a nuestra moral, a nuestra conducta, a veces para siempre. Estamos hechos así porque el ser humano nace relativamente muy "incompleto": no puede caminar solo, ni alimentarse por su cuenta, ni comunicar más que apetitos y deseos básicos. Físicamente, somos absolutamente desvalidos, y mentalmente, no somos más inteligentes que los otros animales. Obramos de manera instintiva, pero menos que un chimpancé, y mucho menos que un gatito o una cachorro de ardilla, ni hablar de un cocodrilo bebé. Tenemos mucho que aprender, y rápido, porque lo que hará de nosotros seres humanos y no meros animales medio torpes es nuestro cerebro. Por lo tanto, durante nuestros primeros años nuestro cerebro es como una esponja, que todo lo absorbe sin más; en esta época se crean nuestros hábitos y condicionamientos.

A veces las consecuencias de una "programación" errónea durante la niñez son terribles. Los traumas, las inhibiciones, todo queda grabado de manera indeleble o casi indeleble sobre nuestras mentes. Si mamá nos golpeó muchas veces, es casi seguro que nuestro cerebro infantil grabe el mensaje de "para obtener obediencia, hay que golpear", y que de adultos golpeemos a nuestros hijos.

La religión es una de esas cosas que heredamos, queriendo o no, de nuestros padres. Los creyentes no deben nunca olvidar que, en su mayoría, son miembros de la "verdadera" religión por pura casualidad, por haber nacido en un hogar y un país determinado, no por su fe o su buen juicio.

Otros factores influyen para que aceptemos nuestra religión. No sólo nuestros padres nos educaron en ella, sino que gente a la que admiramos la sigue también. Es aceptada en la sociedad. Sus sacerdotes son considerados gente especial, distinta, más cercana a Dios, y ellos predican esa religión. Algunas religiones, como el catolicismo, tienen figuras (vivas o muertas, reales o míticas) que hablan con toda autoridad de las bondades de la religión. ¿Cómo nos atrevemos los ateos a renegar de lo que nuestros padres nos enseñaron, de lo que dicen los sacerdotes (que literalmente estudiaron para ser intermediarios de Dios), de lo que dice un Papa, un Gran Rabino, un Swami, una Teresa de Calcuta, un Martin Luther King, un Mahatma Gandhi?

La verdad es que todas estas figuras y muchas más han dicho cosas inspiradoras y han jugado un papel importante en el mundo, pero todos ellos han sido humanos, con sus propios prejuicios y sus propios condicionamientos, y tan falibles como cualquiera. Con mayor o menor tolerancia, con fines transparentes u ocultos, han hablado de lo que está bien para ellos; nada hay que nos pruebe fehacientemente que hayan hablado de parte de Dios, o según la voluntad de Dios. Tampoco las sagradas escrituras en que pueden haberse basado, aunque tengan parte de verdad y de utilidad y de sentido moral, son inspiradas por Dios, a menos que creamos lo que ellas mismas proclaman (lo cual es una forma de argumentar en círculo).

Personalmente no creo en las instituciones que dicen conocer a Dios porque, si hubiera un Dios (el que no crea en ninguno no es un obstáculo para proponer hipótesis), Él probablemente sería una entidad muy compleja, y tengo la fuerte sensación de que no seríamos capaces de entenderLo si Lo encontrásemos. Los teístas generalmente están de acuerdo con esto último (excepto la parte condicional del final), pero sus autoridades tienden a olvidarse. Los clérigos y los teólogos hablan sobre Dios como si Él fuese un objeto concreto que han estudiado y una persona a la que han conocido íntimamente por años; esto estaría muy bien, y yo me sentiría inclinado a aceptar sus dichos, si pudieran al menos mostrarme pruebas de que este objeto o persona es real para empezar. De otra forma, todo puede ser un simple juego de la imaginación.

Motivos para creer

Mi lector creyente debe estar en este punto, y muy comprensiblemente, cansado de filosofía y argumentos. Estoy de acuerdo. No es por esto que no creo en Dios, en realidad. Éstas son las razones que puedo dar cuando la gente no entiende nada más, aunque suenen más bien como excusas complicadas.

La existencia de Dios es difícil (yo diría imposible) de probar. Dios es una hipótesis increíblemente complicada. Dios no puede percibirse con nuestros sentidos normales salvo cuando realiza un milagro, y entonces no podemos saber si en realidad fue un milagro. Es más sencillo (más económico, se dice en términos científicos) suspender la creencia en Dios, ya que es tan difícil de probar y aparentemente tan difícil de entender. Por lo tanto, los ateos estamos del lado bueno del argumento: como ya dije antes, no necesitamos probar nada. Esa carga descansa sobre el creyente.

Las explicaciones de mi descreimiento son sólo para clarificar, para poner las cosas en orden, y para exponerlas ante los que dudan y necesitan ayuda (como yo en un momento). No necesito ninguna de ellas, en realidad. No es que no crea en Dios porque haya estudiado estos complicados argumentos; ellos vinieron después. Así que ¿cuáles son mis motivos?

No creo en Dios por la misma razón por la que no creo en otras cosas que la gente común no cree, como Papá Noel o la generación espontánea. Papá Noel no existe; no puede existir en nuestro universo, por ciertas razones. Quiero preguntarle al creyente de qué manera es diferente Dios que Papá Noel. Después de haber logrado de alguna forma refutar los argumentos naturales y filosóficos, todavía se puede decir que uno "siente" a Dios "en su corazón", siente que no puede dejar de existir. Pero cuando uno era un chico, sentía a Papá Noel en el corazón, tarde, en la noche de Navidad... y eso no significa que haya sido verdad. Simplemente era un anhelo, un ideal infantil. Pero el mundo es mucho más duro que eso.

Esto no es blasfemia. No busques ofensa donde no se intenta ofender. Éstas son preguntas honestas. Yo ya las he respondido en lo que a mí respecta, después de mucho meditar. Haz lo mismo, si puedes

Carlos Nava

"la religión es como una escalera, nos puede ayudar mucho pero también si no esta bien puesta puede hacer que caigamos y nos lastimemos"

La verdadera realidad de un Ateo

Por: Carlos Nava

""Yo digo que ambos somos ateos. Yo simplemente creo en un dios menos que tú. Cuando entiendas por qué descartas a todos los otros posibles dioses, entenderás por qué yo descarto al tuyo."

Carlos Nava

cnavaj@hotmail.com

Si dios existe espero que tenga una buena excusa



algunos comentarios al respecto

licantropo86

Dios no existe, es solo uan droga para alejarse de la realidad.

licantropo86
Los creyentes siempre salen con su bendita excusa del libre albedrío ¿pero a caso Dios no interviene directamente en muchas partes de la Biblia? Porque si ayudó al pueblo judío para escapar del faraón de Egipto (según dice la Biblia) no ayudo a los judíos durante el Holocausto?
Y donde está Dios cuando hay desastres como tsunamis y terremotos, que son totalmente naturaleza, sin intervención humana?

Padre Marcial Maciel Pederasta Parte I y II



de Le monde pluriel

Vous allez trouver dans cette rubrique les conseils juridiques afin que vous puissiez porter plainte contre la bible et le coran ou les institutions religieuses plus généralement (en france et à l'étranger).

A fur et à mesure, cette rubrique sera complétée par d'autres personnes qui nous feront partager leurs expériences.

Lorsque mes moyens le permettront , je mettrai à disposition, de toutes celles et ceux qui désirent s'engager dans une action pénale, une aide matérielle.

Le fait d'engager des procédures pénales permet deux choses:

1) Combattre les religions d'un point de vue juridique :

- en essayant d'interdire la vente en l'état de la bible et du coran (une commercialisation avec un avertissement sur la couverture serait par exemple une avancée significative).

- en engageant des poursuites contre des dignitaires religieux qui font preuve de sectarisme dans leurs propos...

2) Combattre les religions d'un point de vue médiatique.

le simple fait que des dizaines de plaintes seraient déposées partout à travers le monde provoquerai de facto un vaste débat.

il faut occuper le terrain de la communication, face à des religieux très bien organisés.

Conseils pratiques:

-france :

Il est possible de porter plainte en france contre les éditeurs de la bible et du coran en utilisant la loi du 29 juillet 1881 relative à la liberté de la presse.

Très facile à faire.

Envoyez au procureur du tribunal de votre département une lettre recommandée dans laquelle vous demandez la suspension, en l'état, de la vente de la bible et du coran pour violation de la loi mentionnée dans le paragraphe précédent.

Très facile à faire, gratuit et vous avez fait un acte citoyen.

Pour plus de détails écrivez moi .

- Europe:

Il est possible de porter plainte en Europe contre la bible et le coran pour violation de l'article 14 de la convention des droits de l'homme.

Envoyer une lettre recommandée à la cour, dans laquelle vous citez quelques articles biblique et coranique.

adresse: monsieur le greffier de la cour européenne des droits de l'homme.

conseil de l'Europe. f- 67075 strasbourg cedex.

Il convient, tout d'abord, d'engager une action au niveau national (dans votre pays de résidence).

Si la procédure n'aboutit pas saisir alors l'institution européenne.

La bible et le coran sont remplis de propos qui provoquent haine et les discriminations, en voici quelques-uns que vous pouvez utiliser:

Homophobie.

la bible ancien testament .

le Lévitique chapitre 20.

châtiments.13 « l’homme qui couche avec un homme comme on couche avec une femme, c’est une abomination qu’ils ont tous deux commise, ils devront mourir, leur sang retombera sur eux. »

Sexisme

LA BIBLE NOUVEAU TESTAMENT.

Première épître aux corinthiens .chapitre 14.

règles pratiques .

34. «que les femmes se taisent dans les assemblées, car il ne leur est permis de prendre la parole ; qu’elles se tiennent dans la soumission, selon que la loi même le dit».

Appel au crime.

LE CORAN

sourate IX

5.« quand les mois sacrés seront expirés, tuez les infidèles quelques part que vous les trouvez»

Sexisme

LE CORAN

sourate IV

38/34 « les hommes ont autorité sur les femmes du fait que (les hommes ) font dépense sur leur bien (en faveur de leurs femmes)… celles dont vous craignez l’indocilité( la désobéissance), admonestez-les (disputez –les) ! reléguez- les dans les lieux où elles couchent ! frappez-les ! »

Pour tout renseignement complémentaire envoyez-moi vos questions en utilisant la rubrique contact.

dimanche 25 février 2007

Por qué es prácticamente seguro que Dios no existe

por Richard Dawkins para http://www.edge.org, traducido por Anahí Seri

USA, país que fue fundado en el laicismo como faro de la Ilustración del siglo XVIII, se está convirtiendo en víctima de la política religiosa, una circunstancia que hubiera horrorizado a los fundadores de la nación. El poder político de hoy en día concede más valor a las células embrionarias que a las personas adultas. Se obsesiona con el matrimonio de homosexuales, en lugar de preocuparse por temas verdaderamente importantes que suponen una diferencia para el mundo. Obtiene un apoyo electoral crucial de unos ciudadanos religiosos con tan poco sentido de la realidad que creen que van a “ascender” al cielo, quedando sus vestimentas tan vacías como sus mentes. Otros especímenes más extremos anhelan una guerra mundial, que identifican con el Apocalipsis que presagia el Segundo Advenimiento. Sam Harris, en su nuevo y breve libro Carta a una nación cristiana [Letter to a Christian Nation] da en el clavo, como siempre:

“Por lo tanto, no es exagerado afirmar que si la ciudad de Nueva York fuera súbitamente reemplazada por una bola de fuego, un porcentaje significativo de la población usamericana vería un halo de esperanza en el subsiguiente hongo nuclear, pues sugeriría que iba a suceder lo mejor que jamás pudiera ocurrir: el regreso de Cristo… Imagínense las consecuencias si una parte significativa del gobierno de USA realmente pensara que el mundo está a punto de acabarse y que el fin va a ser glorioso. El hecho de que casi la mitad de la población usamericana aparentemente se lo cree, basándose simplemente en el dogma religioso, debería considerarse una emergencia moral e intelectual."

¿Comprueba Bush diariamente el índice de ascensiones, como hacía Reagan con el horóscopo? No lo sabemos, pero ¿acaso alguien se sorprendería?

Mis colegas científicos tienen razones añadidas para declarar una emergencia. Los ataques a la investigación sobre células madre, ignorantes y absolutistas, no son más que la punta del iceberg. Estamos ante nada menos que un ataque global a la racionalidad y a los valores de la Ilustración que inspiraron la creación de la primera y más grande de las repúblicas laicas. La educación científica, y con ella el futuro de la ciencia en este país, está amenazada. Derrotada provisionalmente en un juzgado de Pennsylvania, la “pasmosa estupidez” (frase inmortal del juez John Jones) del “diseño inteligente” sigue aflorando continuamente. Atajarla es una responsabilidad que nos lleva mucho tiempo pero que es importante, y los científicos están empezando a salir de su autocomplacencia. Durante años han seguido tranquilamente con su ciencia, subestimando de forma lamentable a los creacionistas que, sin aptitud ni interés por la ciencia, se han dedicado a la muy seria labor política de subvertir a las juntas escolares locales. Los científicos, y los intelectuales en general, están ahora tomando conciencia de esta amenaza que nos viene de los talibanes usamericanos.

Los científicos se dividen en dos campos según lo que consideran la mejor estrategia para enfrentarse a la amenaza. La corriente de opinión de Neville Chamberlain, favorable del apaciguamiento, se centra en la batalla de la evolución. En consecuencia, sus miembros identifican al fundamentalismo como el enemigo y hacen ingentes esfuerzos por apaciguar la religión “moderada” o “sensata” (lo cual no es una tarea difícil, pues los obispos y los teólogos desprecian a los fundamentalistas tanto como los científicos). En cambio, los científicos de la corriente de Winston Churchill, consideran que la lucha por la evolución no es más que una batalla en una guerra más amplia: una guerra que se avecina entre el supernaturalismo por un lado y la racionalidad por otra. Para ellos, los obispos y los teólogos están, junto con los fundamentalistas, en el bando de lo supernatural, y no es cuestión de apaciguarlos.

La escuela de Chamberlain acusa a los churchilianos de sacudir el bote hasta el extremo de enturbiar las aguas. El filósofo de la ciencia Michael Ruse escribió:

“Nosotros, que amamos la ciencia, tenemos que darnos cuenta de que el enemigo de nuestros enemigos es nuestro amigo. Es demasiado frecuente que los evolucionistas dediquen tiempo a insultar a quienes podrían ser sus aliados. Esto vale sobre todo para los evolucionistas laicos. Los ateos pasan más tiempo atacando a cristianos bien dispuestos que enfrentándose a los creacionistas. Cuando Juan Pablo II escribió una encíclica en la que aprobaba el darwinismo, la respuesta de Richard Dawkins se redujo a acusarle de hipocresía, a decir que era imposible que fuera sincero al referirse a la ciencia, y Dawkins afirmó que él prefería a un fundamentalista honrado.”

Un reciente artículo de Cornelia Dean publicado en el New York Times cita al astrónomo Own Gingerich cuando dice que, al propugnar simultáneamente la evolución y el ateísmo, “el Dr. Dawkins probablemente está consiguiendo lograr más adeptos al diseño inteligente que cualquiera de los principales teóricos del diseño inteligente”.

No es la primera, no es la segunda, no es ni siquiera la tercera vez que se hace esta observación absolutamente estúpida.

Los chamberlainitas suelen citar el principio del difunto Stephen Jay Gould: NOMA, non-overlapping magisteria, “magisterios que no se superponen”. Gould mantenía que la ciencia y la auténtica religión nunca entran en conflicto porque habitan dimensiones del discurso totalmente separadas:

“Se lo digo a todos mis colegas, y lo repito por enésima vez (tanto en reuniones estudiantiles como en tratados eruditos): sencillamente, la ciencia no puede zanjar con sus métodos legítimos la cuestión de la posible supervisión de la naturaleza por parte de Dios. Ni lo afirmamos ni lo negamos; sencillamente, no podemos pronunciarnos sobre ello como científicos.”

Suena estupendamente, hasta que uno se para a pensar un momento sobre ello. Entonces, se da cuenta de que la presencia de una deidad creadora en el universo es claramente una hipótesis científica. De hecho, es difícil imaginarse, en toda la ciencia, una hipótesis más trascendental. Un universo con un dios sería un tipo de universo totalmente diferente de un universo sin dios, y la diferencia sería científica. Dios podría resolver el asunto a su favor en cualquier momento montando una demostración espectacular de sus poderes, algo que pudiera satisfacer incluso los exigentes estándares de la ciencia. Incluso la Templeton Foundation, de triste fama, reconoció que Dios es una hipótesis científica: financiando ensayos con doble enmascaramiento para averiguar si las oraciones a distancia podían acelerar la recuperación de pacientes enfermos del corazón. Por supuesto, el resultado fue negativo, aunque un grupo de control que sabía que habían rezado por ellos más bien empeoró (¿qué tal si se entabla una demanda colectiva contra la Templeton Foundation?). A pesar de esfuerzos como éstos, que tanta financiación han recibido, no se han hallado aún pruebas de la existencia de Dios.

Para apreciar la hipocresía de las personas creyentes que aceptan el principio NOMA, imagínense que unos arqueólogos forenses descubrieran, por casualidad, unas pruebas basadas en el ADN que demostraran que Jesús nació de una madre virgen y que no tenía padre. Si los entusiasta del NOMA fueran sinceros, deberían rechazar el ADN del arqueólogo sin dudarlo: “Es irrelevante. Las pruebas científicas no tienen ninguna relación con las cuestiones teológicas. Magisterio equivocado.” ¿Acaso alguien se cree, de verdad, que iban a decir algo de ese estilo? Podemos apostarnos lo que sea a que no sólo los fundamentalistas, sino todos los profesores de teología y todos los obispos del país proclamarían a los cuatro vientos la evidencia arqueológica.

O bien Jesús tenía padre o no lo tenía. La cuestión es una cuestión científica, y se usarían pruebas científicas, de haberlas, para zanjarla. Lo mismo vale para cualquier milagro; y la creación deliberada e intencionada del universo tendría que haber sido la madre y el padre de todos los milagros. O bien ocurrió o bien no ocurrió. Se trata de un hecho, así o asá, y en nuestro estado de incertidumbre le podemos asignar una probabilidad; una estimación que puede ir variando a medida que se acumula más información. La mejor estimación, por parte de la humanidad, de la probabilidad de la creación divina se redujo considerablemente en 1859 con la publicación del Origen de las especies, y a lo largo de las décadas subsiguientes ha seguido reduciéndose, mientras la evolución se consolidaba en el siglo XIX como teoría plausible, hasta llegar a convertirse, en la actualidad, en un hecho demostrado.

La táctica de los chamberlainitas de ponerse a buenas con la religión “razonable”, a fin de presentar un frente unido frente a los creacionistas (“diseño inteligente”), no es mala si nuestra preocupación central es la batalla por la evolución. Se trata de una preocupación válida y aplaudo a quienes la defienden, como Eugenie Scott en Evolución frente a Creacionismo [Evolution versus Creationism]. Pero si nos preocupa la formidable cuestión científica de si el universo fue o no creado por una inteligencia supernatural, entonces las líneas divisorias pasan por otro sitio. Tratándose de esta cuestión más amplia, los fundamentalistas están en el mismo bando que la religión “moderada” y yo me encuentro en el bando opuesto.

Por supuesto, se está presuponiendo que el Dios del que hablamos es una inteligencia personal tal como Yavé, Alá, Baal, Wotan, Zeus o Hare Krishna. Si por “Dios” entendemos amor, naturaleza, bondad, el universo, las leyes de la física, el espíritu de la humanidad o la constante de Planck, todo lo anterior carece de sentido. Una estudiante usamericana preguntó a su profesor si tenía alguna opinión sobre mí. “Claro que sí”, le respondió aquél. “Está absolutamente convencido de que la ciencia es incompatible con la religión, pero se extasía con la naturaleza y el universo. Para mí, ¡eso es religión!” En efecto, si eso es lo que se entiende por religión, muy bien, entonces soy un hombre religioso. Pero si tu Dios es un ser que diseña universos, escucha plegarias, perdona pecados, hace milagros, lee tus pensamientos, se preocupa por tu bienestar y te resucita de los muertos, entonces no es probable que te sientas satisfecho. Como dijo el célebre físico usamericano Steven Weinberg, “Si quieres decir que ‘Dios es energía’ entonces puedes encontrar a Dios en un pedazo de carbón”. Pero no cuentes con que vas a llenar tu iglesia de fieles.

Cuando Einstein dijo “¿Tenía Dios una opción cuando creó el universo?”, lo que quería decir es “El universo, ¿se podría haber iniciado de más de una manera?” “Dios no juega a los dados” fue una expresión poética de Einstein para mostrar su duda sobre el principio de indeterminación de Heisenberg. Es sabido que Einstein se molestó cuando los teístas interpretaron esta afirmación como creencia en un Dios personal. Pero, ¿qué esperaba? Debía haber sido palpable para él el ansia de malentendidos. Los físicos “religiosos” normalmente resulta que lo son sólo en el sentido einsteiniano: son ateos con un temperamento poético. También yo lo soy. Sin embargo, dado este anhelo de malentendidos, tan extendido, el confundir deliberadamente el panteísmo einsteiniano con la religión sobrenatural es un acto intelectual de alta traición.

Si aceptamos pues que la hipótesis de Dios es una hipótesis científica propiamente dicha, a cuya verdad o falsedad no tenemos acceso simplemente por falta de pruebas, ¿cuál debería ser nuestra mejor estimación de la probabilidad de que Dios existe, dadas las pruebas de las que disponemos en estos momentos? En mi opinión, la probabilidad es bastante reducida, y a continuación explico por qué.

En primer lugar, la mayoría de los argumentos tradicionales a favor de la existencia de Dios, desde Tomás de Aquino, son fáciles de desmontar. Varios de ellos, por ejemplo el argumento de la primera causa, se basan en una regresión infinita que llega a su fin con Dios. Pero nadie nos explica por qué Dios, misteriosamente, es capaz de poner fin a las regresiones infinitas sin requerir él mismo una explicación. Ciertamente, necesitamos algún tipo de explicación para el origen de todas las cosas. Los físicos y los cosmólogos se dedican a esta ardua labor. Pero cualquiera que sea la respuesta (una fluctuación cuántica aleatoria, o una singularidad Hawkings/Penrose o como quiera que acabemos llamándola), será simple. Por definición, las cosas complejas, estadísticamente improbables, no ocurren así sin más; necesitan ser explicadas. No son capaces de poner fin a las regresiones infinitas, a diferencia de lo que ocurre con las cosas simples. La primera causa no puede haber sido una inteligencia, por no hablar de una inteligencia que responde a plegarias y le gusta ser adorada. Las cosas inteligentes, creativas, complejas, estadísticamente improbables aparecen tardíamente en el universo, como producto de la evolución o de algún otro proceso de escalada gradual a partir de un principio simple. Aparecen tardíamente en el universo y por tanto no pueden ser responsables de su diseño.

Otro de los esfuerzos de Tomás de Aquino, la vía de los grados de perfección, merece la pena ser expuesto con detalle, pues es un típico ejemplo de la debilidad del razonamiento teológico. Tomás de Aquino dijo que nosotros percibimos grados, pongamos por caso, de bondad o temperatura, y los medimos por referencia a un máximo:

“Ahora bien, el máximo de cualquier género es la causa de todo en dicho género; así el fuego, que es el máximo del calor, es la causa de todas las cosas calientes . . . Por tanto, debe existir algo que sea para todos los seres la causa de su ser, bondad, y cualquier otra perfección; y eso es lo que llamamos Dios.”

¿Eso se considera un argumento? Por la misma razón podríamos decir que la gente varía en cuanto a su olor, pero que sólo podemos juzgarlos por referencia a un máximo perfecto de olor concebible. Por tanto, debe existir un ser oloroso preeminente sin parangón, y lo llamamos Dios. Se puede utilizar cualquier otra dimensión comparativa que se desee, para derivar una conclusión igualmente fatua. A eso lo llaman teología.

El único de los argumentos tradicionales a favor de Dios que se emplea ampliamente en la actualidad es el argumento teleológico, llamado a veces “argumento del diseño”, si bien (dado que el nombre da por sentada la cuestión de su validez) debería llamarse más bien “argumento a favor del diseño”. Se trata del familiar argumento “del relojero”, que sin duda es uno de los malos argumentos más superficialmente plausibles jamás descubiertos; y que casi todo el mundo redescubre hasta que se les hace ver la falacia lógica y la brillante alternativa de Darwin.

En el mundo familiar de los artefactos humanos, las cosas complicadas que tienen apariencia de haber sido diseñadas han sido diseñadas. Para un observador ingenuo, parece deducirse que las cosas del mundo natural de similar complejidad que parecen diseñadas, como los ojos o los corazones, también han sido diseñadas. No se trata solamente de un argumento por analogía. Aquí hay una apariencia de razonamiento estadístico; es falaz, pero comporta una ilusión de plausibilidad. Si barajamos un millón de veces al azar los fragmentos de un ojo o de una pierna o de un corazón, ya tendríamos suerte e dar con una sola combinación capaz de ver, caminar o bombear. Esto demuestra que estos dispositivos no podrían haberse constituido al azar. Y por supuesto que ningún científico razonable dijo jamás que así fuera. Lamentablemente, la educación científica de la mayoría de los estudiantes británicos y usamericanos omite toda mención de Darwin, y por tanto la única alternativa al azar que la mayoría de las personas pueden imaginar es el diseño.

Incluso antes de la época de Darwin, la falta de lógica saltaba a la vista: ¿cómo podría haber sido jamás una buena idea postular, como explicación para la existencia de cosas improbables, a un diseñador que tendría que ser más improbable aún? Todo el argumento cae lógicamente por su base, como ya se dio cuenta Hume antes del nacimiento de Darwin. Lo que no conocía Hume es la alternativa de suprema elegancia que Darwin propondría, alternativa tanto al azar como al diseño. La selección natural es tan deslumbrantemente poderosa y elegante que no sólo explica la totalidad de la vida, sino que eleva nuestra conciencia y da una espaldarazo a nuestra confianza en la capacidad de la ciencia para explicar todo lo demás.

La selección natural es más que una mera alternativa al azar; es la única alternativa definitiva jamás planteada. El diseño sólo es una explicación factible de la complejidad organizada a corto plazo. No es una explicación final, pues los propios diseñadores requieren una explicación. Si, como una vez especularon Francis Crick y Leslie Orgel medio en broma, la vida fue sembrada deliberadamente en nuestro planeta por un cargamento de bacterias que venía en la ojiva de un cohete, habrá que hallar una explicación para los alienígenas inteligentes que lanzaron el cohete. El última instancia, tienen que haber evolucionado de forma gradual a partir de inicios más simples. Solamente la evolución, o algún tipo de “grúa” gradualista, para emplear el ingenioso término de Daniel Dennett, es capaz de poner fin a la regresión. La selección natural es un proceso anti-aleatorio que va construyendo gradualmente la complejidad, paso a paso. El producto final de este efecto cremallera es un ojo, o un corazón, o un cerebro; un dispositivo cuya complejidad es absolutamente desconcertante hasta que divisamos la suave rampa por la que se llega a él.

Esté, o no, en lo cierto en cuanto a mi conjetura de que la evolución es la única explicación para la vida en el universo, de lo que no cabe duda es de que es la explicación de la vida en este planeta. La evolución es un hecho, y está entre los hechos más fehacientes que conoce la ciencia. Pero tuvo que empezar de alguna manera. La selección natural no puede obrar sus milagros hasta que no se den ciertas condiciones mínimas, de las cuales la más importante es un sistema de duplicación fiable; el ADN o algo que funcione como el ADN.

El origen de la vida en nuestro planeta, es decir, el origen de la primera molécula capaz de autorreproducirse, es difícil de estudiar, pues (probablemente) sólo sucedió una vez, hace 4 mil millones de años en condiciones muy distintas de las que ahora prevalecen. Tal vez nunca lleguemos a saber cómo ocurrió. A diferencia de los sucesos evolutivos que le siguieron, debe haber sido un suceso auténticamente improbable; demasiado improbable, quizás, como para que los químicos lo reproduzcan en el laboratorio o desarrollen siquiera una teoría plausible de lo que ocurrió. Esta conclusión tan extrañamente paradójica, el que una explicación química del origen de la vida, para ser plausible, tiene que ser inverosímil, sería la conclusión correcta si la vida en el universo fuera extremadamente rara. Y de hecho nunca nos hemos topado con ningún atisbo de vida extraterrestre, ni siquiera por radio; circunstancia que dio lugar a la exclamación de Enrico Fermi: “¿Dónde están todos?”

Supongamos que el origen de la vida en un planeta tuvo lugar por un golpe de suerte sumamente improbable, tan improbable que únicamente sucede en un planeta por cada mil millones de planetas. La Fundación Nacional de Ciencia se reiría del químico que propusiera una investigación que sólo tuviera una probabilidad de éxito del uno por cien, por no hablar de uno entre mil millones. Y sin embargo, dado que hay al menos un trillón de planetas en el universo, incluso con unas probabilidades tan reducidas se llega a que hay vida en mil millones de planetas. Y uno de ellos (aquí es donde entra en juego el principio antrópico) tiene que ser la Tierra, puesto que aquí estamos.

Si partiéramos en una nave espacial para encontrar el planeta de la galaxia que alberga vida, las probabilidades en contra de hallarlo serían tan altas que en la práctica sería una tarea imposible. Pero si estamos vivos (y es patente que lo estamos si estamos a punto de embarcar en una nave espacial) no tenemos que molestarnos en buscar ese único planeta puesto que, por definición, nos encontramos en él. El principio antrópico es realmente bastante elegante. Por cierto, yo en realidad no creo que el origen de la vida fuera tan improbable. Creo que la galaxia tiene muchas islas de vida diseminadas por ahí, aunque esas islas estén demasiado apartadas unas de otras para que podamos concebir esperanzas de encontrarnos con una de ellas. A lo que quiero llegar es simplemente que, dado el número de planetas en el universo, el origen de la vida podría ser, en teoría, un golpe de suerte equivalente al de un golfista con los ojos vendados que metiera la bola en uno. La belleza del principio antrópico es que, incluso con estas pasmosas probabilidades en nuestra contra, nos da una explicación perfectamente satisfactoria de la presencia de la vida en nuestro propio planeta.

El principio antrópico se suele aplicar, no a planetas sino a universos. Los físicos han sugerido que las leyes y constantes de la física son demasiado buenas – como si el universo estuviera montado para favorecer nuestra eventual evolución. Es como si hubiera, digamos, media docena de diales que representan las principales constantes de la física. En principio, cada uno de los diales se puede ajustar a un valor determinado de una amplia gama de valores. Jugueteando al azar con estos diales, casi cualquier combinación daría lugar a un universo en el que la vida sería imposible. Algunos universos se esfumarían en el primer microsegundo. Otros no contendrían ningún elemento de mayor peso que el hidrógeno y el helio. Y en otros, la materia nunca se condensaría para formar estrellas (y se necesitan estrellas para que surjan los elementos químicos y con ellos la vida). Se puede hacer una estimación de las probabilidades, muy bajas, de que los seis diales están bien ajustados, y concluir que debe haber intervenido un sintonizador divino. Pero como ya hemos visto, esta explicación es vacua porque da por sentada la cuestión más fundamental de todas. El divino sintonizador tendría que ser, por su parte, al menos tan improbable como el ajuste de sus diales.

Una vez más, el principio antrópico brinda una solución de una elegancia abrumadora. Los físicos tiene ya razones para sospechar que nuestro universo, todo lo que vemos, es sólo un universo entre tal vez miles de millones. Algunos teóricos postulan un multiverso de espuma, en donde el universo que conocemos no es más que una burbuja. Cada burbuja tiene sus propias leyes y constantes. Las leyes de la física que nos resultan familiares son unas leyes provincianas. De todos los universos en la espuma, sólo una minoría posee lo que se necesita para generar vida. Y, con una visión antrópica a posteriori, es obvio que tenemos que encontrarnos en un miembro de esta minoría, pues aquí estamos, ¿no? Como han dicho los físicos, no es ningún accidente que veamos estrellas en el cielo, pues un universo sin estrella carecería de los elementos químicos necesarios para la vida. Es posible que existan universos en cuyos cielos no haya estrellas; pero estos universos carecen de habitantes que las echen en falta. Análogamente, no es ningún accidente que veamos una gran diversidad de especies vivas: pues un proceso evolutivo que es capaz de dar lugar a una especie que ve cosas y reflexiona sobre ellas necesariamente tiene que producir al mismo tiempo muchas otras especies. La especie reflexiva debe estar rodeada de un ecosistema, igual que debe estar rodeada de estrellas.

El principio antrópico nos permite postular una buena dosis de suerte a la hora de explicar la existencia de vida en nuestro planeta. Pero hay límites. Se nos permite un golpe de suerte para el origen de la evolución, y quizás por unos cuantos sucesos únicos más, como el origen de la célula eucariota y el origen de la conciencia. Pero con eso se acaba nuestro derecho a postular la suerte a gran escala. Insisto en que no podemos invocar grandes golpes de suerte que expliquen la ilusión de diseño que transmite cada una de las mil millones de especies de seres vivos que han poblado la Tierra. La evolución de la vida es un proceso general y continuo, que esencialmente da lugar al mismo resultado en todas las especies, aunque los detalles varíen.

A diferencia de lo que a veces se afirma, la evolución es una ciencia predictiva. Si se toma una especie hasta ahora no estudiada y se la somete a un minucioso escrutinio, cualquier evolucionista podrá predecir que cada individuo que se observe hará todo lo que esté en su poder, a la manera propia de su especie (planta, herbívoro, carnívoro, nectívoro o lo que sea) para sobrevivir y propagar el ADN que alberga. No estaremos aquí el tiempo suficiente para poner a prueba la predicción, pero podemos decir, con gran confianza, que si un cometa alcanza la Tierra y extermina los mamíferos, una nueva fauna surgirá para ocupar su lugar, igual que los mamíferos ocuparon el de los dinosaurios hace 65 millones de años. Y los roles que desempeñarán los nuevos actores en el drama de la vida serán a grandes rasgos, aunque no en los detalles, similares a los roles que desempeñaron los mamíferos y los dinosaurios antes que ellos, y antes que los dinosaurios los reptiles que se asemejaban a los mamíferos. Es de esperar que las mismas reglas se sigan en millones de especies en todo el globo, y durante cientos de millones de años. Una observación general de este tipo requiere un principio explicativo diferente del principio antrópico que explica sucesos excepcionales como el origen de la vida o el origen del universo como un golpe de suerte. Este principio totalmente diferente es la selección natural.

Nosotros explicamos nuestra existencia combinando el principio antrópico y el principio de selección natural de Darwin. Esta combinación proporciona una explicación completa y profundamente satisfactoria de todo lo que vemos y sabemos. La hipótesis divina no sólo es innecesaria. No es en absoluto parsimoniosa. No solamente no necesitamos a Dios para explicar el universo y la vida. Dios aparece en el universo como algo flagrantemente superfluo. Por supuesto, no podemos demostrar la inexistencia de Dios, como tampoco podemos demostrar la inexistencia de Thor, las hadas, los duendes y el Monstruo Espagueti Volador. Pero, al igual que ocurre con esas otras fantasías que no podemos desmentir, podemos decir que Dios es muy, muy improbable.


Primera publicación en Huffington Post, 23 de octubre de 2006.

Fuente en internet: http://www.edge.org/3rd_culture/dawkins06/dawkins06_index.html

El biólogo evolucionista Richard Dawkins es "Charles Simonyi Professor of the Public Understanding of Science" en la Universidad de Oxford. Entre sus libros se encuentran The Selfish Gene, The Blind Watchmaker y The God Delusion.

Anahí Seri es miembro de Rebelión. Esta traducción se puede reproducir libremente con fines no lucrativos, a condición de respetar su integridad y de mencionar al autor, a la traductora y la fuente. URL de esta página: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=43724. Véase asimismo en Tlaxcala: http://www.tlaxcala.es/pp.asp?reference=1792&lg=es

[ENTREVISTA]

PHILIP J. KLASS: LA VERDAD
ESTÁ FUERA… DE LOS MEDIOS
Por Alejandro Agostinelli
“Si llegara a aterrizar una nave extraterrestre honestamente buena, sería el hombre más feliz de la Tierra”. Esta confesión no sería noticia si la hiciera un ufólogo del montón. Pero, esta vez, la suelta Philip Klass, acaso el ufólogo escéptico más famoso del mundo.
La llamada “bestia negra de la ufología” responde acusaciones, habla de su romance imposible con la televisión y revela qué sucedió el día en que le tocó debatir con Joseph Allen Hynek. También expone sus motivos para afirmar por qué considera a las abducciones un “juego peligroso” y se detiene a explicar cómo maneja su relación con los ufólogos, entre quienes, curiosamente, cuenta a sus mejores amigos.

Identified (1968), Ufos Explained (1974), UFOs: The Public Deceived (1983), UFO Abductions: A Dangerous Game (1988) y Roswell: The Real crashed-Saucer Cover-Up (1997) y del libro para niños Bringing Ufos Down to Earth (1990). Klass, editor de la prestigiosa revista Aviation Week & Space Technology y del boletín Skeptic Ufo Newletter (SUN), explica que se siente “atrapado”, incapaz de abandonar sus estudios ufológicos para evitar sospechas paranoicas entre los creyentes. Klass, en la escena OVNI desde 1966, denuncia que los escépticos son censurados en programas de TV prestigiosos como The Larry King Show y revela las sabrosas aventuras que protagonizó durante su larga y polémica trayectoria, consagrada a observar a la ufología desde la vereda de enfrente.

- En los Estados Unidos, los estudiosos escépticos de OVNIs caben en el puño de una mano. ¿Por qué organizaciones como el Commitee for the Scientific Investigation for Claims of the Paranormal (CSICOP) no son populares entre los ufólogos?

- Buen inicio. Primero, Paul Kurtz, presidente del CSICOP, que no es tan viejo como yo, se la pasa diciéndome: “Pil, no eres eterno, necesitamos encontrar un reemplazo”. Yo le contesto: “Tienes razón, Paul, me encantaría encontrar un sucesor, alguien a quién confiarle la investigación de estos casos. ¡Tengo tantas otras cosas que hacer! Si vivieras en los Estados Unidos y me dijeras: “Pil, me gustaría convertirme en tu sucesor, ¿cuáles son los requisitos?”. En ese caso, te contestaría: “Primero, debes ser capaz de dedicar entre 20 y 30 horas semanales al tema. Segundo, saber que puedes invertir cientos de horas a lo largo de seis meses para investigar un avistamiento que apareció en la TV como inexplicado, ir a los productores de TV, y decirles: “Bien, aquí tengo la explicación”... y soportar que te respondan: “Gracias, pero ya no me interesa”. Déjame contar un ejemplo: hace poco fui a Boston, a dónde me invitaron para grabar una emisión del programa Misterios sin resolver. Me tomé un día entero -sin paga, claro- para discutir el caso Roswell. Le dije al productor: “Aquí tengo copias de cartas, que alguna vez fueron Top Secret, que el jefe de Inteligencia de la USAF le envió al director de la sede de Inteligencia de Wright Field, en diciembre de 1948, un año y medio después del incidente de Roswell”. La carta decía: “Debemos averiguar qué son los OVNI, porque pueden ser vehículos espías rusos”. Esto demostraba que, si habían recuperado un plato volador en Roswell en el verano del ‘47, ¡alguien se había olvidado de avisarle a la cúpula de inteligencia de la Fuerza Aérea! Está bastante claro que deberían haber sido los primeros en recibir la noticia. Debieron haberlo sabido en minutos, en horas. ¡Pero había pasado un año y medio y todavía no se habían enterado! Por eso le dije al productor del programa: “¡Muestre este documento, nunca se vio por TV!”.

Si alguien te ofreciera una historia, una importante historia, en exclusiva, tú, como periodista, deberías correr tras ella, y apurarte para que la primicia sea tuya. Sin embargo, estos documentos nunca aparecieron en aquel programa. Lo mismo me pasó con Larry King, acaso el más famoso columnista de la televisión norteamericana. Hizo en su show un especial de dos horas, una hora del cual transcurría sobre un presunto encubrimiento OVNI en el desierto de Nevada. Cuatro ufólogos pro-ovni mintieron durante una hora. Entre el doctor Carl Sagan y yo no habremos estado más de tres minutos; ni siquiera tres minutos seguidos. Esa vez le dije al productor: “Dejo la entrevista aquí. Tengo un documento secreto, se lo doy en exclusiva porque hay demasiados misterios y ninguno de ellos aparece en un programa de dos horas, y lo dejan de lado”. ¿Por qué? Pues porque hablar de ello habría sido enfrentar a la audiencia con hechos difíciles de rebatir.

Por lo tanto, si vinieras a decirme: “Quiero seguir tus pasos”, yo te diría que, después de haber invertido tanto tiempo y esfuerzo, los medios, -todos, especialmente la TV- ignorarán tu trabajo. Es más: te advierto que los creyentes te acusarán de estar rentado por el gobierno. Y aquí estoy: tengo 78 años de edad [en 2003 está por cumplir 84 años], manejo un pequeño auto que no cambio desde hace 15 años, tengo un velerito que compré hace 25, y debo seguir trabajando. Si alguien me dijera: “Phil, no estoy de acuerdo con tu idea sobre los OVNIs”. ¡Muy bien! Está en su derecho. Pero si, en cambio, me dijera: “Phil, la única razón por la que haces esto es porque te paga el gobierno”, yo le respondería: “Ojalá!”. A mi edad yo no tendría que seguir trabajando para Aviation Week... En suma, si quieres convertirte en un investigador escéptico, serás acusado de ser agente del gobierno y no podrás difundir tu trabajo. Por otra parte, si te vas al otro lado, te van a entrevistar en la televisión, vas a aparecer en las revistas e incluso puedes escribir un libro y volverte rico y famoso. ¡Tú eliges!

- ¿Y por qué trabaja con tanto empeño? O debería decir... ¿obstinación?

- Déjame explorar la cuestión... (suspira) Bien: No puedo escapar. ¡Estoy atrapado como un animal salvaje! En el verano de 1986 me retiré oficialmente de Aviation Week. Ya en 1966 esperaba salir de la revista para ser escritor free-lance. Pero los editores insistieron en que siguiera escribiendo en ella y me ofrecieron un muy buen contrato que me permitía seguir trabajando desde mi casa. Mi primera misión fue un informe especial sobre cómo confundir a los radares. Ese número iba a salir en febrero, y nunca había ocupado de guerra electrónica. Quería que fuera un muy buen artículo y trabajé en el tema siete días a la semana. La fecha de entrega se venía acercando. Un día de esos estaba mirando la tele cuando apareció un informe sobre un piloto comercial japonés que había visto un OVNI. Mi esposa estaba ahí y ... ¡no sé cómo pude usar ese lenguaje! Eso significaba que iba a empezar a sonar el teléfono, que los periodistas iban a pedirme una explicación. Bueno, usted sabe cuánto trabajo tenía. Les podía decir, honestamente: “Lo siento, estoy demasiado ocupado para investigar esto, esperen un par de meses”. Pero, claro, ellos me iban a contestar: “Phil, usted dice esto porque no encuentra ninguna explicación”. Así, a pesar de todo mi trabajo, tuve que poner manos a la obra. Primero llamé a la Administración Federal de Aviación y pedí una transcripción de la cinta, porque, según recuerdo, el incidente había ocurrido en noviembre y el piloto no había hablado del caso hasta enero. Hacía falta saber qué había dicho el piloto al centro de control de tráfico y qué le habían contestado. No me sorprendió encontrar que aquel relato era significativamente distinto al que el piloto acababa de contar. Descubrí que el piloto estaba muy interesado en los OVNIs, e incluso que con anterioridad había informado de otros avistamientos... Por eso digo ¡estoy atrapado!

Le quiero decir algo más: si yo anunciara que, después de 30 años de investigación, decido alejarme del tema OVNI, saldrán a denunciar que descubrí alguna información secreta. Lo que le voy a contar ahora le va a sorprender, pero es cierto: yo no sé si tengo cinco o seis años más de vida. Pero, a mi edad, si llegara a aterrizar aquí mismo un plato volador, sería el momento más feliz de mi vida. No tendría mucho que perder, al contrario: pondría la CNN para ver cómo aterrizan sobre el césped de la Casa Blanca y, al ver cómo salen las criaturas de la nave, debería admitir mi equivocación y me encargaría de devolver el dinero a los pocos suscriptores de mi boletín, el Skeptical UFO Newsletter. Dejaría de publicar el SUN, mi teléfono dejaría de sonar, usted no me pediría esta entrevista y yo tendría un montón de tiempo libre, sin preocupaciones de ninguna clase. Dormiría con mi mujer por una semana y podría comenzar a disfrutar de la vida. Todo esto pasaría si yo hubiese estado equivocado, si tuviese que admitir: me equivoqué sobre los OVNIs, algunos de ellos son extraterrestres. Y agregaría: en la vida también me equivoqué muchas veces... Después de todo, no parece tan malo (sonríe). Por eso, a mi edad, si aterrizara una nave extraterrestre honestamente buena, sería el hombre más feliz de la Tierra.

- ¿Le resulta difícil admitir que un caso puede no tener explicación? ¿Es que tiene explicación para todos?

- Déjeme responderle con un ejemplo. Hace veinte años, recibí una carta de un viejo piloto de la Fuerza Aérea que daba clases en un pequeño colegio del sur de Wisconsin. Allí describía haber visto una luz misteriosa en el cielo. Y, como era un hombre con experiencia técnica, y no un loco, le comenté que, a partir de su descripción, podía tratarse de un globo meteorológico. Había permanecido ahí durante algún tiempo, era como una débil luz que se movía de un lado a otro, etcétera. Pero después de hacer varias consultas, comprobé que en la zona no habían lanzado ningún globo científico en ese momento. El propio testigo me ayudó a revisar los datos. Finalmente, le dije: “Vea, no hemos podido descubrir qué vio exactamente; sólo queda que haya sido un globo casero, hecho con bolsas finas de plástico y velas para iluminarlo.

- Aunque fuera una posibilidad entre otras....

- Por eso le dije: “Si usted quiere tomarse tres meses de trabajo y golpear en cada puerta del sur de Wisconsin y preguntar a cada vecino: ‘Señor, ¿tiene usted un hijo adolescente que hace alrededor de nueve meses pudo soltar un globo de tales y cuáles características?’”. También le dije que, aún si su padre supiera que el chico pudo hacer algo por el estilo, podía pensar que había ido contra la ley y encubrirlo. Por eso, incluso si nos tomamos tres meses y tocamos cada puerta, no íbamos a estar seguros... Por fin, el piloto me contestó: “Señor Klass, ahora que lo pienso, debe haber sido un globo de alguna clase y estoy conforme con su explicación”. Por lo tanto, éste es un caso inexplicado. Pero no inexplicable: pudo haber sido un globo. La carga de la prueba, entonces, recae sobre quienes afirman que hay naves inusuales en nuestros cielos, no sobre mí. No soy yo quien debe encontrar una explicación terrena a todos los casos: la carga debe recaer en quienes afirman que se trata de naves extraordinarias; ellos deberían probar que no se trata de algo prosaico.

- ¿Hay garantías de que, al menos, un pequeño número de las decenas de miles de casos OVNI, podría evidenciar una anomalía desconocida?

- Buena pregunta. Incluso los creyentes admiten: “Ok, el 90 por ciento de los casos tiene explicaciones prosaicas. Sólo un pequeño porcentaje, dicen, son verdaderamente anómalos. Yo les contesto: “Ok, dénme una lista de esos casos”. Pero si usted le pregunta a diez ufólogos distintos, ninguno le va a dar una lista de los mismos diez casos OVNI. Usted le va a dar la lista del experto número 1 a otro y él dirá: “No, Gulf Breze es un fraude, Roswell otro fraude... Yo creo en el caso de Trans-en-Provence”. Usted le devolverá la lista al experto número 1 y él dirá: “Oh, no, el caso Trans es un fraude”. Así, usted no hallará puntos de acuerdo sobre cuáles son esos casos realmente inexplicables.

Esto mismo lo dije en 1984. ¿Usted sabe quién era Joseph Allen Hynek? Bien, ese año, el CSICOP celebró una conferencia sobre temas paranormales en Palo Alto, California. Y, como siempre, invitamos a hablar a varios simpatizantes de lo paranormal. Esa ocasión fue invitado el doctor Hynek. En su discurso, dijo: “Por 35 años hemos estado recolectando casos y hasta ahora no hemos convencido a la comunidad científica de que exista algo realmente extraño. Por eso, debemos cambiar de mentalidad. En efecto (cito de memoria), en otros 40 años, aunque hayamos recogido otros 10 mil casos, no convenceremos a los científicos. Hay que hacer algo diferente”.

A mí me tocó hablar después. Y le dije que estaba de acuerdo, que si bien estábamos en desacuerdo en ciertos temas, yo también pensaba que había que hacer algo nuevo para involucrar a la comunidad científica. Y le sugerí lo siguiente: que él, el doctor Jacques Vallée y otros se juntaran y vinieran con tres, cuatro o cinco casos ovni que hubieran sido investigados tan completamente, tan cuidadosamente, que podamos estar seguro de que no hay ninguna explicación convencional. Llegados a esa instancia, vienen a Washington, golpean la puerta de la Academia Nacional de Ciencias, que es el cuerpo científico más prestigioso, y dicen: “Aquí están los tres, cuatro o cinco casos mejor investigados. Estamos completamente seguros de que no tienen explicación terrena. Los desafiamos a crear un panel para investigar estos mismos casos. Y el panel, después de un año, volverá y dirá (supongamos que los casos hayan sido cinco): “Bueno, no estamos de acuerdo con el caso número 1, pues pudo haber sido un globo meteorológico; tampoco estamos de acuerdo sobre los casos 2, 3, y 4. Pero sí parece haber un caso que carece de explicaciones triviales. Si la Academia confirma que hay por lo menos un caso que no puede ser explicado, entonces el mundo de la ciencia irá a golpear la puerta de sus casas para decirles: “¡Tenemos que investigar a los OVNIs!”. Yo terminé mi conferencia diciendo: “Ahora, doctor Hynek, sé que hay algo nuevo. Esa es una idea nueva. No espero que salte y diga: “¡Ok, vamos a hacerlo!”. Pero me gustaría que dijera: “Lo pensaré”. Bueno, terminamos, nos fuimos a almorzar a la cantina de los estudiantes, creo que era en la Universidad de Stanford. Hynek se sentó en otra mesa con un periodista de un diario de San José. No sé qué le dijo Hynek, pero en mis archivos tengo el recorte del artículo donde el cronista le pregunta: “Doctor Hynek, ¿qué piensa de la sugerencia de Philip Klass?”. Y en el artículo se citaba a Hynek diciendo: “No conozco un solo caso que estuviéramos dispuestos a someter a la Academia Nacional de Ciencias”. Yo no estaba en la mesa, no sé si dijo eso realmente, pero es lo que el periodista escribió. Hynek vivió dos años más. Por lo tanto, pudo haberlo hecho. Bueno, lo cierto es que Hynek falleció. Pero yo les digo a los líderes de los grupos ufológicos que vengan con dos, tres o cuatro casos, no con mil o 10 mil. Y la única restricción que pondría es que fueran casos ocurridos en los Estados Unidos. Yo no trataría de investigar el caso de [Antonio] Vilas Boas, que ocurrió en Brasil hace 40 años.

- ¿Y el caso de Lonnie Zamora, en Socorro?

- Ok, el caso Socorro... (revolea los ojos como si le hubieran formulado la misma pregunta miles de veces). Ya iremos a ese punto. La segunda restricción sería de índole práctica; yo no la impondría, pero puede ser útil. Habría que evitar los informes de los años ‘40 y ‘50. Tendríamos que ir atrás a investigar cosas muy viejas. Hay casos OVNI de hoy, de ayer, de la semana pasada y por lo tanto sugiero -ya que, cualquiera sea el fenómeno, sigue ocurriendo-, no hay necesidad de retroceder a estudiar casos ocurridos hace 40 años, donde la memoria del testigo pudo haber envejecido o pudo haber muerto. Para mí, éste es un desafío. Quienes sostienen que hay un 1 por ciento de casos inexplicados deberían buscar un consenso sobre qué casos están hablando.

- Le preguntaba por el caso Socorro porque alguna vez sugirió que pudo tratarse de un fraude armado por la Cámara de Comercio...

- Déjeme explicarle. Cuando escribí mi primer libro, era nuevo en el oficio y le tenía miedo a los juicios. Creía que era un fraude, pero temía que al decir “es un fraude”, involucrando al alcalde, éste me iba a iniciar una demanda. Dejé la cuestión abierta a que pudiera ser un fenómeno eléctrico, un plasma. En mi segundo libro lo llamé fraude. Lo más interesante es que el ex alcalde nunca me escribió para decir: “Señor Klass, usted me ha acusado falsamente de un fraude, yo soy inocente”. Nunca lo dijo. No lo sé, pero si, en un libro, alguien me acusara de mentir, yo le escribiría.

- Pero, ¿tenía usted pruebas para hacer esa acusación?

- ¿Cómo probarlo? Muy pocos creadores de fraudes fueron desenmascarados. Hay excepciones, claro. Por ejemplo, cuando recién me empezaba a interesar en el tema OVNI aparecieron unas fotos tomadas por un marino inglés. La historia tuvo mucha publicidad en los años ‘50. Pero recién en 1965, el fotógrafo admitió haber construido unos modelos de madera balsa, a los que colgó de un árbol. Cuando le preguntaron por qué lo había hecho, él contestó: “Yo no dije que fuera un OVNI. Yo tomé la foto, la llevé a un diario y pregunté: ‘¿Qué fotografié? ¿Qué es esto?’. Ellos dijeron: ‘¡Es un OVNI, es un plato volador!’” (Se ríe). Es claro que aquel fotógrafo tuvo toda la intención de montar un fraude...

El punto es que no hay ninguna ley contra un informe falso sobre OVNIs, al menos en los Estados Unidos. Ninguna ley castiga falsificar la foto de un plato volador. Y creo que debería haberla. Me gustaría que la hubiera (sonríe) ... Haría mi vida más fácil, se lo aseguro.

- ¿Y qué porcentaje piensa que representan los fraudes?

- Creo que son una minoría. Diría que la mayor parte de los informes son honestos. La mayoría de ellos provienen de gente honesta que vio algo que no pudo identificar. Y no sabe cómo manejarlo, cómo investigarlo. En mi opinión, el número de historias falsas se ha incrementado, en gran medida, en los años recientes. Las historias sobre abducciones... Déjeme ilustrar esto: si yo quisiera hacer un informe falso según el cual vi un ovni sobre Washington a las 2:15 de la tarde, los periodistas dirían: “Bueno, si esa nave gigantesca hubiera estado volando a plena luz del día, ¿por qué nadie más la vio?”. Por eso yo elegiría cuidadosamente el escenario. Diría que la ví a la medianoche, en la oscuridad. Pero aún así, si digo que brillaba y era gigante, los medios me preguntarían: “Bueno, ¿por qué no tenemos ninguna otra denuncia? Resultaría sospechoso. Pero ahora, con las abducciones, “ellos” se meten en nuestra habitación en mitad de la noche… “Mi esposa estaba a mi lado durmiendo”, dirá. Naturalmente, el investigador preguntará si ella también vio algo. “¡No! ¡Lanzaron un hechizo sobre ella, la durmieron y borraron su memoria!”. Así, ahora, puedo inventarme las historias que se me ocurran…

- ¿Cuál es la intención de quienes falsifican abducciones? ¿Qué buscan?

- Si un un perfecto extraño viniese a preguntarme cómo puede hacerse famoso, salir en la TV y hacer mucho dinero, porque lo único que sabe hacer es cavar zanjas, le contestaría que se compre un libro de abducciones, que lo lea y cuente una historia similar, aunque un poquito diferente. Si su abducción es igual a la que contó el invitado de la semana pasada, no va a triunfar en la TV.

- ¿Whitley Strieber, autor de Communion, es un ejemplo de esto?

- En fín, en este caso tengo que cuidar mucho mi lenguaje. En Communion, el mismo Strieber menciona que en 1986 estaba yendo a un psiquiatra, el doctor Donald Klein, quien le dijo que tal vez él sufriera un trastorno llamado Epilepsia del Lóbulo Temporal. Ahora bien, si yo sufro esta enfermedad, puede atacarme hoy y mañana, cuando voy a tener las alucinaciones más locas y voy a creer que están ocurriendo realmente. Puedo creer que alguien me está cortando la cabeza y me parecerá muy real. Pero en dos semanas, cuando la situación se aclare, yo me daré cuenta de que sólo era una alucinación. Por eso, el doctor Klein, le dijo: “A partir de sus historias y de mi análisis, tal vez usted esté sufriendo de epilepsia del lóbulo temporal, pero esto va y viene, no es como una pierna rota”. Si yo tuviera una pierna rota, usted podría examinarla y comprobar qué sucedió. Por eso, Strieber se sometió a varios test y el último diagnóstico que he visto del doctor Klein, hace varios años, no probó ni que él sufriera esa epilesia ni lo contrario. Esta fue la declaración que le dio a Ed Conroy, amigo de Strieber y autor de un libro. Como Conroy era su amigo, él autorizó a Klein que le diera el informe. Por eso, en mi opinión, el primer libro de Strieber no es un fraude, no contaba intencionalmente una historia falsa. Desde entonces, en sus libros más recientes, no sé si encontró un filón. Hizo más de un millón de dólares con el primero. En este punto, no sé si él no está embelleciendo, si no está llenando de detalles para hacer a la historia más novelesca. Lo interesante del fenómeno de las abducciones es que, si fuera cierto que los ET están secuestrando humanos para llevarse sus óvulos y esperma para crear híbridos, sólo debería haber atletas olímpicos contando haber sido abducidos. En general se trata de personas muy comunes. Tampoco son Carl Sagan o Albert Einstein. ¿Sabe qué quiero decir? No tienen un cerebro grandioso. Usted los ve y son gordos, las mujeres no son particularmente atractivas. Si yo fuese alguien que cava zanjas o hace un trabajo rutinario y nunca esperase salir en televisión o ser mencionado en una revista, podría volverme famoso y podría volverme, incluso, un profeta. ¿Sabe qué es un profeta? Como Moisés cuando dice: “Yo fuí al desierto...”

- La abducción es casi un fenómeno religioso...

- Sí. Le debo decir que no soy una persona muy religiosa, pero hace 2.000 años la gente decía: “Fuí al desierto y Dios me habló. Y me dijo: ‘No matarás, no harás aquello...’” por entonces alguna gente afirmaba, como sucede hoy mismo, haber hablado con Dios. Pero hoy la moda es decir: “Yo fuí abducido por estos sabios extraterrestres y me dieron su gran sabiduría: no hagan la guerra nuclear -me dijeron-, es malo para el planeta...”

- ¿La hipnoterapia para abducidos es más peligrosa que ir a un psicoanalista?

- Oh, sí... Si usted viniera y me dijera: “Señor Klass, ví un ovni la otra noche, hizo esto, hizo aquello, creo que era una nave extraterrestre...” Yo le diría que si al creer haber visto una nave lo hace sentir bien, ¡está bien ¡Creer en eso no le va a hacer ningún daño!

- Los psicoanalistas creen en el inconciente... cuya existencia es tan discutible como la de los extraterrestres...

- Pensar que los OVNIs pueden ser naves espaciales de otros mundos, es una creencia que no lo va a torturar a usted, ni a sus hijos ni a su familia. Ahora bien, si usted se involucra en el culto de las abducciones ufológicas, eso arruinará su vida personal, y dejará cicatrices en su vida familiar. No, no es peligroso creer que la luz que revolotea ahí afuera viene de otro mundo. Pero si lees libros y ves programas de TV donde dicen que los extraterrestres están secuestrando gente de sus habitaciones y que no puedes hacer nada para evitarlo, que volverán y te llevarán la próxima semana, el próximo mes, o el próximo año, y que van a secuestrar a tus hijos, y a tus nietos, porque quieren tu esperma... sí lo es.

- ¿Es un sistema de creencias paranoico?

- Sí, y ésto es peligroso (se entusiasma). Usted no puede escapar. Hace unos diez años, en Inglaterra, una mujer mató a puñaladas a sus dos nietitas para evitar que fueran secuestradas por extraterrestres. A mí me llamó un psicoterapeuta de Carolina del Norte que tenía una paciente algo especial. El médico que se la había derivado descubrió un bulto anormal en la base de su cerebro y le indicó que aquél debía ser removido. Pero la paciente había leído un libro de abducciones ufológicas y decidió que había sido abducida, que los extraterrestres le habían puesto un implante y que allí se debía quedar hasta que los ET se lo quisieran sacar. Por eso, su médico, la mandó al psicoterapeuta, que compró mi libro y se lo hizo leer a la paciente. El psicólogo me llamó para preguntarme si yo estaba dispuesto a hablar con esta mujer en caso de que ella tuviera alguna pregunta para hacerme y le contesté que sí, que por supuesto. El psicólogo le cobraba entre 50 y 100 dólares la hora y yo no esperaba paga alguna, aclaro. Un par de semanas después él me avisaría. Me contó que ella era divorciada, que tenía un hijo pequeño que leyó libros a favor de las abducciones. El le decía cosas tales como: “Mamá, quiero salir esta noche, ¿me secuestrarán?” El psicólogo me dijo: “No solo estoy preocupado por la base de su cerebro sino por un niño pequeño que está creciendo con miedo a la oscuridad, con miedo a dormir en su propia habitación, pensando que ahora le llega su turno...” Finalmente, recibo un llamado de esta chica. Yo esperaba que me iba a decir: “Señor Klass, yo no estoy de acuerdo en todo, pero al menos me dio la opción, me abrió los ojos de que tal vez debería sacarme esto, así mi hijo y yo podemos vivir una vida normal, sin miedos...” En lugar de eso, estaba muy enojada. ¿Cómo podía yo cuestionar que había sido seleccionada entre millones de personas por extraterrestres que la eligieron por sus óvulos? Ella se sentía superior. Al cabo de unos minutos, le dije: “En este país usted es libre de creer lo que quiera, y ésto es lo que usted eligió creer”. Así terminó nuestra conversación. Nunca volví a oir sobre ella. No sé si su excrecencia anormal sigue ahí. Sólo quiero destacar este concepto: si usted quiere creer en OVNIS, no hay riesgo alguno; pero si quiere creer que los alienígenas entran a su habitación y dejan embarazada a su hija adolescente, eso ya es peligroso.

- Hay una idea, bastante popular entre los escépticos, que propuso el periodista H L Mencken, según la cual una carcajada vale más de mil silogismos. ¿Cómo cree preferible combatir ciertas creencias? ¿ridiculizándolas o educando al público?

- Bueno, en mi opinión, no hay una sola respuesta. Yo considero cada caso, cada oportunidad por separado. Aunque usted hubiera sido un creyente de la línea dura, si quiere encontrarse conmigo, conversar e intercambiar ideas, si tengo tiempo, puedo hacerlo. Yo creo en el discurso inteligente. Si tengo tiempo, no me preocupa si mi interlocutor es creyente o escéptico. Le diré que hoy algunos de mis mejores amigos son creyentes en general, quizá escépticos con respecto a Roswell, pero tal vez no respecto a Gulf Breze, y así. Yo no les pido que digan: “No creo en ningún informe de ovni”. No, eso sería ridículo. Ellos son libres. Todo lo que les pido es honestidad. Ahora, por ejemplo, si usted fuera un creyente en los ovnis y yo le dijera: “He oído que tiene una copia de una carta de John Johnes donde admite que su foto es un fraude”. Si usted me llegara a contestar: “Phil, yo tengo esa carta, pero hice el juramento de no entregar ninguna copia”, Ok. Ahora bien, si usted me dice que no la tiene y resulta que me mintió, eso para mí es el peor pecado, y no me resultará fácil perdonarlo. Todo lo que pido es franqueza, y no me quejo de nada fuera de eso. Creo que la TV es muy parcial. Está muy sesgada y eso no me preocupa tanto por los ovnis sino por cuestiones más delicadas como, por ejemplo, la energía nuclear. Cuando veo que en la TV mi opinión sobre los ovnis aparece sesgada por un tratamiento parcial, me pregunto si no harán lo mismo con cuestiones más importantes.

- El ufólogo neoyorquino Antonio Hunneus me comentó que usted prefiere creer que Strieber fue abducido de verdad antes que en el Black Mantha o en otra nave del gobierno...

- Yo creo que el gobierno está desarrollando nuevas aeronaves experimentales aparte del Bombardero B-2, el caza F-117. Pero son proyectos encubiertos. Este cover-up se puede montar cuando sólo hay uno o dos prototipos construidos. Y solamente se los hace volar en Nevada y durante la noche. Pero si se fabrican grandes cantidades de aeronaves y se tienen que hacer volar sobre Chicago, Cleveland o los Angeles, entonces resulta muy difìcil mantener el secreto. De hecho, el F-117 empezó a realizar sus vuelos de prueba alrededor de 1978. En diez se derrumbarías todo el encubrimiento, el secreto sería difícil de mantener y no tendría ningún valor haber guardado un avión nuevo y maravilloso. Si no se lo puede usar en Bosnia, si no se lo puede usar en el Golfo Pérsico, no sirve. Se supone que lo guardan en Nevada porque no quieren que nadie se entere. ¿Dónde estaría la gracia? Por eso, en mi opinión, allí puede haber dos o tres aeronaves experimentales, únicas en su tipo. Pero cuando la gente dice: “Sí, lo ví volando sobre Chicago, Londres...” Mmmm...

[Addenda]

HOMENAJE AL 'SHERLOCK HOLMES DE LA UFOLOGÍA'

Según anotó el periodista español Luis Alfonso Gámez el 16 de julio de 2003 en su blog Magonia, en su edición del 14 de julio la revista Aviation Week & Space Technology se hizo eco del homenaje que le rindió a Klass esa publicación, a la que dedicó 51 años. “Ya octogenario recibió premios por su profesionalidad y capacidad de trabajo en equipo”, le comentó a Gámez el periodista James E. Oberg, ex ingeniero de la NASA y divulgador científico. En la misma edición de Magonia, Gámez informa que el número 76 del Skeptics Ufo Newsletter, el boletín bimestral que PhilipKlass edita desde hace décadas, sería también el último. El estado de salud de Klass, cofundador en 1976 del Comite para la Investigación Científica de las Afirmaciones de lo Paranormal (CSICOP) y presidente del subcomité OVNI de esa entidad- no le permitiría seguir al frente de la publicación. “Estoy cerca de los 84 años” -escribió- “y eso me ha obligado a tomar una difícil decisión”. Escribe Gámez: “No habrá más Skeptics Ufo Newsletter, pero el legado del investigador está al alcance de cualquiera en sus libros e innumerables artículos, y en los archivos de Klass que el CSICOP empezó a colgar hace tiempo en Internet.”

ENLACES EXTERNOS:
Commitee for the Scientific Investigation for Claims of the Paranormal (CSICOP)
Magonia

Skeptics Ufo Newsletter